Wednesday, January 26, 2005

Cambio de sexo

Vengo camino de casa en el autobús leyéndome mi libro de Barea (The forging of a rebel, que está muy bien - todo hay que decirlo) cuando un payaso me toca la bufanda y se pone a preguntarme y decirme que dónde voy tan sola, con lo bonito que es mi cabello que pena que lo lleve corto, que pena esta cara de tristeza que tengo, que pena no tener un hombro donde llorar como el suyo… La madre que lo parió a él y la madre que me parió a mí ¿por qué me tienen que tocar todos los locos? ¡Jesús, María y José! ¡Qué jartón tengo!

Como no le hacía ni puto caso, se pone el tío a decirme en inglés que soy un pedazo de zorra y luego chapurrea en inglés y español que tengo que ser lesbiana porque no es normal que me interese más leer un libro que hablar con él. Yo ignora que te ignora, leyéndome mi libro y el gilipollas a grito pelado pidiéndole al conductor que me sacase (¡a mí!) del bus porque no quería hacerle ni puto caso. En esto que se meten dos marujas americanas a defenderme y una se lía a darme cháchara cuando el tío se baja: quédese usted tranquila señora que tengo el móvil en la mochila y no tengo problema en llamar a la policía si alguno se pone más gilipollas de la cuenta. Pero déjeme usted en paz que parece la vieja de la tienda de zapatos de No me pises que llevo chanclas ¡joooooooder! ¡coño ya!

Y llego a casa y tengo un email de un drama king que me tiene frita. ¡Qué pesao! Pasckie, tío, ¡vete por ahí y tírate por un acantilao! Déjame en paz. Que me importa una mierda si te vas a Las Vegas o a San Francisco, que estoy harta de ti, que pa’dos “poemas” que cagas al año podías ahorrarte el esfuerzo, que eres un viva la vida y vives de las mujeres, ¡que me olvides tío! ¡Que me olvides!

¡Renuncio! Me voy a cambiar de sexo a ver si así dejan de acosarme los gilipollas estos.

Tuesday, January 25, 2005

Libros chilenos que quiero

Si alguna chilena o chileno con poderío me está leyendo, aqui va una lista de libros que me gustaría leer y no puedo bien porque no los encuentre en las librerías especializadas de Manhattan o Queens bien porque no tenga dinero para pedírmelos a través de internet:

  1. Los amantes de Estocolmo de Roberto Ampuero
  2. Lugares comunes de Andres Velasco
  3. Herencia de Fuego de Juanita Gallardo
  4. Tango del viudo de Cristian Barros
  5. Más allá del miedo. El largo adiós a Pinochet de Ariel Dorfman
  6. Narrativa Completa de Adolfo Couve
  7. Corazón disléxico de Luis Emilio Guzmán
  8. Happy Hour de Claudia Aldana
  9. Zanjón de la Aguada de Pedro Lemebel
  10. Equipaje de mano de Juan Pablo Meneses

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La pesadilla americana

Bush ha aprovechado la paranoia post 11 de septiembre para meterse en una guerra y apoyar a los americanos que quieren un país libre de inmigrantes. Presenta una propuesta de ley donde a los inmigrantes se les va a dar un permiso de trabajo de tres años renovable por otros tres años y se queda el tío tan pancho. Después de esos 6 años al inmigrante, del que se saben todos los datos (donde vive, trabaja, etc), se le pide amablemente que deje el país o se le deporta. Seis años para trabajar, cotizar a la seguridad social, levantar la economía del país no solo pagando impuestos sino también con cada compra y después si te he visto no me acuerdo.

En Lyndhurst, Nueva Jersey detuvieron hace tiempo a un periodista y la noticia es explotada ahora por una cadena hispana. Lo que empezó con una “simple” infracción de trafico paso a mayores porque al meter sus datos en el sistema informático del Departamento de Vehículos y Motores al policía de turno le salió que el periodista tenia la visa vencida y además era un individuo peligroso. Lo llevaron un centro de detención, lo interrogaron, lo desnudaron, lo volvieron a interrogar y, me temo, solo cuando se dieron cuenta de que era un periodista, los agentes de policía y el servicio de inmigración se dieron cuenta de que habían metido la pata hasta el fondo y se disculparon.

Entrecomillaba “simple” porque parece ser que no hubo tal infracción. Desde que estoy en América me han llegado por un modo u otro noticias sobre lo racistas que son en New Jersey. Si la policía se presta a detener a los ilegales que buscan trabajo en descampados en diferentes pueblos, no me extraña que los policías de trafico también se presten al juego de perseguir a todo lo que tenga un colorcito sospechoso.

No sé si en New York van a hacer lo mismo. Aquí es donde empieza la pesadilla, vamos, la mía. Con un presidente que va de Rambo y todo lo que se escucha estos días en la televisión ¿cómo puede una vivir tranquila? Trabajo, pago mis impuestos, compro, como, pienso y vivo en americano ¿por qué no puedo quedarme? ¿por qué tengo que vivir con miedo? ¿por qué tengo que vivir pensando que el día menos pensado me pillan, me detienen y me deportan como si en estos años me hubiese dedicado a descuartizar críos?

Con todo lo que trabajo en este país, que me saco la mierda trabajando en el banco para romper barreras y tirar abajo estereotipos machistas y racistas, ¿por qué tengo que vivir con miedo? ¿por qué no se puede reconocer de verdad el trabajo de los inmigrantes ilegales? ¿por qué no pueden sacar una ley mas humanitaria? Y, sobre todo, ¿por qué no pueden sacar alguna ley de la que nos beneficiemos los europeos que venimos de países mas o menos desarrollados? Coño, que encima con cada ley o propuesta de ley que sacan siento que me excluyen un poco más porque no entro en ningún caso, que todo es para los mexicanos o ecuatorianos u hondureños pero para los españoles na’de’na’ y con Zapatero menos.

En estos años he formado un círculo de amigos y considero a mis compañeros casi como una segunda familia ¿por qué además de mi situación legal tengo que vivir preocupada de la vergüenza que sentiré el día que me detengan? ¿cómo explicar a un americano que “su María” es una inmigrante ilegal? ¿una de esas inmigrantes que contratan para limpiar casas, a las que gritan porque creen que son retrasadas mentales al no saber hablar inglés?

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Monday, January 10, 2005

En la mesilla de noche...

  1. El mapa de América de Pablo Garcia Casado
  2. Amazonas de la vanguardia de John Bowlt y Matthew Drut (eds)

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Sunday, January 09, 2005

La paja en el ojo ajeno...

Hablando con Arantza sobre la guerra en Irak le decía que es una hipocresía que las feministas americanas se lleven las manos a la cabeza por cómo tienen a las mujeres en los países islámicos si hay zonas de América donde están peor. Le ponía el ejemplo de Tom Green en Utah, un hombre que tiene una familia numerosa, dirige su propia revista independiente, recibe fondos del gobierno para mantener a sus hijos... un hombre normal y corriente al que solo lo hace especial estar casado con cinco mujeres, tener treinta y dos hijos y ser la cabeza visible de un movimiento que lucha por hacer que la poligamia sea bien vista y por fin se legalice en algunos estados.

Hasta aquí todo normal porque cada cual puede tener las ideas que quiera, sobre todo en América donde, por muy tonto que seas, te dejan que digas lo que quieras y hasta te dan tu propio programa de televisión (a no ser que vayas en contra del Gobierno, pero eso pasa en todos los países). La forma de cogerlo levantó polémica. Tom Green estaba en un programa de televisión defendiendo sus ideas, al lado tenia al fiscal del estado y, claro, el fiscal del estado no podía dejar que Green contase alegremente que estaba casado con cinco mujeres porque es algo que va contra la ley de ese estado. Si Tom Green hubiese contado como fabrica bombas o trafica con armas o con drogas se le habría perseguido de la misma forma. Porque no se le persigue por estar casado con varias mujeres (no se le perseguiría por traficar con drogas o armas o fabricar bombas), sino por ser tonto y contarlo en la televisión con un fiscal general al lado. Fiscal general que ha cenado varias veces en casa de Tom Green y sus esposas.

Cuando fueron a por él se dieron cuenta de que estaba casado sólo con una mujer. Con las demás (algunas hermanas o primas entre sí) se había ido casando y divorciando sucesivamente así que no podían acusarlo de poligamia propiamente dicha. Con todo el revuelo que se había organizado en la prensa, se hizo una investigación más exhaustiva, se descubrió que había falsificado la partida de nacimiento de una de sus ex-esposas, se le acusó de violación de menores, estafa a la seguridad social y no sé que más cosas.

Es cierto que una de sus mujeres tuvo un hijo con trece años, luego se tuvo que casar con ella cuando tenía doce años (si no antes). Y eso es violación de menores. Por mucho que sean sus creencias, por mucho que sea una forma de ver la vida y nadie tenga derecho a decirle a nadie como vivir su vida, por mucho que Tom Green, sus cinco mujeres y treinta y dos hijos fuesen felices, una niña con once, doce o trece años no puede casarse con un hombre de treinta y siete y ponerse a parir chiquillos. Si eso no lo ve la niña ni lo ven los padres de la niña porque están en el mismo rollo mormónico -poligámico (que esa es otra porque los mormones hace cien años que declararon la poligamia ilegal, pero hay gente que sigue aferrándose a la religión para justificar cualquier cosa), el gobierno sí tiene que meterse y defender a la menor.

Yo pensaba que las feministas americanas se llevaban las manos a la cabeza y me quedo flipada al leer un artículo, “Polygamy. The Ultimate Feminist Lifestyle”, escrito por Elizabeth Joseph, una mujer casada con un hombre que está casado con otras cinco o seis mujeres. El artículo no tiene desperdicio. Según Joseph, la poligamia es un estilo de vida enriquecedor que da poder a la mujer. La poligamia le da la oportunidad de desarrollar todo su potencial sin tener que preocuparse de las obligaciones y compromisos que se dan en una relación monógama. Eso para ella es una ventaja como también es una ventaja que las mujeres de su familia sean amigas entre ellas y compartan años de experiencia. Joseph defiende su matrimonio porque, al estar casado su marido con otras cinco mujeres, ella: (1) no tiene que estresarse porque sabe que si un día llega tarde a casa alguien acostará a sus hijos a su hora y alguien le dará la cena a su marido, (2) como su marido tiene tantas mujeres ha aprendido a escuchar y es mucho más sensible/atento que un hombre casado con una sola mujer, (3) si tiene un día duro en el trabajo puede estar sola al llegar a casa sin sentirse culpable por desatender casa, marido e hijos.

Para mí, la poligamia es otra construcción falocentrista hecha a medida del hombre, por y para el placer del hombre. Cuando habla de no tener que preocuparse de las obligaciones y compromisos que se dan en una relación monógama, yo le preguntaría a Elizabeth Jones sobre lo que piensa su marido de sus amantes. Y me refiero a los de ella ¿o es que el único que no es monógamo es él? Busco información en libros e internet y me da la impresión de que no existe (al menos no se ha documentado) una mujer casada con varios hombres.

En el caso de Elizabeth Jones y las cinco esposas de su marido, parece que fue una elección libre por lo que las respeto y aplaudo especialmente el coraje de Elizabeth que se pone en el punto de mira de locas como yo que pensamos que ella está más loca que nosotras. Cada cual que haga con su coño lo que le dé la gana. Y no te voy a mentir: aquí donde me tienes seria la mujer más feliz del mundo casada con cuatro o cinco hombres. Que cocinasen ellos, que limpiasen la mierda que dejo a mi paso ellos, que criasen a los hijos ellos, que fuesen amigos y se enriqueciesen con sus veinte años de experiencias comunes, que me tuviesen bien follada, que se aguantasen las neuras entre ellos y me dejasen tranquila para escribir a gusto… eso sí que sería vida. Eso sí que sería un avance feminista.

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Escribir bajo seudónimo

Hay escritoras norteamericanas como Jayne Ann Krentz que utilizan diferentes nombres y me llama la atención que no lo hacen para cultivar diferentes géneros. No tengo muy claro por qué ese cambio de nombres, pero tengo mis teorías.

Puede ser que escojan un segundo nombre literario para poner a caldo a sus enemigos, aunque no es una posibilidad muy real. Publiques con tu nombre real o con uno ficticio… es la misma mierda. Gente sobre la que no escribes, se da por aludida. Gente sobre la que escribes, no se da por aludida y sigue con los mismos comportamientos.

Si es por vender más, tampoco lo entiendo porque la gente que es fiel a una autora lo mismo va a comprarle dos libros al año que cuatro o los que saque. Es como el que teme que internet acabe con las tiendas de libros, ni de coña. Amazon no te digo que no les este quitando negocio, pero el placer de pasar los dedos por las páginas de un libro no es sustituible por muchas páginas web que te permitan leer libros online.

Quizá lo hagan por no saturar el mercado o quemar su nombre que es más o menos lo mismo. Quizá sea solo un capricho de autora.

A la hora de publicar, yo no me planteé usar un seudónimo pero sí que me plantee usar el apellido de mi madre. He leído diferentes artículos sobre la cuestión del apellido en América donde solo tienen un apellido y, al casarse, la mujer lo pierde automáticamente. Por ser fiel a mis ideas, pensé en usar mi apellido materno, “Gómez”. No tarde mucho en repensarlo: ¿es el apellido de mi madre o el de mi abuelo? Al fin y al cabo estaría cambiando el apellido de mi padre por el de mi abuelo y si nos remontamos a la historia de mi familia (o de cualquier familia) vemos que es la misma historia: la mujer siempre lleva un apellido de hombre (sea el padre o el marido) porque desde que se empezaron a usar los apellidos la mujer ha sido una posesión para el hombre.

Durante la Edad Media, antes del Concilio de Trento, en la España visigótica era normal formar el apellido añadiendo al primer nombre del padre una de las formas patronímicas “ez”, “iz”, o “az” que significan “hijo de”. De esta forma tenemos a “Fernández” o “hijo de Fernando”, “Núñez” o “hijo de Nuño”, etc. Algunas veces, se añadía el lugar de origen como segundo apellido: “de León”, “del Valle”, “del Monte”, etc. Hay un grupo de apellidos que vienen de la profesión que en un momento dado ejerció alguien de la familia: “Herrero”, “Guerrero”, “Marino”, etc. También hubo quien tomo el nombre de la parroquia local, de un benefactor local, del padrino o madrina, y en el caso de esclavos, de su amo.

En América Latina la población nativa fue arrinconada por la colonización europea y sus apellidos desaparecieron poco a poco. En América del Norte, al igual que en toda Europa cuando cayó el feudalismo, muchos esclavos tomaron el apellido de sus amos al ser liberados. Es por eso que hoy vemos afro-americanos que se apellidan Johnson o Jackson en lugar de Ndjambo o Ngema.

Vamos, que si quieres un apellido original y feminista te tienes que poner María Lilith o María Eva o alguno compuesto por tu nombre y el nombre de las mujeres que aparecen en la Biblia que, casualidades de la vida, está escrita por hombres.

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Nochebuena de 1999

La Nochebuena de 1999 es una Nochebuena que seguramente nunca va a olvidar la guardia civil que acaba de ingresar en prisión por haber dejado su puesto de vigilancia, junto a un compañero (¿cuantos meses le han caído al?) en Segovia para felicitar las fiestas a algunos de sus compañeros esa noche.

La presa y su compañero de guardia se acercaron a la Subdelegación del Gobierno, que estaba a menos de 750 metros de donde ellos estaban, para hacer lo típico en esas fechas: olvidar, aunque sea por diez minutos, que no están con sus familias esa noche.

No sé si la noticia de su abandono de puesto ha venido de algún cargo superior o si pasaría algo, no se atendió como se debía, y la familia afectada denuncio a esta mujer por no haber estado donde tenía que estar pero estamos buenos. Si a estas alturas no se entiende que en Nochebuena y Fin de Año la gente que trabaja en los hospitales, cuartelillos, puestos de vigilancia, etc, tenga el mismo derecho a felicitarse las fiestas que el resto de los mortales estamos buenos.

Con moderación, por supuesto, que no es cuestión de tener cirujanos de urgencia borrachos como cubas cuando empiecen a llegar los accidentados en las fiestas de fin de año ni guardias civiles o policías borrachos cuando tengan que detener a alguien o hacer tests de alcoholemia en la madrugada del 1 de enero.

No he encontrado por ninguna parte información de cuánto tiempo dejaron el puesto de vigilancia desatendido, pero me parece la releche que condenen a una guardia civil por eso.

En América no es raro ver a policías desayunando su cafecito y sus donuts sin que la gente se meta en si el Dunkin Donuts de turno esta o no dentro de sus rutas. En Andalucía, en Córdoba al menos, no era raro ver coches de policía aparcados delante de algunos bares. Ahora ¿serian bares conflictivos? ¿habría redadas anti-drogas a las cuatro de la tarde? ¿habría problemas y los policías tenían que acudir todas las tardes al mismo sitio? En eso ya, sin tener acceso a información privilegiada, no puedo meterme.

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Vergüenza

Una noche del mes pasado, esperando el tren de vuelta a casa en Penn Station, comprobé una vez más que soy una cobarde. No tener papeles es un asco, pero no es excusa para mi comportamiento.

Serían las once de la noche, mi tren salía a las 11:48 PM y estaba en la zona habilitada para que los pasajeros del Long Island Rail Road esperen el tren de turno, entretenida en criticar mentalmente al personal, tomar ideas para los personajes de mis historias y no acabando de decidir qué libro empezaría a leer en el tren.

A mi derecha había un hombre haciendo fotos. Algo que me llamó la atención y me puso nerviosa. No sé si me ha pegado la psicosis americana o si yo siempre he estado así, pero no me da buen rollo ver a una persona haciendo fotos del suelo y las paredes en una estación de tren. Amén de que el tío tenía cara de loco. Tal y como están las cosas, una se espera que en New York por menos de eso te rodeen y te hagan veinte mil preguntas. Como era un hombre y encima blanco, allí nadie dijo nada. Ni los demás pasajeros ni algún policía de los que tienen un chiringuito montado a la salida de la zona de espera.

A mi izquierda había una mujer dándole gritos a unos asiáticos, diciéndoles que se volvieran a China. El fotógrafo la vio alterada, se le planto enfrente y empezó a hacerle fotos. Nadie, ni una sola persona de las cincuenta que estábamos allí, tuvo huevos para decirle al tío que dejara de hacer fotos. Nadie le preguntó a la mujer si estaba bien, si necesitaba ayuda, si quería que avisasen a la policía. Ni una sola persona. Nadie se levantó para ir a avisar a los policías y soldados que había a escasos metros.

No consigo quitarme la cara de esa mujer de la cabeza. Su melena pelirroja, sus gafas de pasta de concha. Su cabreo justificado. Se levantó, fue a por la policía, vinieron cinco o seis policías que se miraban unos a otros con cachondeito mientras el fotógrafo salía por otra zona. Un policía pregunto si alguien había visto a ese hombre. Nadie dijo nada. Yo señalé con el dedo en la dirección en la que se había ido el tío, pero ni los policías me miraron ni yo levante la voz o hice mucho por que me vieran.

Me dio vergüenza ver que nadie hizo nada porque era un hombre blanco poniendo en su sitio a una mujer que estaba viajando sola a esas horas. Hubo hombres que no sólo no entraron a defender a la mujer sino que encima metieron cizaña. Sí, creo que a estas alturas de la vida las mujeres nos sabemos defender solas, no necesitamos un hombre que nos saque las castañas del fuego. Una vez dicho esto, lo que desde luego no es aceptable es que un hombre meta cizaña. Si no vas a decir nada bueno, mejor quédate callado guapo.

Me dio vergüenza ver la cara de “se lo merece, la culpa es suya” que tenían los demás pasajeros como si la mujer estuviera loca o algo, como si sus protestas no estuvieran justificadas. Muy normal la pobre mujer no estaba: ella misma gritaba que era lo que le faltaba, que tomaba prozac y era la última vez que cogía el tren tan tarde. Pero aun en el supuesto de que fuera una enferma mental ¿es que los enfermos mentales no tienen derechos? ¿es que cualquiera puede ir a una estación a hacerle fotos a un enfermo mental y la gente se va a quedar tan tranquila mientras ve un abuso de ese tipo?

Más que vergüenza por la esposa del fotógrafo (que no solo no le dijo nada mientras acosaba a la otra mujer si no que lo ayudo a salir sin que lo viera la policía, se fue con los niños por otro anden y subió a ver que todo estaba tranquilo) me dio mucha pena. Mujeres así son las que crían a maltratadores. Porque los tres o cuatro hijos de la pareja estaban delante y no sólo vieron “la gracia” del padre sino como su madre se la reía. Además, si el tío es así de cabrón con alguien que no conoce de nada imagínate como será el trato que le dé a la mujer en su casa.

Pero sobre todo se me cae la cara de vergüenza por no mover un dedo para no tener problemas con la policía. Me duele ser una paranoica y haber pensado que íbamos a acabar en comisaría y que mejor era no decir nada porque si acabásemos en comisaría a mi me iban a hacer muchas preguntas, mi situación legal iba a salir a relucir e iba a acabar en algún centro de detención de extranjeros en New Jersey. Es una putada ser extranjera en un país que no es el mío, conocer el idioma (que es una gran ventaja respecto a millones de inmigrantes que vienen aquí sin saber inglés y no lo aprenden nunca) y quedarme callada por imbécil.

En el tren me monte una película que te cagas: que si el hombre era un terrorista y lo de las fotos a la del prozac había sido una maniobra de distracción, que la mujer que iba con él no le pegaba y los niños no se parecían a ninguno, que a ver si no por qué estaba haciéndole fotos a la estación… de eso hace ya quince días. No ha pasado nada y esperemos que no pase. Porque como pase algo, mas de un@ y más de dos nos vamos a acordar del ratito tan entretenido que pasamos con aquella “loca”.

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Thursday, January 06, 2005

Frida Kahlo

Mi madre.
Mi hermana.
Mi amante.
Mi inspiración.
Mi eterno sueño.
Mi Musa.
Mi amor.

Catalina de los Ríos y Lisperguer

El año pasado chateando en salas chilenas me di cuenta de que muchas mujeres utilizaban el nick laquintrala. Le pregunté a mi novio de esa época qué significa quintrala y me aclaró que no es un adjetivo sino el apodo de una persona. Catalina de los Ríos y Lisperguer, más conocida por su apodo, La Quintrala, es famosa en Chile por su sensualidad e instintos sanguinarios. A mí todo lo que sea asesinato y sexo me vuelve loca así que me decidí a investigarla y pronto me di cuenta de que la consideran una Condesa Bathory a la chilena.

Catalina de los Ríos y Lisperguer, la Quintrala, fue un personaje de carne y hueso. Una mujer “cruel y sin escrúpulos” que nació Santiago de Chile alrededor de 1604 y murió en 1665. Sus padres eran criollos santiaguinos y sus antepasados llegan hasta la Conquista. Repasando la historia de la familia, con una madre y una hermana acusadas de brujería y asesinato, no es de extrañar que La Quintrala acabase como acabó. Catalina entra en la historia y mitología chilenas acusada de haber envenenado a su padre con un pollo que le llevó cuando estaba encamado por una enfermedad en 1622. Hubo alguien de la familia, creo recordar que una tía, que realizó una acusación formal pero no llegó a celebrarse un juicio porque la familia estaba bien relacionada con el gobierno de esa época.

También se le considera responsable de la muerte de un caballero de la Orden de Malta al que sedujo y asesinó mientras estaban en la cama. Desconozco si hubo un juicio, pero parece que ahorcaron a uno de sus esclavos en la plaza de Santiago. Más adelante se la acusa de intentar asesinar al religioso Juan de la Fuente Loarte porque se oponía a su modo de vida.

En septiembre de 1626, Catalina se casa con el caballero y soldado Alonso Campofrío Carvajal y juntos se trasladan a la hacienda de La Ligua a las afueras de Santiago. El no tenia donde caerse muerto y ella llevo como dote 45.349 pesos a la boda. Casi veinte años más tarde su marido es elegido alcalde de Santiago reemplazando a un primo de Catalina. Según la tía de mi novio, el marido sabía que La Quintrala era más mala que el pan y se convierte en su cómplice. Juntos hacen que uno de sus esclavos y un primo de Catalina asesinen al vicario de la región. En esa época tienen un hijo que murió a los diez años.

El marido murió alrededor de 1650 y Catalina se encuentra con un montón de tierras en Longotoma y La Ligua. Alrededor de 1615 compra tierras en Petorca y San Juan de Cuyo. A partir de 1638 disfruto de los repartimientos indígenas de Codegua que habían pertenecido a su hermana.

Según la tradición, Catalina dirigía personalmente sus propiedades, montando a caballo por los valles donde estaban sus haciendas y ganaderías. En La Ligua era precisamente donde azotaba y mataba a sus esclavos sin miramientos.

Tenía mi particular teoría de que la Iglesia se metió por medio para quedarse con sus tierras después de enviudar. Pero el obispo Salcedo no pide una investigación sobre los asesinatos de La Ligua después de la muerte del marido de Catalina sino en 1634.

No fue hasta la década de 1660 que la justicia se empeña en conocer a fondo lo que estaba pasando. Es decir, durante una época hacen la vista gorda porque Catalina tenia influencias y conexiones y después, con un cambio de poder, Catalina pasa a ser La Quintrala, se entrevista a los pocos testigos que quedan (se supone que mato al resto) y se va a por ella. El oidor Juan de la Peña Salazar se traslada a La Ligua, detiene a Catalina y la lleva a Santiago para procesarla. Acusada de un total de 40 crímenes, el juicio no estuvo exento de polémica ni de la influencia de sus familiares con los oidores.

Más arriba entrecomillaba “cruel y sin escrúpulos” porque habría que verlo. Lo único que La Quintrala hizo fue intentar envenenar a un par de hombres y pegar azotes a cuarenta esclavos. No creo que nada de lo que la Quintrala hizo se aleje mucho del tratamiento que en esos días se le daba a los esclavos. Su historia ha llegado a nuestros oídos porque la protagonista fue una mujer. No olvidemos que una mujer no puede ser ambiciosa, intentar mejorar sus condiciones ni tener metas. Es hora de pensar en el momento histórico que vivió la Quintrala. Ya es hora de pensar en ella no como una despiadada asesina sino como una mujer enérgica que tomo las riendas de su plantación y de su vida.

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Helena Dimitrievna Diakonova

Más conocida como Gala, cuando pienso en Helena Dimitrievna Diakonova me viene a la cabeza la imagen de una mujer fuerte, ambiciosa e inteligente que por desgracia ha sido definida en función del hombre que ha amado.

Helena Dimitrievna Diakonova o Helena Ivanovna Diakonova (según las fuentes) fue una mujer joven y bella que disfrutaba del sexo, a la que no le importaba pagar para acostarse con hombres jóvenes y tenia buen gusto porque siempre se los buscaba guapetones. En esa época no podía catalogársela como otra cosa que ninfómana. Aun hoy se la considera medio puta y habrá quien me diga: “María es que esa mujer lo único que hizo en su vida fue acostarse con unos y otros y vivir de explotar a Dalí”. Y no tengo más remedio que callarme porque no encuentro información sobre ella. Es verdad. Si buscas información sobre Helena, la encuentras como mujer de Paul Eluard y Salvador Dalí. Su vida ha quedado eclipsada y parece haber sido borrada por el genio de Dalí y sus biógrafos.

Helena Dimitrievna Diakonova era una joven rusa que nació en Kazán en 1894. De su vida poco se sabe o poco se, solo que enfermo de tuberculosis y es enviada a un sanatorio suizo en 1913. Es allí donde conoce a Paul Eluard, que admiraba profundamente a Walt Whitman, con el que se casa en 1917. Eluard formaba parte del movimiento dadaísta y más adelante seria miembro fundador del surrealismo donde coincide con Louis Aragón, André Bretón y Luis Buñuel entre otros. De la mano de su marido, Gala entra en el efervescente mundo parisino. En el verano de 1929, Eluard y Gala visitan con otros amigos al joven pintor Salvador Dalí en su refugio de Portlligat, cerca de Cadaques, en Barcelona. Durante aquella corta estancia Gala y Dalí se enamoran y ella toma la decisión firme de no separarse de él.

A partir de ese momento, cero. Ni como artista, ni como mujer. Nada de nada. Una pena. Y digo yo: algo tenía que tener, además de ser buena pa’la cama, para que dos artistas fundamentales cada uno en su campo se enamorasen de ella

Monday, January 03, 2005

Lorna Simpson

En mi última visita al recién reinaugurado MOMA de Manhattan flipe con la obra de Lorna Simpson. Confieso que, cateta que es una, en el MOMA muchas veces me quedo pensando: “si esto es arte que venga Dios y lo vea”. La ultima vez me quede extasiada delante de “Wigs”: http://www.walkerart.org/education/activities/simpson/ porque era pelo para dar y regalar de todas las partes del cuerpo que te puedas imaginar. Me gusto tanto que apunte el nombre de la artista en la parte de atrás de un ticket de McDonald’s y después me he enterado de que la excusa de la belleza y tratamiento cosmético del cabello es una metáfora para hablar de cómo las mujeres afroamericanas se rebelan o se adaptan a las modas blancas.

En internet he descubierto que Lorna Simpson (Brooklyn, NY 1960) es una fotógrafa y directora considerada como una de las principales representantes de la cultura visual afroamericana. Empezó a trabajar en los 80 y recibe becas del Jamaica Arts Center y la Polaroid Corporation entre otros; en 1990 inaugura la Bienal de Venecia y recibe el premio Louis Comfort Tiffany Foundation en Nueva York; y en 1993 fue la primera mujer de raza negra en exponer en la Bienal de Venecia y tener una exposición para ella sola en el Museum of Modern Art in New York (MOMA). También es una de las pocas artistas afroamericanas que han expuesto sus obras en Documenta, en 1987 y 2002. Y ha expuesto en el Centro de Arte Contemporáneo de Salamanca.

The Museum of Modern Art
11 West 53 Street
New York, NY 10019-5497
www.moma.org

Whitney Museum of American Art
945 Madison Avenue at 75th Street
New York, NY 10021

www.whitney.org

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Sunday, January 02, 2005

Hispanic Society of America

A petición de un desconocido vuelvo a escribir en el blog… Este mes he estado turisteando y comprando como las locas. Libros, véanse anteriores posts, es obvio que he comprado suficientes para poner un puesto en el mercaillo. Nota mental: en enero y febrero me tengo que poner las pilas con la lectura.

Uno de estos días que ni trabajé ni tenía nada que hacer en casa me acerque a la Hispanic Society of America. Anda que en buena hora se me ocurrió ir. Primero, está en el quinto coño, muy mal señalizada, escondida detrás de un Boricua College que cualquiera en su sano juicio pasa de largo porque el nombre da grima cuando no risa. Arree Broadway p’arriba y p’abajo unas cuantas veces hasta que encontré a alguien que sabia donde estaba exactamente y volví sobre mis pasos. Normalmente me da igual andar y desandar calles. Esa mañana estaba cayendo la del pulpo, me puse chorreando y todavía no me he quitado el resfriado de encima.

Ya que llego, me quedo a cuadros: una pena ver como tienen el edificio, que se les va a caer a pedazos, y una pena ver al personal. De cinco o seis guardas y vendedores, tres están ya pal’arrastre. La entrada es gratuita (hay una caja donde se entrega “la voluntad”) pero como esta tan mal señalizado, poco publicitado y lejos de la zona turística de Manhattan me parece que va poca gente a verlo. Uno de los guardas me estuvo contando la historia del museo: regalo de Collis P. Huntington a su hijo, Archer Milton Huntington, que era un enamorado de nuestro país. Por una parte, me suena a la historia que nos cuentan en Medina Azahara o en la Alhambra y vete a saber en cuantos monumentos más. Por otra, ya quisiera yo un padre así de generoso porque la colección no tiene desperdicio.

En la primera planta hay un patio con esculturas barrocas, terracotas religiosas, algo de vidrio, algo de Soroya, muebles de Portugal y un retrato del fundador. Rodeando el patio se puede ver una exposición de tejidos mudéjares de Cuenca y Las Alpujarras, retablos de diferentes iglesias españolas y una colección de cálices, copones, custodias, patenas y demás ornamentos religiosos. A mano izquierda hay dos salas cerradas. A mano derecha hay una pequeña sala con vasijas y útiles de la cocina y un pozo tradicional. Al fondo una sala dedicada a Joaquín Sorolla y Bastida donde está la tienda del museo.

A la segunda planta se accede por dos escaleras cuyas paredes están decoradas con mosaicos. A mano derecha hay una sala con braseros, llamadores y “chinchetones decorativos” de los que ponían en las puertas. Al fondo, una exposición sobre las diferentes ediciones de El Quijote con grabados de varios autores de cuyo nombre no me acuerdo porque los “coja usted uno” estaban vacios y me quede sin folletos. A mano izquierda, una sala con bustos romanos que estaba cerrada. Al frente, se sale a una sala abierta al patio de la planta de abajo con vitrinas donde se puede ver platería, vidrio y cerámica y mosaicos árabes, romanos y de diferentes épocas de Valencia, Córdoba, Sevilla, Talavera de la Reina, Alcora, Italia, Portugal, México, etc. Las paredes están decoradas con cuadros de Francisco de Zurbarán, Jusepe Ribera, Alonso Cano, Bartolomé Esteban Murillo y Juan Carreño de Miranda. También de El Greco, Goya y Velázquez, de estos ultimo habían sacado un par para una exposición no recuerdo si en Madrid o en Paris, en concreto los dos que iba buscando: “Retrato de una niña” de Velázquez y “La duquesa de Alba” de Goya. Vaya chasco. En el museo también hay cuadros de pintores como Mariano Fortuny, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Isidro Nonell e Ignacio Zuloaga pero no recuerdo donde.

Arrimando el ascua a mi sardina, por mucho que Anna Hyatt Huntington sea la creadora de la figura del Cid y los relieves de Don Quijote y Boabdil que tienen en la entrada, eche a faltar mas cuadros y esculturas de creadoras españolas. Además de ponerle una casa-estudio en South Carolina a su mujer, Archer Huntington bien podría haberse interesado por las pintoras y escultoras españolas. Digo yo.

The Hispanic Society of America se encuentra en la Avenida Broadway entre las calles 155 y 156 en la ciudad de Nueva York. Para mas información llama al (212) 926-2234 o escribe a info@hispanicsociety.org.

www.hispanicsociety.org

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Saturday, January 01, 2005

En la mesilla de noche...

  1. Frida Kahlo and Diego Rivera de Isabel Alcántara y Sandra Egnolff
  2. The diary of Frida Kahlo de Frida Kahlo con una introduccion de Carlos Fuentes
  3. De Goya a Zuloaga. La pintura española de los siglos XIX y XX en the Hispanic Society of America de varios autores (Hispanic Society of America)
  4. The Aztec Empire de varios autores (Guggenheim)
  5. Designing the new Museum of Modern Art de Glenn D. Lowry (MOMA)
  6. O Pioneers! de Willa Cather
  7. Ethan Frome and Selected Stories de Edith Wharton
  8. The collected poems of Emily Dickinson de Emily Dickinson
  9. Selected poems de Robert Burns
  10. Selected poems de The Brontes
  11. Selected poems de Samuel Taylor Coleridge

    (los cinco o seis últimos son reminiscencias de mi época en filología inglesa)

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