María Luisa Latorre: ¿Es Beyoncé feminista?

© María Luisa Latorre, Pikara
Fuente:http://www.pikaramagazine.com/2014/02/es-beyonce-feminista/#sthash.DSS6aRMR.uxfs

Ocurrió el 13 de diciembre, 2013. De repente, en todas las paginas feministas estadounidenses que sigo en Facebook empecé a ver la misma noticia: la cantante afroamericana Beyoncé había lanzado un nuevo álbum, por sorpresa, a través de iTunes. Debido a que una de las canciones contiene letras de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, la cual se ha identificado como feminista, Beyoncé o Queen Bey como la llaman en EEUU, ha sido automáticamente coronada como la reina del feminismo.

Leí comentarios, uno tras otro, en esas páginas y blogs declarando que el feminismo que Beyoncé practica no es anti-hombre, lo cual es estupendo, y que sus canciones y vídeos son tremendamente empoderadores para todas nosotras. No sé exactamente como nos empodera a las mujeres que una cantante, la cual representa los cánones de belleza del sistema patriarcal, haga videos  sexualizados y luego explique que deseaba enseñar su cuerpo porque había conseguido perder peso tras tener a su hija y estaba orgullosa de ello. Pero las feministas con las que intenté intercambiar impresiones no aceptaban ningún pensamiento de este tipo, o ningún otro del estilo “Beyoncé representa capitalismo, hegemonía patriarcal y no puede ser feminista porque el feminismo desafía precisamente estas dos cosas” o del tipo “¿Porqué es Beyoncé feminista y no Britney Spears o Madonna? ¿Qué contribución ha hecho ella al movimiento?”. Por un lado me sorprendía gratamente que se asociara a una cantante de tamaña popularidad con un movimiento que sigue sufriendo connotaciones negativas como es el feminismo, pero por otro, el feminismo transgrede las normas patriarcales y Beyoncé de subversiva no tiene nada.

Esto es lo que se llama en inglés “feel-good feminism” (feminismo que te hace sentir bien) o “faux-feminism” (feminismo falso), en otras palabras, feminismo “pasado por agua”, feminismo que se relaciona con ser sexy, tenerlo “todo” (marido, hijxs, estatus social, éxito laboral). El discurso de igualdad entre hombres y mujeres, que es la premisa básica del feminismo ha evolucionado hacia el concepto de “elección sobre cómo vivir mi vida o de mi propio feminismo” y se ha convertido en algo que las mujeres, y sobre todo las más jóvenes, están más dispuestas a aceptar, siempre y cuando además sea “sexy“ (y esto lo saben también las “sextremistas“ de la corporación internacional FEMEN). Las razones por las que el mensaje se ha deteriorado tanto en un lugar con un historial feminista tan largo y complejo como en Estados Unidos no es tan sorprendente si se piensa que, después de todo, el patriarcado existe allí tanto como aquí en España. En un país donde las mujeres llevan bastante más tiempo que aquí con derecho al aborto y con mas paridad laboral, el patriarcado siente más ansiedad si cabe sobre la mujer emancipada y ha llegado a la conclusión que si no es posible hacerlas desaparecer del mapa directamente, es mejor diluir el discurso, el bagaje histórico y las razones por las que el movimiento existe. Como resultado, muchas mujeres creen que el feminismo tiene que ver con “empoderamiento” (y no entienden que Beyoncé está empoderada por la cantidad de millones que gana cantando y ellas no), “posibilidad de elección” (y no se dan cuenta de las circunstancias de cada una limitan nuestras posibilidades. Beyoncé tiene muchas más posibilidades de elegir como quiere vivir su vida, que el 99% restante). Cuando las que se suscriben al “feel-good feminism” dicen que ellas definen su propio feminismo, en realidad no entienden que si todas las mujeres definiéramos lo que es el feminismo para cada una de nosotras y sacáramos al patriarcado de la ecuación, el feminismo ya no existiría. Es más fácil proyectar nuestro concepto diluido del feminismo sobre una cantante famosa que mirar alrededor y hacernos preguntas difíciles sobre la violencia de género, la cultura de violación, los esfuerzos del patriarcado (en EEUU y en España) por reducir y al final eliminar nuestro derecho a no ser madres y un largo etcétera.

Los medios, al servicio del patriarcado casi todos ellos, hacen mucho para diluir el significado de un movimiento revolucionario y transformarlo en un producto comercial. La revista de moda Elle (Elle UK, su edición de Reino Unido) lanzó un “proyecto” el pasado otoño para redefinir el concepto de feminismo como marca comercial. Bajo el presuntuoso título de “Elle reinventa la marca del feminismo”, se publicó un artículo en su edición de noviembre en el que declaraban tener una conversación perenne sobre el feminismo y lo que significa para sus lectoras, así que decidieron invitar a grupos feministas y empresas de publicidad para darle un arreglo a una palabra que, según ellas y ellos, es demasiado negativa. Me parece curioso (por lo menos) que una publicación, la cual, en nombre del capitalismo perpetúa cánones de belleza heteronormativos se crea con el derecho de definir lo que es feminismo. Hay un vídeo en la página de internet de Elle que muestra el evento, donde se ve que el argumento más elaborado es que el feminismo es una palabra pesada (heavy), cargada con mucha historia e ideas complicadas y es “nuestro trabajo el quitar esas complicaciones y convertirlo en algo que la gente quiera aceptar”. En otras palabras las feministas son feas, odian a los hombres, no se depilan así que vendamos el feminismo como algo más “femenino”.

Por si esto fuera poco, un famoso guionista estadounidense, Joss Whedon (creó el carácter y la serie Buffy, la Cazavampiros) ha declarado hace poco que no le gusta la palabra “feminista”. No el concepto, si no la palabra en sí. Durante un evento para la organización Equality Now, hizo un discurso pseudo-filosófico, difícil de entender a veces, en el que una cosa sí que está clara: la palabra “feminista” no es de su agrado y quiere que se cambie. Así que tenemos a un millonario estadounidense, atreviéndose a decirnos a las mujeres (el grupo oprimido) como nuestro propio movimiento se debería llamar. Whedon demuestra mucha arrogancia y también, tristemente, mucha ignorancia. Desde luego, él no es ni ha sido la única persona en querer cambiar la palabra; en otro ejemplo famoso, la cantante Madonna declaro no ser feminista, si no humanista. Es interesante notar que para personajes como Madonna, a quien no solo le parece importar poco la opinión del publico si no que de hecho vive de provocar controversias, la palabra “feminismo” sea, de hecho, un tabú impronunciable.

Volviendo a Whedon, y su atrevida petición, no es que él no pueda tener una opinión sobre el feminismo, pero como miembro del grupo dominante, no ha sufrido discriminación en sus propias carnes o acoso sexual por ser mujer, no ha pasado por esas experiencias y por consiguiente no entiende que él se beneficia de que el sistema patriarcal exista. Desde su posición de privilegio, Whedon ignora la historia de un movimiento que ha hecho mucho para mejorar la vida de muchas mujeres y no entiende si se rechaza el nombre, se invisibiliza lo que ha conseguido.

Beyoncé también disfruta de privilegio. Ni el racismo ni el machismo le afectan tanto como al resto de las mortales, es lo que tiene el ser enormemente rica. Que yo sepa, aparte de cantar sobre lo guay que es ser mujer, no está activamente involucrada en ninguna causa que luche contra la discriminación de la mujer. No se ha pronunciado sobre el derecho al aborto, ni ha hablado públicamente sobre la misoginia en la industria de la música. Entiendo que la comunidad afro-americana de EEUU se siente enormemente orgullosa de tener una de ellos y ellas ahí en lo más alto, pero ese es el problema, Beyoncé no es “una de ellos” ni lo será nunca. Es cierto que, como el resto de mujeres artistas internacionales, Beyoncé tiene que ajustarse a los estrictos cánones patriarcales de la feminidad pero no podemos olvidar que se ha hecho enormemente famosa y rica precisamente porque actúa acorde con esos estereotipos patriarcales. Desde luego dá que pensar el hecho que incluso ahora, a estas alturas de su carrera tiene que seguir desnudándose e insinuándose, cosa que su marido (el rapero Jay-Z) no está obligado a hacer y entendemos que una cantante que desafiara los roles femeninos no llegaría muy lejos, pero desde luego perpetuar estereotipos de género no es feminista.

Han pasado ya un par de semanas de todo esto, y lejos de desaparecer, sigo viendo artículos y charlas en Facebook insistiendo que Beyoncé es una feminista, y que lo es porque es rica, tiene éxito, un marido y una hija y es sexy y que este tipo de feminismo (no el otro, el que odia a los hombres) es el que las mujeres deberíamos adoptar. Que está bien querer tener relaciones sexuales (como si el feminismo estuviera en contra del sexo) y querer estar guapa y ser femenina, a la manera de Elle UK. El problema principal con todo esto es que cuando personas y organizaciones que representan privilegio se reapropian del feminismo, este deja de ser el movimiento contestatario que en realidad es, y se convierte en una marca comercial. El feminismo no es un movimiento que exista para que las mujeres se sientan “empoderadas” por su sexualidad, es un movimiento que se creó para luchar contra la desigualdad estructural entre hombres y mujeres. Es un movimiento que nació de la indignación y se alimenta de ella cada vez que vemos a nuestro alrededor que las mujeres en el Corte Inglés trabajan casi todas como cajeras mientras que los hombres están en posiciones de manager, que las mujeres en Afganistán sufren violaciones en masa, y lapidaciones, que los derechos reproductivos de las mujeres aquí en España han retrocedido décadas y que en el país de Beyoncé, EEUU, esos mismos derechos están también siendo restringidos por los políticos. En 2013, veintidós estados en ese país aprobaron restricciones para frenar o prohibir el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo como mejor les plazca. Cuando Beyoncé (o cualquier cantante famosa de hoy en día) empiece a denunciar este hecho, o a hablar sobre la violencia de género se la podrá considerar feminista, mientras tanto, es ruido de fondo del patriarcado.

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