Escribir bajo seudónimo

Hay escritoras norteamericanas como Jayne Ann Krentz que utilizan diferentes nombres y me llama la atención que no lo hacen para cultivar diferentes géneros. No tengo muy claro por qué ese cambio de nombres, pero tengo mis teorías.

Puede ser que escojan un segundo nombre literario para poner a caldo a sus enemigos, aunque no es una posibilidad muy real. Publiques con tu nombre real o con uno ficticio… es la misma mierda. Gente sobre la que no escribes, se da por aludida. Gente sobre la que escribes, no se da por aludida y sigue con los mismos comportamientos.

Si es por vender más, tampoco lo entiendo porque la gente que es fiel a una autora lo mismo va a comprarle dos libros al año que cuatro o los que saque. Es como el que teme que internet acabe con las tiendas de libros, ni de coña. Amazon no te digo que no les este quitando negocio, pero el placer de pasar los dedos por las páginas de un libro no es sustituible por muchas páginas web que te permitan leer libros online.

Quizá lo hagan por no saturar el mercado o quemar su nombre que es más o menos lo mismo. Quizá sea solo un capricho de autora.

A la hora de publicar, yo no me planteé usar un seudónimo pero sí que me plantee usar el apellido de mi madre. He leído diferentes artículos sobre la cuestión del apellido en América donde solo tienen un apellido y, al casarse, la mujer lo pierde automáticamente. Por ser fiel a mis ideas, pensé en usar mi apellido materno, “Gómez”. No tarde mucho en repensarlo: ¿es el apellido de mi madre o el de mi abuelo? Al fin y al cabo estaría cambiando el apellido de mi padre por el de mi abuelo y si nos remontamos a la historia de mi familia (o de cualquier familia) vemos que es la misma historia: la mujer siempre lleva un apellido de hombre (sea el padre o el marido) porque desde que se empezaron a usar los apellidos la mujer ha sido una posesión para el hombre.

Durante la Edad Media, antes del Concilio de Trento, en la España visigótica era normal formar el apellido añadiendo al primer nombre del padre una de las formas patronímicas “ez”, “iz”, o “az” que significan “hijo de”. De esta forma tenemos a “Fernández” o “hijo de Fernando”, “Núñez” o “hijo de Nuño”, etc. Algunas veces, se añadía el lugar de origen como segundo apellido: “de León”, “del Valle”, “del Monte”, etc. Hay un grupo de apellidos que vienen de la profesión que en un momento dado ejerció alguien de la familia: “Herrero”, “Guerrero”, “Marino”, etc. También hubo quien tomo el nombre de la parroquia local, de un benefactor local, del padrino o madrina, y en el caso de esclavos, de su amo.

En América Latina la población nativa fue arrinconada por la colonización europea y sus apellidos desaparecieron poco a poco. En América del Norte, al igual que en toda Europa cuando cayó el feudalismo, muchos esclavos tomaron el apellido de sus amos al ser liberados. Es por eso que hoy vemos afro-americanos que se apellidan Johnson o Jackson en lugar de Ndjambo o Ngema.

Vamos, que si quieres un apellido original y feminista te tienes que poner María Lilith o María Eva o alguno compuesto por tu nombre y el nombre de las mujeres que aparecen en la Biblia que, casualidades de la vida, está escrita por hombres.

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