Arrimando el ascua a mi sardina después de lo de Carrillo
Como feministas tenemos que tener muy presente que no estamos solas en este planeta. Aunque parezca una incongruencia, muchas veces nos va a tocar luchar también contra los enemigos del hombre. Si el hombre cae bajo el fascismo, nosotras vamos detrás. Es importante que leamos y nos informemos, que sepamos que se esconde bajo los skinheads y el movimiento neonazi, que sepamos qué hay detrás de su promesa de una España / Europa más justa y ordenada.
Es importante que recordemos lo que la mujer fue para el hombre en la época del fascismo. La posición de la mujer estaba siempre supeditada a la del hombre: de hija a hermana, de hermana a esposa, de esposa a viuda y pare usted de contar. La mujer era o una santa o bien una puta. No había más vuelta de hoja. La mujer iba tres pasos por detrás del hombre con la cabeza agachada y las manos cruzadas, arrastrando los pies, sin atreverse a mirarlo y sin hablarle de tú a tú.
Si por edad no podemos recordarlo, es preciso aprender. Necesitamos abrir puentes de colaboración con mujeres de otras generaciones. Mujeres que vivieron encerradas en sus casas pariendo como conejas o tiradas en la calle como prostitutas. Mujeres que iban desde analfabetas que recibían palizas en lugar de tequieros a madres solteras que habían echado de sus casas, chicas que habían dejado preñadas los señoritos, viudas que no encontraban otro tipo de trabajo.
Cuando hemos visto documentales sobre las guerras de Bosnia o Ruanda, las atrocidades cometidas contra las mujeres y las niñas nos han horrorizado. En España también violaron y torturaron a mujeres pero nunca se ha hablado de ello abiertamente. Los historiadores nunca se han interesado en hacer público casos que han quedado impunes. La historia se ha empeñado en borrar a la mujer española, en reducirla a mera secretaria o enfermera que trae café o distribuye mantas en el frente. Algo en lo que estaban de acuerdo republicanos y nacionalistas fue en quitarles valor histórico a las mujeres de sus respectivos partidos. Hoy en día se conoce a las que se ajustaban a lo que cada bando esperaba de ellas, pero de la que sacaba los pies un poco del plato no se habla. Dolores Ibarruri o Pilar Primo de Rivera se ajustaban al modelo de madre ejemplar o (si no me equivoco) solterona decente. Sin embargo, ahí tienes a Margarita Nelken de la que nadie habla por salirse de madre y abandonar el partido comunista en 1942 (año arriba, año abajo).
La historia de España que yo estudie en el colegio no solo la escribieron los vencedores. Da la casualidad de la escribieron un grupo de hombres que nos borraron del mapa. Es hora de que haya historiadoras con acceso a becas de investigación y estudios que garanticen la publicación sus trabajos. Es hora de que se las conozca, se las respete y se presente su trabajo a bombo y platillo.
Es importante que recordemos lo que la mujer fue para el hombre en la época del fascismo. La posición de la mujer estaba siempre supeditada a la del hombre: de hija a hermana, de hermana a esposa, de esposa a viuda y pare usted de contar. La mujer era o una santa o bien una puta. No había más vuelta de hoja. La mujer iba tres pasos por detrás del hombre con la cabeza agachada y las manos cruzadas, arrastrando los pies, sin atreverse a mirarlo y sin hablarle de tú a tú.
Si por edad no podemos recordarlo, es preciso aprender. Necesitamos abrir puentes de colaboración con mujeres de otras generaciones. Mujeres que vivieron encerradas en sus casas pariendo como conejas o tiradas en la calle como prostitutas. Mujeres que iban desde analfabetas que recibían palizas en lugar de tequieros a madres solteras que habían echado de sus casas, chicas que habían dejado preñadas los señoritos, viudas que no encontraban otro tipo de trabajo.
Cuando hemos visto documentales sobre las guerras de Bosnia o Ruanda, las atrocidades cometidas contra las mujeres y las niñas nos han horrorizado. En España también violaron y torturaron a mujeres pero nunca se ha hablado de ello abiertamente. Los historiadores nunca se han interesado en hacer público casos que han quedado impunes. La historia se ha empeñado en borrar a la mujer española, en reducirla a mera secretaria o enfermera que trae café o distribuye mantas en el frente. Algo en lo que estaban de acuerdo republicanos y nacionalistas fue en quitarles valor histórico a las mujeres de sus respectivos partidos. Hoy en día se conoce a las que se ajustaban a lo que cada bando esperaba de ellas, pero de la que sacaba los pies un poco del plato no se habla. Dolores Ibarruri o Pilar Primo de Rivera se ajustaban al modelo de madre ejemplar o (si no me equivoco) solterona decente. Sin embargo, ahí tienes a Margarita Nelken de la que nadie habla por salirse de madre y abandonar el partido comunista en 1942 (año arriba, año abajo).
La historia de España que yo estudie en el colegio no solo la escribieron los vencedores. Da la casualidad de la escribieron un grupo de hombres que nos borraron del mapa. Es hora de que haya historiadoras con acceso a becas de investigación y estudios que garanticen la publicación sus trabajos. Es hora de que se las conozca, se las respete y se presente su trabajo a bombo y platillo.
Comments
Post a Comment