Mitos sobre la mujer maltratada y sus hijos

* * sacados y traducidos del libro Little Eyes, Little Ears. How Violence Against a Mother Shapes Children as they Grow de Alison Cunningham y Linda Baker


MITO: UNA MUJER QUE QUIERE A SUS HIJOS DEJA A SU PAREJA VIOLENTA PARA PROTEGERLOS

Algunas mujeres continúan en relaciones violentas para proteger a los sus hijos. El periodo después de la ruptura puede ser muy peligroso especialmente cuando la relación era físicamente violenta. Hasta un 46% de casos de violencia domestica continua o empieza cuando la relación ha acabado y la posibilidad de ser asesinada por tu ex pareja aumenta cuando se acaba la relación. La mujer puede temer la perdida de la custodia de sus hijos si su pareja amenazó con denunciarla a servicios de protección al menor, con arruinarla enzarzándose en un proceso legal para obtener la custodia largo y costoso o con secuestrarlos (incluso con llevárselos a su país de origen si es extranjero). Incluso cuando la mujer obtiene la custodia se preocupará por la seguridad de sus hijos cuando estén con el padre porque ella ya no estará presente para protegerlos de un padre violento. algunas mujeres dejan a sus parejas violentas y se reconcilian después por razones de seguridad o por no poder mantener a sus hijos ellas solas.

MITO: LOS MENORES RECONOCERÁN A SU MADRE COMO LA VÍCTIMA Y A SU PADRE COMO EL CAUSANTE DEL MALTRATO

Los menores pueden culpar a las madres tanto o más que a los padres. Los niños pequeños no reconocen el desequilibrio de poder cuando la pareja “se pelea”. Para los niños ambos adultos tienen el mismo nivel de poder. Los niños en edad lactante o preescolar viven predominantemente en el presente así que un padre maltratador que les hace un regalo será rápidamente perdonado por un episodio de violencia doméstica reciente. La mayoría de los niños no desarrolla un entendimiento más adulto de las dinámicas de violencia y abuso hasta la adolescencia. Aun así, los niños mayores pueden estar enfadados y culpar a las madres por llevar a un maltratador a casa, no protegerse a sí mismas, no protegerlos a ellos cuando era evidente que los estaba maltratando y/o por darle otra oportunidad al padre maltratador.

MITO: LOS MENORES ODIARÍAN A UN PADRE QUE LOS HUBIERA MALTRATADO A ELLOS O A SUS MADRES

Los menores pueden querer a un hombre que los haya maltratado a ellos o a la madre. Un maltratador que sea visto como un mal padre desde fuera por todos los adultos puede ser respetado y querido por sus hijos. Al pasar el tiempo pueden llegar a estar más cerca de él y a quererlo más que a la madre, quizás creyendo sus explicaciones de que los malos tratos fueron culpa de la madre. Cuando el maltratador es separado de la familia, los menores pueden pasar un periodo de duelo tal y como lo pasarían en cualquier proceso de separación. Para los menores que muy pequeños para comprender la causa y el efecto, la separación puede ser vista como causada por la madre que abandona esa relación en lugar de por el comportamiento del maltratador que es lo que hizo esa relación insostenible y peligrosa para la familia.

MITO: CUANDO EL MALTRATADOR DESAPARECE DEL MAPA TODOS LOS PROBLEMAS DE LA FAMILIA Y/O LOS MENORES SE SOLUCIONAN.

Cuando el maltratador deja la casa los menores pueden estar fuera de control, enfadados, tristes o peleones que antes. Poner fin a la exposición del menor a la violencia doméstica es lo mejor que puede hacerse pero, si esa exposición ha sido durante mucho tiempo, puede que los problemas no desaparezcan. La dinámica familiar enrarecida y los problemas de conducta en los menores se pueden asociar a varios factores incluyendo:

1. Ausencia de un padre autoritario. Puede parecer que la presencia de un padre autoritario era efectiva para mantener a los menores “a raya”. Cuando el padre autoritario desaparece, los menores pueden empezar a comportarse mal no por la separación sino porque nunca han desarrollado mecanismos de control internos y no pueden regular sus propios impulsos y comportamientos.
2. La lucha de la madre por imponerse como una figura autoritaria. Como ya hemos visto anteriormente, un maltratador puede minar la autoridad de la madre. Cuando el maltratador no forma parte de la familia, los menores pueden resistirse a hacerle caso.
3. Las dificultades de la crisis y transición experimentada por la familia.

Dejar a un maltratador también se asocia con un empeoramiento en el ritmo de vida, tener que cambiar de casa o colegio, la interrupción de la vida escolar y afectiva de los menores y una o más estancias en casas de acogida. Estos cambios pueden tener un impacto serio en el comportamiento de los menores y muchos culpan a las madres por estos cambios que no son bien recibidos.

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