Rituales estúpidos

A mí que no me gusta el deporte no me vas a ver nunca en un estadio de futbol. De futbol americano, de hockey, de baseball o de lo que tú quieras. Ni siquiera por aquello de hacer algo típico americano. La rácana que llevo dentro no deja que yo o alguien que yo conozca se gaste un dineral para ir a un estadio. Total, ¿para qué? ¿Para que en los intermedios una panda de garrulos me rodee y se pongan a gritar hasta que me levante la camiseta y les enseñe las tetas? ¿para que me llamen puta, me escupan y me tiren botellas de cerveza si me marcho sin enseñarles nada?

Eso es lo que pasa en el Giants Stadium en Nueva York cada vez que hay un partido de los Jets o de los Giants. Hay dos rampas para peatones al lado de la puerta D y en los descansos los hombres no tienen nada mejor que hacer que insultar y agredir a cualquier niña, adolescente, o mujer que pase por delante. El colmo de los colmos es que se llevan a los hijos para que silben, insulten, manoseen y exijan ver las tetas de toda la que pase por las rampas a modo de rito de iniciación sin que los guardias de seguridad muevan un dedo.

Por lo visto, el acoso sexual no es delito dentro del Giants Stadium. Sus guardias de seguridad no pueden (¡no quieren!) detener o echar del estadio a los hombres que insultan y degradan a las mujeres porque hacerlo va contra la libertad de expresión. Toma ya! En un país donde por echar una meada en la calle te puede caer una multa de $ 10,000, hay leyes contra el desorden público. Si no quieren meterse, retener a esos hombres hasta que llegue la policía a detenerlos, los guardias de seguridad sólo tienen que llamar a la policía, darles copias de los videos de seguridad y dejar que hagan su trabajo. Tan simple como eso. Por supuesto, no se le pueden pedir peras al olmo. Si los guardias de seguridad miran para el otro lado o abiertamente aplauden rituales estúpidos, difícilmente van a colaborar con la policía.

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