Fatima Mernissi: "Todos somos nómadas digitales"
© Lola
Huete Machado, Fatima Mernissi, El País
En su
casa, un cuarto piso en el barrio de Agdal, en Rabat (Marruecos), todo es
artesanía y recuerdos, sillones y alfombras apetecibles, té y pastas que se
ofrecen al visitante en mesa baja. Las plantas refrescan, en esta calurosa
tarde de junio, una terraza desde la que no se ve el mar, pero se intuye.
Porque la playa como metáfora de la comunidad (ummah) que vive y convive en paz
está siempre en la mente de la anfitriona, Fatema Mernissi. A sus 68 años, esta
socióloga y escritora humanista, historiadora y profesora, premio Príncipe de
Asturias 2003, sigue siendo mujer poderosa, rotunda, coqueta: aparece vestida
con uno de los chalecos que ella misma confecciona, un gorro rojo sobre su
media melena, joyas de plata en cuello y manos. Es, además, charlatana entregada
que no gusta de programas ni de agendas apretadas porque su pensamiento y
palabra son incontenibles, idas y venidas a los infinitos temas que sacuden su
mente. No hay contenedor posible para guardar tanto. Valga aquí sólo un cabo,
ese hilo conductor y recurrente en su discurso actual: la importancia última y
creciente de las nuevas tecnologías (Internet, móviles, televisión vía
satélite) en las relaciones personales y sociales en los países islámicos Con
ellas se rompe el hudud, las fronteras espaciales que dividen el universo en
ese ámbito privado donde habitan y, se supone, se protege a mujeres y niños, y
el público, donde los hombres adultos ejercitan su autoridad. Ahora, gracias a
Internet, todos somos nómadas digitales (ver www.mernissi.net). Y eso no tiene
precio, asegura. En especial para las mujeres y la sociedad civil. La cuestión
ya no es to be or not to be, sino to navigate or not to navigate.
Y
además, ese sentido profundo de la comunidad que poseen los musulmanes ha
encontrado en lo cibernético un cauce inmejorable una ventana siempre abierta
para expandirse, dice ella, apurada por la hora porque tiene una cena
importante. Relax, relax ante todo, aconseja, sin embargo. Internet es una
herramienta perfecta para extender esa idea del amor altruista que ya existía
en la literatura islámica y sufí desde tiempos del poeta andaluz Ibn Hazm [año
994], algo tan necesario para sobrevivir en los tiempos que corren. La
inteligencia emocional, tan de moda, ya era asunto islámico hace diez siglos, asegura.
De eso habla precisamente en su obra El amor en el islam, publicada en 1988,
que, revisada, se reedita ahora en España (Aguilar). El choque actual, asegura,
no es entre civilizaciones, como afirmaba Samuel Huntington, ni siquiera entre
religiones, sino entre el concepto islámico de ulfa (amor generoso,
desprendido, altruista) y el consumismo occidental, individualista y feroz. O
quizá, apuntó en uno de sus artículos, sea un choque de sueños: El hombre
moderno ha olvidado la religión, pero lo sagrado sobrevive, enterrado en su
inconsciente. Ahí está el enigma y quizá la razón del desencuentro.
Y más:
ve Mernissi en este nuevo tiempo digital otra gran ventaja. El poder y el saber
ya no son sólo patrimonio de las mezquitas o las madrasas. Y nadie mejor que
ella para saberlo. ¿Qué ha sido del libro El harén político, que fue prohibido
en su país? ¿Sigue estándolo?. Qué más da eso ya. Ahí está colgado en Internet.
Ahora, si te prohíben una obra, es estupendo; la promoción es automática en la
Red, y tremenda.
Se reedita su libro El amor en el islam, en el que
habla de la creciente popularidad en la Red del poeta cordobés Ibn Hazm, de la
mística del amor y de los sufíes. Sí, pero, ah, no he visto la edición española. ¿La tienes? ¿Han
incluido las 50 palabras para decir amor en árabe a modo de diccionario? Ah,
lástima. En la versión francesa aparecen en la lista de Ibn Hajala, un imán del
siglo XVI: hawâ, sabâb, alâqa, chaghaf, wajd, kalaf, chawq
Sí, aquí están todas en la página 35; a saber,
mahabba, alaqa, miqa, sajw Sí, sí. ¿Y han incluido las fotos de las portadas de las revistas
panárabes que les indiqué? Ah, sí. Aquí están. Son algunas publicaciones
femeninas y familiares que se pueden encontrar en los quioscos de Bagdad a
Casablanca.
¿Cómo se llaman? ¿De qué hablan? Las hay como Rose el Youssef,
egipcia, que se pregunta por qué las más hermosas de las mujeres ya no quieren
casarse; Teens Today, editada en Abu Dabi y preocupada por la moda de los
desnudos en los videoclips; Zahrat al Khaleej [La Flor del Golfo Arábigo], de
Dubai, que se plantea: ¿Está Internet destruyendo las relaciones
matrimoniales?. Otra es Laha [Para Ella], de Beirut, que informa de que una de
las últimas modas en Líbano es que las mujeres celebren su divorcio con fiestas
por todo lo alto, en las que, además, anuncian su disponibilidad. Al Sada, de
Dubai, se autoproclama semanario de la familia árabe, y en su número 453, de
diciembre de 2007, titula: Los hombres necesitan Viagra Las mujeres lo están
pidiendo.
Todas
las portadas están allí, bien impresas. Así que Mernissi se preocupa antes de
nada por la comida, la miel, los crêpes o esos dulces de almendra como los que
se preparaban en Al Andalus Y estos crêpes, ¿sabes?, los venden las mujeres hoy
por todo el distrito. La mujer ha salido de las cocinas, y ése era el sueño de
mi abuela, ganarse la vida vendiendo cuscús. Un sueño hecho realidad. La
escritora, activista y crítica, se ocupa desde siempre en mostrar esos cambios
sociales y en intentar desenredar las uniones nefastas y habituales entre
aspectos negativos (como antidemocracia, represión de la mujer, terrorismo) y
el islam.
¿Sigue siendo tan inmenso como antaño el
desconocimiento entre el mundo islámico y el occidental, o ha mejorado? Te doy un ejemplo último: la
asociación automática juventud-violencia. Es tan delirante como la de islam y
terrorismo, olvidando que este último surgió también en ciertas democracias
occidentales laicas (ahí están las Brigadas Rojas en Italia, el IRA en Irlanda,
la Baader-Meinhof en Alemania). El terrorismo moderno está lejos de ser un
fenómeno religioso, local, racial o demográfico, como pretenden las tesis
reduccionistas. Más bien es fruto de una economía fuertemente consumista que
ignora la ética humanista; eso es lo que llevó a la revuelta a los jóvenes
europeos de los años setenta. Y los que los entrenan no son jóvenes
precisamente.
Lo
afirma y lo enseña en uno de esos esquemas repletos de datos y fuentes que
prepara antes de sus conferencias. Para analizar este tipo de relaciones
peligrosas, y tras los atentados suicidas en Casablanca (abril, 2007), Mernissi
organizó un seminario titulado ¿Con qué sueñan los jóvenes?, en el que reunió
a diversas generaciones, gente con estudios y sin ellos, artesanos y
escritores. La conclusión: Debe evitarse de una vez por todas y en nombre de
los derechos humanos ese reflejo discriminatorio de insultar a los jóvenes en
general y a los pobres en particular cada vez que hay un atentado.
¿Cómo luchar contra esa falta de entendimiento, los
estereotipos? [Ella
hojea un libro de fotografías sobre Marruecos de Alfredo Cáliz y se detiene en
una en la que un montón de cabras aparecen subidas a un árbol, y de ahí surge
un tema, un discurso, una historia]. Es el acebuche, que produce el fruto del
que se extrae el aceite de argán. ¿Lo conoces? Las tribus bereberes del
suroeste lo usan en su dieta y como medicina. Un cosmético buenísimo, para todo
Pero debes usarlo por la noche Por el día, no, es dañino con el sol
En un foro organizado por el Centro Niemeyer, en
Avilés, hablará usted [lo habrá hecho ya] de cómo enfrentarse a la soledad y la
depresión como viajeros globales que somos. ¿Le preocupa la depresión hoy? Sí, todo el mundo parece estar
deprimido Aquí también, no sólo en Occidente. Lo planteo así: Estrés y depresión
como problemas planetarios causados por la nueva religión del mercado. Son
temas que nos preocupan y ocupan también; mira, por ejemplo, Al Arabi, revista
de Kuwait, edición de abril pasado. Titula La ansiedad es nuestra epidemia del
siglo. Entre la lista de causas están primero los problemas familiares, pero
hay otros nuevos que revelan que la sociedad árabe actual está invadida por el
consumismo. Una sociedad regida por valores materiales y beneficios, y las
batallas consiguientes para conseguirlos. La nueva fe mundial es la religión
del mercado. Y tiene un aparato eclesiástico completo. Lo dice Richard C.
Foltz: hay sacerdotes (economistas), misioneros (la industria publicitaria) y
una iglesia (el centro comercial). Posee hasta un sistema ético cuya máxima
virtud es ir de compras. Y los fieles se llaman consumidores.
¿Y esa imagen del señor con gesto preocupado que
aparece en Al Arabi es Julio Iglesias? No, no. Pero Julio Iglesias es el modelo de
hombre ideal aquí, con el que sueñan las jovencitas. Todos los héroes libaneses
son como él. Y mira, en esta otra revista digital, la religiosa Ommati [Mi
Comunidad Musulmana], te dicen cómo combatir la depresión: No dejes que el
pesimismo te invada, mira a la parte del cielo por donde sale el sol cada
mañana. No hay puesta de sol sin salida. Mira siempre el lado soleado de tu
vida.
Sí, hay imanes famosos, como Al Qaradawi en la
cadena Al Yazira, que se dedican a aconsejar sobre cómo salir adelante en este
camino tortuoso. ¿Son muchos? No te puedes imaginar cuántos. Todas las revistas impresas o
digitales tienen páginas de consejos y de contactos amorosos. Mira en
Islamonline o en Muslima.com.
Que todo el mundo necesita amor está claro, ¿pero
cómo se consigue? El
poeta Adonis dice: Pesimismo es una rutina, optimismo es creatividad. ¿Cómo
conseguirlo? Ah, hay que desarrollar escenarios. Pero esto no se consigue con
dinero. No con el modelo de los países del Golfo. Fui a Dubai y todo lo que vi
fue consumismo. ¿Están invirtiendo en calidad? No. Había ochenta paquistaníes
esperando el autobús, y me dije: si no pueden resolver el problema del
transporte, no pueden resolver nada. Por eso no acepté hacer este debate [el
del Centro Niemeyer] allí, sino en España.
¿Qué fue de su idea de fotografiar a un millón de musulmanes
en la playa como testimonio de la heterogeneidad de la sociedad marroquí? Nunca fue una foto para
realizar, sino una imagen concepto, algo que se ve cada día de verano. La playa
está repleta de gente, de todas clases, y no están luchando, no hay violencia.
Es la visión de una comunidad viva. Un ejemplo: si deseo dejar mis ropas al
cuidado de alguien, si se las doy a un alemán me dirá: Ah, no, no es mi
responsabilidad; pero un marroquí me preguntará: ¿A qué hora vuelves? ¿En media
hora? Vale. Él forma parte del grupo. La playa es un nuevo espacio público,
pacífico, familiar, donde, cuando uno come, ofrece al otro, al paseante. Esto
no es Nueva York.
¿En qué otros proyectos anda? Buscar, por ejemplo, cómo se
dice te quiero en marroquí o en bereber, en ciudades o en los pueblos, en una
música u otra Ése es el concepto. Yo sé como se dice aquí, en árabe, pero no en
las montañas. Hay nuevas creaciones del lenguaje
¿Y cuántas palabras hay sobre depresión? Muchas: confuso, triste,
quemado, avergonzado Voy a escribir un libro sobre cincuenta palabras que he
descubierto
¿Qué pasa con todas estas webs para encontrar
pareja? ¿No son un peligro para el matrimonio tradicional? ¿Es posible casarse
a través de Internet? ¿Esos matrimonios son halal, están aceptados por el
islam? No. Para que
un matrimonio sea válido tiene que haber testigos físicos. Pero se están dando
todo tipo de casos. Incluso divertidos. Un chaval se casó con una mujer de
Finlandia, obtuvo el visado, se fue a verla y regresó pronto porque allí había
sólo tres horas de luz ¡Ja, ja! Sucede. Y creo que fue en la Embajada
canadiense donde me contaron que había un montón de demandas para matrimonios
Bueno, una cosa es segura al hablar de jóvenes: que no te puedes ganar la vida
si te quedas sentado en casa. Seas de donde seas, americano o africano. Es más,
tradicionalmente, el islam empuja a la movilidad como forma de aprendizaje y
crecimiento. Tenemos la luna, los ciclos; si no hay agua aquí, vas allá. La
Tierra no tiene límites. Por eso no me sorprende que los musulmanes sean los
más beneficiados con Internet. Ya tenían su comunidad creada. Una mundial que
hace que en ningún sitio seas extraño: sucede en los viajes, en los mercados.
Por ejemplo, a mí me enloquece la joyería, y cuando voy a Dakar (Senegal) a
comprar plata me dicen: ¿De dónde eres?. Ah, Marruecos. Y el precio baja. No
bromeo. Es el sentido de comunidad Algo fabuloso que Internet ha revitalizado.
Aquí hay cibercafés por todas partes.
La familia tradicional debe de andar preocupada con tanto
intercambio No
tanto, es que eso forma parte del teatro oficial. Aquí sucede como con las
familias católicas en Europa: se violan las reglas todo el tiempo; pero de
puertas afuera, nada se ve. Catolicismo pragmático. La diferencia entre lo que
es público y lo que es privado. Aquí es igual.
Internet es entonces para usted una herramienta de
libertad Desde
luego. Siempre desde el punto de vista individual. Y hay que darse cuenta de
algo, como dice la BBC en árabe: el problema no es cómo nos casamos en los
países islámicos, la noticia verdadera es que la gente no lo hace; hay nueve
millones de solteros en edad casadera en Egipto, por ejemplo.
¿Es más habitual el divorcio? No lo sé, el divorcio siempre
existió; no es un tema.
En su libro apunta una tendencia, similar en
Occidente: que los hombres abandonan a su mujer y se casan con otras más
jóvenes. Sí, pero
hasta eso está ya demodé. Yo diría que la noticia es que la tendencia hoy es
que son las mujeres las que dejan a sus maridos porque tienen sus trabajos, y
se casan sólo si lo desean y no porque la familia necesite dinero.
¿Y qué hay de la poligamia? Desde que en Marruecos se
aprobó el nuevo código de familia, en 2004, debe autorizarla un juez. No es
tema ya hoy. Sí lo es que las mujeres tengan su trabajo y su dinero.
¿Y qué hay de esos consultorios de sexo en
televisión, como el de la egipcia Heba Koth titulado Hablando en serio, o esos
otros en las webs?
Ah, sí, hay muchos. Pero no es novedoso para nosotros.
¿No es novedad? No. Porque en el islam siempre se habló de
sexo. Es parte de la vida. Para los cristianos tiene que ver con la
reproducción; para nosotros, no. De hecho, hay montones de libros clásicos
sobre posturas, afrodisiacos, comidas, plantas Te recomiendo un libro, The
perfumed garden, de Nefwazi, y hay otro sobre cómo los hombres mayores pueden
mantenerse jóvenes que Bueno, muchos El islam es una religión bastante
antimasculina de hecho, porque no está en contra del cuerpo, no lo reprime como
el cristianismo. Y Mahoma es un hombre casado que disfruta de serlo.
¿Hay muchas diferencias con la sexualidad
occidental? Sí,
pero antes quiero apuntar la mayor: la pornografía. Y por cierto, si quieres
poder aquí, debes invertir en medios de comunicación. ¿Sabes cuántos canales
panárabes hay? En 1981 había uno. En la primera guerra del Golfo vimos las
bombas por la CNN; seis meses después abrió la MBC. Ahora son 465 vía satélite.
Y los occidentales, claro.
Decía que la sexualidad es distinta Ah, sí, en estos canales no hay
pornografía. Y el sexo, bueno, ahora debatimos sobre lo erótico en los
videoclips Hay bailes, canciones, pero nunca sexo explícito. Me gustan por su
estética. Lo que no me gusta tanto es que, cuando me alojo en un hotel europeo,
haya canales porno Verlos o no es algo que quiero controlar yo, no que me
bombardeen sin quererlo. Por cierto, la costa española está a unos 13
kilómetros de Tánger, ¡13! Y me puedo dar por contenta si consigo ver Al Yazira
desde Madrid. ¡Un ejemplo de interés mutuo!
¿Parece que las cosas están cambiando muy deprisa en
Marruecos? El
Marruecos que yo conocí ya no existe. Hablo como socióloga. Siempre pensé que
los cambios aquí, en el Tercer Mundo, van más rápidos que en Europa. ¿Por qué?
Porque en Europa tienes el poder de pararlos: los intereses de la gente, los de
las multinacionales para asegurarse el poder. Aquí, ese poder está
centralizado. E influye, claro, también el desarrollo de las tecnologías. La
industrialización en Europa necesitó tres siglos Así que el mejor regalo que
nos han dado son las tecnologías de la comunicación Y las estadísticas
oficiales de su uso se quedan cortas. Porque en pueblos perdidos del Atlas no
hay quizá ordenadores personales, pero sí un cibercafé. Tecnología, son los
pobres quienes mejor la usan. Lo cuento en mi libro El hilo de Penélope.
Encontré a un artista en Zagora, le pregunté cuánto valía su obra y me dijo: En
mi página web está el precio. ¿Pero tienes una web tú, y yo, que soy profesora
de universidad, no?. Y él respondió: Sólo puedo sobrevivir si estoy comunicado.
Internet es mi respiración. Ha hecho realidad su sueño gracias a la tecnología.
Ésa es la solución para muchos, para no emigrar.
¿Es un buen medio la Red para acercar posiciones? Mira, tengo 68 años. Y no pienso
ya en términos Este-Oeste, sino como mujer de edad. Sólo sé y veo que en París,
por ejemplo, nadie mueve un dedo por ayudar a sus mayores, y eso es criminal.
Para mí, se trata de asegurar la implicación social de los jóvenes. Ellos deben
garantizar ese cuidado de unos a otros Europa vive en un sueño, porque la
realidad es que necesita mano de obra joven Es estúpida esa selección de la
emigración No puede vivir sin los africanos. ¿Cuál es el problema? Cómo
integrarlos. Bueno, si hay un accidente aquí, rápido aparecen 30 personas para
ayudarte Pero si estás en Nueva York, te puedes morir en la calle y a nadie le
importa. Lo que me pregunto es cuánto va a durar esto en Marruecos
La nueva normativa europea sobre inmigración cierra
mucho las puertas Y
nosotros tenemos también el problema de la migración interior. Por ejemplo, en
el sur de Marruecos. Los bereberes. Muchos te dicen: no podemos irnos porque
nuestra cultura desaparecerá. La población disminuye. Se traslada a la ciudad.
El desierto se muere. ¿Cómo pararlo? ¡Uf! Sobre el exterior: no comprendo a los
europeos. Si yo fuera una mujer mayor francesa tendría claro que no puedo vivir
sin la ayuda de los jóvenes. ¿Solución? Crear planes para Madrid, para Galicia,
para el Mediterráneo Planes de alimentación, de población, de existencia común.
Quizá el miedo europeo no es ante los que llegan,
sino ante lo que traen consigo: religión, tradiciones, el cambio Pero ¿quiénes son los
emigrantes? Los europeos mismos. Claro, que otra cosa es el comportamiento en
uno u otro lado. Volviendo al escenario de la playa: voy allí, los chavales
están jugando al fútbol, y al llegar les digo: Quiero pasar y tengo miedo. Y se
paran. No sé si eso lo hacen los hijos de emigrantes en Madrid. Eso es un
problema real. Los chavales europeos no tienen esa vinculación común, tan fundamental.
¿Por qué no les permiten sentirse europeos? Porque Europa es una suma de
individualidades, no una comunidad.
¿Y cómo
hacerlo? Verlo y analizarlo. Cuando contemplo en la tele la violencia de los
jóvenes en Inglaterra, por ejemplo, pienso: ¿por qué se matan unos a otros? La
sociedad europea está enferma. Y está llegando hasta nosotros en forma de
consumo exacerbado: que es la ausencia completa del amor altruista,
comunitario. ¿Cómo pararlo? ¿Qué es lo que está mal en la sociedad occidental?
No se habla aquí mucho de eso. Porque siempre se dice que los europeos son
felices, tienen democracia, pero ¿qué democracia es ésa? No es algo que me
guste decir, pero, por ejemplo, Gibraltar. Es una frontera fantasma, nunca
existió en realidad. ¿Y Ceuta? Bueno, españoles, portugueses, todos estuvieron
aquí. La idea de separación es un mito. Pues con la tecnología podemos
comunicarnos globalmente como individuos, romper esos hilos de poder que mueven
las cosas, aumentar lo que llamo la sinergia cívica Maravilloso.
Sí, permite lo positivo, pero también lo negativo:
es una buena vía de conexión entre terroristas. ¡Pero si muchos de los terroristas
provienen de Europa misma! Para mí, la cuestión es averiguar cuál es la semilla
y la tierra, el caldo de cultivo que lo produce. Necesita nacer y crecer como
las plantas. Lo resolveremos si sabemos por qué sucede, no con tópicos como que
todos los terroristas son musulmanes. Insisto, no hay que olvidar que la Red
permite conexiones múltiples, y en Europa viven grandes humanistas, tantos y
tantos anticonsumistas
Y otro de los problemas en los países islámicos es
la creciente financiación por parte del fundamentalismo ¡Ah!, pero construir hoy
madrasas no significa lo mismo que en los años ochenta. La gente no va a buscar
la información allí si hay Internet. Ahora la manipulación es muy difícil.
Siempre puedes consultar, comparar, contrastar. Además, Internet está dejando
claro algo que los europeos ignoraban: que el islam no tiene iglesia, que no
hay iglesia que te pueda manipular Otro tema interesante ahora es decidir, como
hicieron ya los sufíes, si importa o no tu religión a la hora de formar parte
de la ummah, o si basta sólo el amor hacia los otros. Mira este cartel de Al
Andalus, del poeta Ibn Arabi, del siglo XIII. Dice: Yo creo en la religión del
amor. Donde quiera que la caravana del amor vaya, allí estarán mi religión y mi
fe. Ahí da la solución a muchos de nuestros problema
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