Invisibilidad lésbica en España
Interesantes conclusiones de un trabajo de Inmaculada Mujika Flores sobre visibilidad y participación social de las lesbianas en Euskadi. Creo que todo lo que dice se puede trasladar a las lesbianas del resto de España y explica muy bien por qué hay tan pocas lesbianas fuera del armario en el trabajo, en su grupo de amigos y/o en el ámbito familiar. Puedes leer todo el trabajo aquí: http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/visibilidad%20castellano.pdf
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Para las mujeres lesbianas la visibilidad no es una cuestión fácil y han de realizar un enorme esfuerzo para enfrentar y superar los numerosos obstáculos con los que conviven: miedos, vergüenzas, culpabilidades, sentimientos de diferencia, rareza o anormalidad, la soledad, el silencio, y homofobia interiorizada; hasta poder llegar a decir “no soy heterosexual, soy lesbiana”. Estos obstáculos son producto de los prejuicios con los que se encuentran desde el momento en que empiezan a sentir atracción hacia otras mujeres.
Liberarse de las definiciones estereotipadas del lesbianismo y recuperar una identidad menoscabada y socialmente impuesta conduce a las mujeres a largos y complejos procesos para aceptarse como lesbianas y poder hacer visible esta condición. Todas las mujeres lesbianas, independientemente de la edad o posición social, pasan por estos procesos.
Las recién alcanzadas reformas legales han creado una “ilusión de igualdad” que explicaría la actitud de los agentes sociales y la sociedad en general al minimizar los efectos de la lesbofobia, esta actitud se deriva de la relación directa que se establece entre los cambios legales y los sociales, de forma que se piensa que si la igualdad legal se ha conseguido también la social. Así, se considera que ser lesbiana ya no crea conflictos. Esta forma de pensar dificulta desvelar situaciones reales de discriminación y exclusión social por razones de opción u orientación sexual y provoca que la visibilidad no tenga un significado social y político, convirtiéndose en un asunto personal en el que todo queda solucionado si la mujer se acepta como lesbiana.
Este aspecto se refleja en el carácter de privacidad y de clandestinidad que tienen los procesos de aceptación y visibilidad lésbica, procesos que, por una parte, hacen inviable la felicidad de las lesbianas durante una buena parte de sus vidas al originarles abundantes problemas psicológicos, y que por otra, no generan ni debate ni alarma social porque no se les concede ni la importancia ni la dimensión política que tienen. Sería recomendable que los agentes sociales que intervienen en los ámbitos de la educación, la política, el asociacionismo y la prestación de servicios asistenciales valoraran estos procesos no sólo en su dimensión personal, sino también en términos de empoderamiento, éxito social y de superación de los obstáculos heterosexistas que históricamente impiden a las mujeres ser dueñas de su sexualidad. Sólo de esta forma, teniendo en cuenta que los actos de visibilidad se realizan en contextos donde la heterosexualidad se presenta como un factor dominante ejerciendo su poder a través de la lesbofobia y el sexismo, se podrán empezar a detectar los hechos, a menudo sutiles, que provocan el déficit de visibilidad lésbica.
La visibilidad se nutre de referentes históricos, de los medios de comunicación, del espacio público, del reconocimiento social de la sexualidad, del poder político y económico, y en la actualidad todos estos aspectos son deficitarios para las mujeres. Así, es relevante tener en cuenta que las lesbianas no están situadas en el mismo plano social, político, económico y sexual que los gays de lo que resulta un marcado déficit de visibilidad social de éstas con respecto a sus pares masculinos. Por tanto la realidad de las lesbianas tienen que ser considerada cualitativamente diferente a la de los gays y en consecuencia es imprescindible que sea observada, analizada y valorada en esa diferencia. Realizar esta distinción es fundamental para la planificación y la puesta en marcha de políticas cuyo objetivo sea fomentar la visibilidad y participación social de las mujeres lesbianas, porque si bien gays y lesbianas “salen del armario” cuando tienen garantías para hacerlo, por ahora, los hombres tienen más facilidades que las mujeres en términos de obtención de apoyos sociales, económicos y políticos.
Hay que considerar además el diferente recorrido histórico que tienen hombres y mujeres en cuanto a su reconocimiento como sujetos jurídicos. Este reconocimiento, que para las mujeres apenas tiene cincuenta años, ha determinado el significado que para las lesbianas tiene la invisibilidad que no es otro que la: no existencia a lo largo de la historia, ni para bien ni para mal, las enormes dificultades para enfrentar los prejuicios y estereotipos propios de la lesbofobia y las pocas posibilidades de respuesta pública como colectivo social.
Un gran handicap para la visibilidad lésbica es la mayor responsabilidad adjudicada a las mujeres respecto al trabajo doméstico, a la familia y a los cuidados. Esta hiperresponsabilidad tiene dos consecuencias importantísimas para el desarrollo de la sexualidad lesbiana: 1) la facilidad de las mujeres para actuar según los intereses de los demás renunciando al propio bienestar, a la intimidad y a la búsqueda del placer sexual, 2) la reducción significativa del tiempo disponible para el ocio que suelen tener las mujeres, tiempo imprescindible para el establecimiento de las relaciones afectivas y sexuales. Estas cuestiones no son baladíes y afectan sobre todo a lesbianas adultas, casadas, separadas o divorciadas y con hijos/as. Estos aspectos deberían de estar presentes cuando se planifican las políticas para la igualdad entre mujeres y hombres, de forma que se integre el déficit de visibilidad de las lesbianas con las situaciones específicas de discriminación de las mujeres. En esta línea sería deseable que los Planes de Igualdad entre mujeres y hombres y/o cualquier otra propuesta de trabajo que se dirija a eliminar las desigualdades de género, tanto elaborados desde los diferentes organismos públicos como desde las entidades privadas, incluyeran entre sus acciones referencias explícitas sobre la mujer lesbiana con el fin de sensibilizar y eliminar actitudes lesbofóbicas.
Las lesbianas son mucho más visibles en el ámbito privado que en el público, así la visibilidad en la familia y en el círculo de amigas y amigos, es más amplia y se maneja mejor que la visibilidad en el mundo laboral, en el vecindario, la calle, los medios de comunicación, en la política, en el mundo empresarial, … El déficit de visibilidad de las lesbianas es especialmente significativo en la esfera de lo público, lo que conlleva la ausencia de mujeres dispuestas a abanderar el lesbianismo y sus reivindicaciones y que se deriva, entre otras razones, de la percepción que tienen las propias lesbianas de que su lesbianismo pertenece a un ámbito absolutamente privado.
El origen de esta percepción tan privada del lesbianismo está en la educación que sobre sexualidad reciben las mujeres, a quienes se enseña a vivirla de forma íntima y discreta y sin hacer de ello el centro de atención, por lo que no les resulta sencillo hacer públicas las cuestiones sexuales. Por otra parte, la existencia de un patrón social que hace que sea más aceptada y consentida la vivencia y exteriorización de deseos y sentimientos sexuales en varones, potencia la visibilidad de los hombres homosexuales al facilitar un proceso más rápido en el desarrollo de una identidad sexual. Este reconocimiento social de la sexualidad que tienen los gays todavía no la tienen las lesbianas, con lo que resulta más difícil para ellas la visibilidad y el desarrollo de una identidad lésbica. La proporción de mujeres que públicamente hablan de su lesbianismo no aumenta en la medida en que lo hacen los avances sociales y legales. Tampoco se puede decir que la visibilidad de las lesbianas en el ámbito público alcance en número y en diversidad de situaciones sociales a la lograda por los gays.
Una realidad muy palpable en la visibilidad social del lesbianismo es la ausencia de mujeres lesbianas que ocupan posiciones altas en la escala social y económica, cultural y política. Estas son las razones de esta ausencia: 1) la excesiva estigmatización social a la que se ve sometido todavía el lesbianismo, 2) el temor a la pérdida de credibilidad en la realización de determinadas funciones de dirección o liderazgo si se conociera la condición de lesbiana de la mujer, 3) el miedo a que los logros, potencialidades y capacidades personales sean ensombrecidas por una única faceta, la de ser lesbiana, 4) no se considera importante hacer una declaración pública del lesbianismo desde sus ámbitos de actuación, 5) se perciben los temas referidos a la sexualidad desde un plano estrictamente personal.
A pesar de que para la normalización del lesbianismo los actos de visibilidad de las lesbianas en los ámbitos personales y cotidianos son importantes y valiosos no tienen éstos la misma relevancia que los de quienes toman una iniciativa de visibilidad más pública y política. Estamos ante una cuestión que debe ser analizada en profundidad por las lesbianas en general y en particular por aquellas que se organizan en asociaciones, porque si bien la visibilidad ni se impone ni se consigue por decreto, sí parece que demanda una mayor conciencia de responsabilidad y solidaridad de cada lesbiana para con el resto para conseguir que la sociedad sepa que el lesbianismo existe en todos los ámbitos. Además, hay que tener en cuenta que cuando se parte de una visibilidad cero o escasa, salir del ámbito privado de la casa y acudir a los espacios públicos fomenta y favorece el que las mujeres hagan público su lesbianismo, al tener más oportunidades de contactar con otras realidades y con más diversidad de personas que les pueden aportar unos apoyos imprescindibles.
Dada esta situación de desequilibrio entre la visibilidad privada y la pública se ve imprescindible la puesta en marcha de campañas públicas de sensibilización que aseguren a medio plazo un sistema de referencias positivas y sólidas que de confianza a las mujeres para integrar su lesbianismo como una parte más de su vida cotidiana en ámbitos tan importantes como son la política, el sindicalismo, la cultura, el deporte, los medios de comunicación y la empresa.
Los contextos sociales donde las lesbianas se tienen que hacer visibles actúan con bastantes limitaciones porque se mueven con una inercia heterosexista y unas expectativas sociales que son contrarias a los intereses de las lesbianas. En consecuencia éstas, para alcanzar cuotas de visibilidad aceptables, tienen continuamente que negociar, construir y manejar su lesbianismo en grupos sociales que no tienen rituales, normas o modelos para las situaciones que plantean, viéndose obligadas de forma constante a cuestionar y romper guiones de vida preestablecidos para reinventarlos de nuevo y adaptarlos a sus circunstancias. Esto ocurre de forma independiente al contexto que se trate: la familia, la cuadrilla de amigos/as, el trabajo, el sistema educativo, el vecindario, etc.
Un contexto importante es la familia de origen que se revela como un espacio vital para las jóvenes lesbianas por los fuertes sentimientos de apego que establecen con sus madres y padres y por la tardanza en abandonar el hogar parental. Esta cuestión hace que el revelar el lesbianismo en sus familias sea un asunto de gran importancia para ellas, capaces de subordinar su felicidad a este hecho. Esta vivencia es desconocida por madres y padres, que ignoran, por lo general, todo lo relacionado con el lesbianismo y sobre la etapa larga, difícil y llena de miedos e incertidumbres, por la que su hija pasa para aceptar y hacer visible su orientación. Bien por desconocimiento o porque no quieren admitir el lesbianismo de sus hijas, generalmente, padres y madres no intervienen en el desarrollo afectivo y sexual de sus hijas adolescentes y jóvenes, y en consecuencia dejan de ser para ellas la fuente de apoyo y reconocimiento que tienen que buscar en otros lugares como es el “ambiente” o la asociación LGTB. Es preciso que los programas de apoyo e intervención familiar públicos tengan en cuenta la orientación sexual de las personas, porque esta es una fuente de conflictos familiares, a menudo, muy encubierto y porque se necesita fomentar la diversidad sexual en el interior de las familias.
El mundo de la educación, tanto formal como no formal, es otro ámbito de gran importancia ya que actúa, en muchos sentidos, como un alargamiento de la educación hacia la heterosexualidad normalizada que las mujeres empiezan a recibir en sus familias y que invisibiliza el lesbianismo. Existen serias limitaciones que en la actualidad impiden que este ámbito sea un espacio favorecedor de la visibilidad de las mujeres lesbianas que pasan por él.
Se vuelve imprescindible trabajar en el ámbito de la educación formal y no formal fomentando medidas que aseguren el desarrollo positivo de la personalidad de adolescentes y jóvenes lesbianas y gays y que eviten los acosos morales y agresiones físicas a las que a menudo son expuestas/os. Medidas tan necesarias como:
1. Incluir de forma sistemática los contenidos sobre diversidad de orientaciones sexuales y de género en los curriculums de todos los estudios y niveles educativos, en todos los centros docentes de Euskadi, públicos, concertados y privados
2. Incorporar el conocimiento de la diversidad sexual y contenidos sobre identidad de género e identidad sexual en la formación continuada de todo el personal docente.
3. Impulsar seminarios de formación en la diversidad sexual para las asociaciones de madres y padres de alumnos/as.
4. Fomentar convenios de colaboración entre entidades educativas, culturales y de tiempo libre y las asociaciones LGTB. En esta línea dotar de apoyos y recursos a los organismos que elaboren proyectos educativos tratando la diversidad de orientaciones .
5. Facilitar la visibilidad del profesorado homosexual y lesbiano para que el alumnado tenga referencias cercanas y positivas de carácter lésbico y gay, y que les sirva de apoyo en momentos críticos
6. Trabajar en valores de transformación social desde el campo del Tiempo Libre impulsando la formación en la tolerancia y la diversidad sexual a los diversos agentes que intervienen en él.
En el entorno laboral hay que destacar que sólo un 7% de lesbianas, frente a un 16% de gays, hacen pública su condición sexual.. Esta diferencia en los niveles de visibilidad se relaciona inevitablemente con la marcada discriminación sexista que existe en el mundo laboral.
Las reticencias de las mujeres para hacer público su lesbianismo revelan que las manifestaciones de discriminación y homofobia son todavía demasiado habituales en los lugares de trabajo y que hechos como la falta de despidos por opción sexual y de denuncias por discriminación laboral no pueden ser interpretados como ausencia de lesbofobia y homofobia.
Un número elevado de mujeres ocultan su lesbianismo en el trabajos porque les preocupa, más que el despido, el ser objeto de cotilleo, el sentirse el centro de atención y los comentarios jocosos acerca de su sexualidad. No hay que obviar, sin embargo, que hay un sector importante de mujeres con trabajos más precarios e inestables, que sí se ocultan por temor al despido. Del mismo modo, el ocupar cargos directivos en las empresas no asegura una mayor visibilidad.
Trabajar en la administración pública, contar con directrices objetivas que regulen las relaciones funcionales y jerárquicas de la empresa y que éstas tengan un número grande de trabajadores/as, son características que favorecen la visibilidad de las lesbianas.
Tener “pluma” puede facilitar la visibilidad a ciertas mujeres en la medida en que no hay lugar para presunciones de heterosexualidad por parte de sus compañeros y compañeras, pero la pluma puede convertirse también en un elemento discriminatorio en la contratación y selección de personal en sectores laborales tradicionalmente femeninos.
En el ámbito laboral se hace necesario un compromiso más explícito por parte del conjunto de fuerzas sindicales en el impulso de campañas divulgativas que fomenten la visibilidad real de lesbianas y gays en sus lugares de trabajo. De igual forma en las campañas que se realicen contra la discriminación sexista en el trabajo debería incluirse el criterio de la orientación lésbica con el fin de facilitar de forma específica la visibilidad de aquellas mujeres que son lesbianas. Así mismo y por parte de las administraciones públicas, sería recomendable la realización de una guía de buenas prácticas empresariales y de relaciones laborales que incluyan recomendaciones para la no discriminación de lesbianas y gays.
Entre los factores que facilitan la visibilidad de las mujeres lesbianas están: los avances sociales y legales, el disponer de referencias positivas a través de los mass media, las asociaciones LGTB y feministas, las migraciones, el “ambiente” lésbico, los Chat de lesbianas que existen en Internet, y en general aquellos factores que favorecen los procesos de descubrimiento y aceptación del lesbianismo, el encuentro con otras lesbianas, la adquisición de un mayor conocimiento sobre la propia sexualidad, la realización de actividades lúdicas y culturales, el emparejamiento y la sensibilización sobre los derechos de las mujeres y las lesbianas. Hay que destacar entre estos factores: 1) disponer de un círculo de amigas lesbianas; 2) tener una actitud crítica respecto a las normas sobre sexualidad y los papeles tradicionales de género.
La maternidad ha invisibilizado durante muchos años a las mujeres lesbianas, al ser el producto de matrimonios no deseados donde los hijos se convirtieron en una de las razones para renunciar o postergar el deseo lésbico. No obstante la situación ha cambiado y la visibilidad lésbica hoy día se hace inevitable cuando se accede a la maternidad de una forma libre como es el caso de muchas de las actuales madres lesbianas, que tienen hijos, fundamentalmente, a través de la reproducción asistida. Éstas acceden a una visibilidad que no es correspondida con el mismo nivel de compromiso por parte de las instituciones públicas, las cuales, a día de hoy, presentan bastantes vacíos en sus protocolos de actuación para adecuarse a las necesidades de las familias lésbicas.
Si importante es no homogeneizar las experiencias de gays y lesbianas también lo es no hacerlo respecto a las diferentes situaciones sociales en las que viven las mujeres. Cada una de estas situaciones hará referencia a unas necesidades y unas circunstancias específicas que hacen variar el modo en cómo las mujeres gestionan la visibilidad lesbiana. Se revelan como preocupantes las situaciones de ciertos sectores de lesbianas en los que: 1) la exclusión y vulnerabilidad social son grandes, 2) resulta más costoso el reconocimiento del lesbianismo tanto por parte de sus entornos inmediatos como de los servicios sociales a los que acuden y 3) se cuenta con menores oportunidades de obtención de recursos de socialización lésbica. La visibilidad del lesbianismo puede ser nula o muy deficiente en los siguientes sectores de mujeres: 1) mayores, 2) inmigrantes, 3) de etnia gitana, 4) que tienen algún tipo de discapacidad bien física o psíquica, 5) mujeres casadas en matrimonio heterosexual, y 6) transexuales femeninas. Frente a esta situación, sería conveniente que las instituciones del ámbito del bienestar social incluyera en sus protocolos de intervención el criterio de exclusión y vulnerabilidad social por orientación social, de forma que los diversos agentes que trabajan en este campo consideren que, para conseguir la mejora de la calidad de vida de las personas también puede ser importante tener en cuenta las formas en cómo viven su sexualidad. Así mismo se ve importante el impulso y la creación de líneas de subvención a las entidades LGTB que faciliten especialmente la integración y la cohesión social de los sectores de lesbianas, gays y transexuales mayores, inmigrantes, de etnia gitana, que tienen discapacidad, y que están casadas en matrimonio heterosexual.
En estas tres últimas décadas se han dado importantes avances en la visibilidad de las mujeres lesbianas. Este hecho se deja notar especialmente en las lesbianas jóvenes más dispuestas a manifestar públicamente su condición. La coyuntura social y legal en la que viven desde que descubren su deseo lésbico posibilita que el proceso de asunción del lesbianismo sea más rápido y fácil y que cuenten con recursos más numerosos y diversos para que este proceso no les marque ni la adolescencia ni la juventud de manera tan profunda como a las lesbianas de décadas pasadas.
Pero el análisis de la situación de la juventud lesbiana no puede hacerse sólo en base a la percepción de estos avances, y partiendo de los logros conseguidos habrá que analizar por qué en la actualidad todavía es corriente para muchas mujeres que el despertar de su sexualidad no coincida con la aceptación positiva de su lesbianismo y que tras su descubrimiento a muchas de ellas les siga quedando un largo camino lleno de soledades, falta de referencias positivas y silencios. Hay cuestiones fundamentales, como son estas últimas, que todavía no han cambiado, con lo que la sociedad y sus diversas instancias socializadoras siguen teniendo grandes retos de cara a lograr la igualdad real con independencia de la opción sexual.
La sociedad sigue siendo un ámbito limitador y en ocasiones negativo para el desenvolvimiento del lesbianismo en términos de igualdad, libertad y dignidad. La invisibilidad o la “visibilidad sugerida de manera negativa”, sigue siendo un mecanismo fundamental que fomenta el alejamiento de las lesbianas de los espacios públicos. La evolución de la visibilidad social de las mujeres lesbianas parece tener su “techo de cristal” que impide avanzar en correspondencia a lo que socialmente y legalmente se ha logrado en los derechos tanto de las mujeres como de gays y lesbianas. Alcanzar mayores cuotas de visibilidad y aceptación de la sexualidad entre mujeres no puede ser únicamente responsabilidad de éstas, en este sentido es la misma sociedad quien, desde todos sus ámbitos legislativo y jurídico, laboral, sanitario, educativo y formativo, cultural y de ocio, comunicativo, participativo y solidario, tiene que articular y dotarse de mecanismos para avanzar en la comprensión del lesbianismo.
Resulta imprescindible entender que el logro de una sociedad cada día más cohesionada y respetuosa con la diversidad afectiva, sentimental y sexual de las personas se tiene que corresponder con la igualdad entre las mujeres y los hombres y que si esta no se da, toda aceptación, respeto y niveles de visibilidad que se logre para el colectivo de gays y lesbianas será más deficiente para éstas que para los primeros.
Conseguir una sexualidad que para las mujeres sea cada día más grata, placentera, libre de coerciones y reconocida pública y socialmente, es fundamental para facilitar la visibilidad de las lesbianas. Este logro no será posible si en las agendas de trabajo de las diferentes entidades públicas y privadas no se incluye, como una parte más de los derechos humanos de las mujeres, el debate sobre los derechos sexuales y de orientación sexual.
© Inmaculada Mujika Flores, ALDARTE
Fuente: http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/visibilidad%20castellano.pdf
ALDARTE
Fuente: http://www.aldarte.org
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Para las mujeres lesbianas la visibilidad no es una cuestión fácil y han de realizar un enorme esfuerzo para enfrentar y superar los numerosos obstáculos con los que conviven: miedos, vergüenzas, culpabilidades, sentimientos de diferencia, rareza o anormalidad, la soledad, el silencio, y homofobia interiorizada; hasta poder llegar a decir “no soy heterosexual, soy lesbiana”. Estos obstáculos son producto de los prejuicios con los que se encuentran desde el momento en que empiezan a sentir atracción hacia otras mujeres.
Liberarse de las definiciones estereotipadas del lesbianismo y recuperar una identidad menoscabada y socialmente impuesta conduce a las mujeres a largos y complejos procesos para aceptarse como lesbianas y poder hacer visible esta condición. Todas las mujeres lesbianas, independientemente de la edad o posición social, pasan por estos procesos.
Las recién alcanzadas reformas legales han creado una “ilusión de igualdad” que explicaría la actitud de los agentes sociales y la sociedad en general al minimizar los efectos de la lesbofobia, esta actitud se deriva de la relación directa que se establece entre los cambios legales y los sociales, de forma que se piensa que si la igualdad legal se ha conseguido también la social. Así, se considera que ser lesbiana ya no crea conflictos. Esta forma de pensar dificulta desvelar situaciones reales de discriminación y exclusión social por razones de opción u orientación sexual y provoca que la visibilidad no tenga un significado social y político, convirtiéndose en un asunto personal en el que todo queda solucionado si la mujer se acepta como lesbiana.
Este aspecto se refleja en el carácter de privacidad y de clandestinidad que tienen los procesos de aceptación y visibilidad lésbica, procesos que, por una parte, hacen inviable la felicidad de las lesbianas durante una buena parte de sus vidas al originarles abundantes problemas psicológicos, y que por otra, no generan ni debate ni alarma social porque no se les concede ni la importancia ni la dimensión política que tienen. Sería recomendable que los agentes sociales que intervienen en los ámbitos de la educación, la política, el asociacionismo y la prestación de servicios asistenciales valoraran estos procesos no sólo en su dimensión personal, sino también en términos de empoderamiento, éxito social y de superación de los obstáculos heterosexistas que históricamente impiden a las mujeres ser dueñas de su sexualidad. Sólo de esta forma, teniendo en cuenta que los actos de visibilidad se realizan en contextos donde la heterosexualidad se presenta como un factor dominante ejerciendo su poder a través de la lesbofobia y el sexismo, se podrán empezar a detectar los hechos, a menudo sutiles, que provocan el déficit de visibilidad lésbica.
La visibilidad se nutre de referentes históricos, de los medios de comunicación, del espacio público, del reconocimiento social de la sexualidad, del poder político y económico, y en la actualidad todos estos aspectos son deficitarios para las mujeres. Así, es relevante tener en cuenta que las lesbianas no están situadas en el mismo plano social, político, económico y sexual que los gays de lo que resulta un marcado déficit de visibilidad social de éstas con respecto a sus pares masculinos. Por tanto la realidad de las lesbianas tienen que ser considerada cualitativamente diferente a la de los gays y en consecuencia es imprescindible que sea observada, analizada y valorada en esa diferencia. Realizar esta distinción es fundamental para la planificación y la puesta en marcha de políticas cuyo objetivo sea fomentar la visibilidad y participación social de las mujeres lesbianas, porque si bien gays y lesbianas “salen del armario” cuando tienen garantías para hacerlo, por ahora, los hombres tienen más facilidades que las mujeres en términos de obtención de apoyos sociales, económicos y políticos.
Hay que considerar además el diferente recorrido histórico que tienen hombres y mujeres en cuanto a su reconocimiento como sujetos jurídicos. Este reconocimiento, que para las mujeres apenas tiene cincuenta años, ha determinado el significado que para las lesbianas tiene la invisibilidad que no es otro que la: no existencia a lo largo de la historia, ni para bien ni para mal, las enormes dificultades para enfrentar los prejuicios y estereotipos propios de la lesbofobia y las pocas posibilidades de respuesta pública como colectivo social.
Un gran handicap para la visibilidad lésbica es la mayor responsabilidad adjudicada a las mujeres respecto al trabajo doméstico, a la familia y a los cuidados. Esta hiperresponsabilidad tiene dos consecuencias importantísimas para el desarrollo de la sexualidad lesbiana: 1) la facilidad de las mujeres para actuar según los intereses de los demás renunciando al propio bienestar, a la intimidad y a la búsqueda del placer sexual, 2) la reducción significativa del tiempo disponible para el ocio que suelen tener las mujeres, tiempo imprescindible para el establecimiento de las relaciones afectivas y sexuales. Estas cuestiones no son baladíes y afectan sobre todo a lesbianas adultas, casadas, separadas o divorciadas y con hijos/as. Estos aspectos deberían de estar presentes cuando se planifican las políticas para la igualdad entre mujeres y hombres, de forma que se integre el déficit de visibilidad de las lesbianas con las situaciones específicas de discriminación de las mujeres. En esta línea sería deseable que los Planes de Igualdad entre mujeres y hombres y/o cualquier otra propuesta de trabajo que se dirija a eliminar las desigualdades de género, tanto elaborados desde los diferentes organismos públicos como desde las entidades privadas, incluyeran entre sus acciones referencias explícitas sobre la mujer lesbiana con el fin de sensibilizar y eliminar actitudes lesbofóbicas.
Las lesbianas son mucho más visibles en el ámbito privado que en el público, así la visibilidad en la familia y en el círculo de amigas y amigos, es más amplia y se maneja mejor que la visibilidad en el mundo laboral, en el vecindario, la calle, los medios de comunicación, en la política, en el mundo empresarial, … El déficit de visibilidad de las lesbianas es especialmente significativo en la esfera de lo público, lo que conlleva la ausencia de mujeres dispuestas a abanderar el lesbianismo y sus reivindicaciones y que se deriva, entre otras razones, de la percepción que tienen las propias lesbianas de que su lesbianismo pertenece a un ámbito absolutamente privado.
El origen de esta percepción tan privada del lesbianismo está en la educación que sobre sexualidad reciben las mujeres, a quienes se enseña a vivirla de forma íntima y discreta y sin hacer de ello el centro de atención, por lo que no les resulta sencillo hacer públicas las cuestiones sexuales. Por otra parte, la existencia de un patrón social que hace que sea más aceptada y consentida la vivencia y exteriorización de deseos y sentimientos sexuales en varones, potencia la visibilidad de los hombres homosexuales al facilitar un proceso más rápido en el desarrollo de una identidad sexual. Este reconocimiento social de la sexualidad que tienen los gays todavía no la tienen las lesbianas, con lo que resulta más difícil para ellas la visibilidad y el desarrollo de una identidad lésbica. La proporción de mujeres que públicamente hablan de su lesbianismo no aumenta en la medida en que lo hacen los avances sociales y legales. Tampoco se puede decir que la visibilidad de las lesbianas en el ámbito público alcance en número y en diversidad de situaciones sociales a la lograda por los gays.
Una realidad muy palpable en la visibilidad social del lesbianismo es la ausencia de mujeres lesbianas que ocupan posiciones altas en la escala social y económica, cultural y política. Estas son las razones de esta ausencia: 1) la excesiva estigmatización social a la que se ve sometido todavía el lesbianismo, 2) el temor a la pérdida de credibilidad en la realización de determinadas funciones de dirección o liderazgo si se conociera la condición de lesbiana de la mujer, 3) el miedo a que los logros, potencialidades y capacidades personales sean ensombrecidas por una única faceta, la de ser lesbiana, 4) no se considera importante hacer una declaración pública del lesbianismo desde sus ámbitos de actuación, 5) se perciben los temas referidos a la sexualidad desde un plano estrictamente personal.
A pesar de que para la normalización del lesbianismo los actos de visibilidad de las lesbianas en los ámbitos personales y cotidianos son importantes y valiosos no tienen éstos la misma relevancia que los de quienes toman una iniciativa de visibilidad más pública y política. Estamos ante una cuestión que debe ser analizada en profundidad por las lesbianas en general y en particular por aquellas que se organizan en asociaciones, porque si bien la visibilidad ni se impone ni se consigue por decreto, sí parece que demanda una mayor conciencia de responsabilidad y solidaridad de cada lesbiana para con el resto para conseguir que la sociedad sepa que el lesbianismo existe en todos los ámbitos. Además, hay que tener en cuenta que cuando se parte de una visibilidad cero o escasa, salir del ámbito privado de la casa y acudir a los espacios públicos fomenta y favorece el que las mujeres hagan público su lesbianismo, al tener más oportunidades de contactar con otras realidades y con más diversidad de personas que les pueden aportar unos apoyos imprescindibles.
Dada esta situación de desequilibrio entre la visibilidad privada y la pública se ve imprescindible la puesta en marcha de campañas públicas de sensibilización que aseguren a medio plazo un sistema de referencias positivas y sólidas que de confianza a las mujeres para integrar su lesbianismo como una parte más de su vida cotidiana en ámbitos tan importantes como son la política, el sindicalismo, la cultura, el deporte, los medios de comunicación y la empresa.
Los contextos sociales donde las lesbianas se tienen que hacer visibles actúan con bastantes limitaciones porque se mueven con una inercia heterosexista y unas expectativas sociales que son contrarias a los intereses de las lesbianas. En consecuencia éstas, para alcanzar cuotas de visibilidad aceptables, tienen continuamente que negociar, construir y manejar su lesbianismo en grupos sociales que no tienen rituales, normas o modelos para las situaciones que plantean, viéndose obligadas de forma constante a cuestionar y romper guiones de vida preestablecidos para reinventarlos de nuevo y adaptarlos a sus circunstancias. Esto ocurre de forma independiente al contexto que se trate: la familia, la cuadrilla de amigos/as, el trabajo, el sistema educativo, el vecindario, etc.
Un contexto importante es la familia de origen que se revela como un espacio vital para las jóvenes lesbianas por los fuertes sentimientos de apego que establecen con sus madres y padres y por la tardanza en abandonar el hogar parental. Esta cuestión hace que el revelar el lesbianismo en sus familias sea un asunto de gran importancia para ellas, capaces de subordinar su felicidad a este hecho. Esta vivencia es desconocida por madres y padres, que ignoran, por lo general, todo lo relacionado con el lesbianismo y sobre la etapa larga, difícil y llena de miedos e incertidumbres, por la que su hija pasa para aceptar y hacer visible su orientación. Bien por desconocimiento o porque no quieren admitir el lesbianismo de sus hijas, generalmente, padres y madres no intervienen en el desarrollo afectivo y sexual de sus hijas adolescentes y jóvenes, y en consecuencia dejan de ser para ellas la fuente de apoyo y reconocimiento que tienen que buscar en otros lugares como es el “ambiente” o la asociación LGTB. Es preciso que los programas de apoyo e intervención familiar públicos tengan en cuenta la orientación sexual de las personas, porque esta es una fuente de conflictos familiares, a menudo, muy encubierto y porque se necesita fomentar la diversidad sexual en el interior de las familias.
El mundo de la educación, tanto formal como no formal, es otro ámbito de gran importancia ya que actúa, en muchos sentidos, como un alargamiento de la educación hacia la heterosexualidad normalizada que las mujeres empiezan a recibir en sus familias y que invisibiliza el lesbianismo. Existen serias limitaciones que en la actualidad impiden que este ámbito sea un espacio favorecedor de la visibilidad de las mujeres lesbianas que pasan por él.
Se vuelve imprescindible trabajar en el ámbito de la educación formal y no formal fomentando medidas que aseguren el desarrollo positivo de la personalidad de adolescentes y jóvenes lesbianas y gays y que eviten los acosos morales y agresiones físicas a las que a menudo son expuestas/os. Medidas tan necesarias como:
1. Incluir de forma sistemática los contenidos sobre diversidad de orientaciones sexuales y de género en los curriculums de todos los estudios y niveles educativos, en todos los centros docentes de Euskadi, públicos, concertados y privados
2. Incorporar el conocimiento de la diversidad sexual y contenidos sobre identidad de género e identidad sexual en la formación continuada de todo el personal docente.
3. Impulsar seminarios de formación en la diversidad sexual para las asociaciones de madres y padres de alumnos/as.
4. Fomentar convenios de colaboración entre entidades educativas, culturales y de tiempo libre y las asociaciones LGTB. En esta línea dotar de apoyos y recursos a los organismos que elaboren proyectos educativos tratando la diversidad de orientaciones .
5. Facilitar la visibilidad del profesorado homosexual y lesbiano para que el alumnado tenga referencias cercanas y positivas de carácter lésbico y gay, y que les sirva de apoyo en momentos críticos
6. Trabajar en valores de transformación social desde el campo del Tiempo Libre impulsando la formación en la tolerancia y la diversidad sexual a los diversos agentes que intervienen en él.
En el entorno laboral hay que destacar que sólo un 7% de lesbianas, frente a un 16% de gays, hacen pública su condición sexual.. Esta diferencia en los niveles de visibilidad se relaciona inevitablemente con la marcada discriminación sexista que existe en el mundo laboral.
Las reticencias de las mujeres para hacer público su lesbianismo revelan que las manifestaciones de discriminación y homofobia son todavía demasiado habituales en los lugares de trabajo y que hechos como la falta de despidos por opción sexual y de denuncias por discriminación laboral no pueden ser interpretados como ausencia de lesbofobia y homofobia.
Un número elevado de mujeres ocultan su lesbianismo en el trabajos porque les preocupa, más que el despido, el ser objeto de cotilleo, el sentirse el centro de atención y los comentarios jocosos acerca de su sexualidad. No hay que obviar, sin embargo, que hay un sector importante de mujeres con trabajos más precarios e inestables, que sí se ocultan por temor al despido. Del mismo modo, el ocupar cargos directivos en las empresas no asegura una mayor visibilidad.
Trabajar en la administración pública, contar con directrices objetivas que regulen las relaciones funcionales y jerárquicas de la empresa y que éstas tengan un número grande de trabajadores/as, son características que favorecen la visibilidad de las lesbianas.
Tener “pluma” puede facilitar la visibilidad a ciertas mujeres en la medida en que no hay lugar para presunciones de heterosexualidad por parte de sus compañeros y compañeras, pero la pluma puede convertirse también en un elemento discriminatorio en la contratación y selección de personal en sectores laborales tradicionalmente femeninos.
En el ámbito laboral se hace necesario un compromiso más explícito por parte del conjunto de fuerzas sindicales en el impulso de campañas divulgativas que fomenten la visibilidad real de lesbianas y gays en sus lugares de trabajo. De igual forma en las campañas que se realicen contra la discriminación sexista en el trabajo debería incluirse el criterio de la orientación lésbica con el fin de facilitar de forma específica la visibilidad de aquellas mujeres que son lesbianas. Así mismo y por parte de las administraciones públicas, sería recomendable la realización de una guía de buenas prácticas empresariales y de relaciones laborales que incluyan recomendaciones para la no discriminación de lesbianas y gays.
Entre los factores que facilitan la visibilidad de las mujeres lesbianas están: los avances sociales y legales, el disponer de referencias positivas a través de los mass media, las asociaciones LGTB y feministas, las migraciones, el “ambiente” lésbico, los Chat de lesbianas que existen en Internet, y en general aquellos factores que favorecen los procesos de descubrimiento y aceptación del lesbianismo, el encuentro con otras lesbianas, la adquisición de un mayor conocimiento sobre la propia sexualidad, la realización de actividades lúdicas y culturales, el emparejamiento y la sensibilización sobre los derechos de las mujeres y las lesbianas. Hay que destacar entre estos factores: 1) disponer de un círculo de amigas lesbianas; 2) tener una actitud crítica respecto a las normas sobre sexualidad y los papeles tradicionales de género.
La maternidad ha invisibilizado durante muchos años a las mujeres lesbianas, al ser el producto de matrimonios no deseados donde los hijos se convirtieron en una de las razones para renunciar o postergar el deseo lésbico. No obstante la situación ha cambiado y la visibilidad lésbica hoy día se hace inevitable cuando se accede a la maternidad de una forma libre como es el caso de muchas de las actuales madres lesbianas, que tienen hijos, fundamentalmente, a través de la reproducción asistida. Éstas acceden a una visibilidad que no es correspondida con el mismo nivel de compromiso por parte de las instituciones públicas, las cuales, a día de hoy, presentan bastantes vacíos en sus protocolos de actuación para adecuarse a las necesidades de las familias lésbicas.
Si importante es no homogeneizar las experiencias de gays y lesbianas también lo es no hacerlo respecto a las diferentes situaciones sociales en las que viven las mujeres. Cada una de estas situaciones hará referencia a unas necesidades y unas circunstancias específicas que hacen variar el modo en cómo las mujeres gestionan la visibilidad lesbiana. Se revelan como preocupantes las situaciones de ciertos sectores de lesbianas en los que: 1) la exclusión y vulnerabilidad social son grandes, 2) resulta más costoso el reconocimiento del lesbianismo tanto por parte de sus entornos inmediatos como de los servicios sociales a los que acuden y 3) se cuenta con menores oportunidades de obtención de recursos de socialización lésbica. La visibilidad del lesbianismo puede ser nula o muy deficiente en los siguientes sectores de mujeres: 1) mayores, 2) inmigrantes, 3) de etnia gitana, 4) que tienen algún tipo de discapacidad bien física o psíquica, 5) mujeres casadas en matrimonio heterosexual, y 6) transexuales femeninas. Frente a esta situación, sería conveniente que las instituciones del ámbito del bienestar social incluyera en sus protocolos de intervención el criterio de exclusión y vulnerabilidad social por orientación social, de forma que los diversos agentes que trabajan en este campo consideren que, para conseguir la mejora de la calidad de vida de las personas también puede ser importante tener en cuenta las formas en cómo viven su sexualidad. Así mismo se ve importante el impulso y la creación de líneas de subvención a las entidades LGTB que faciliten especialmente la integración y la cohesión social de los sectores de lesbianas, gays y transexuales mayores, inmigrantes, de etnia gitana, que tienen discapacidad, y que están casadas en matrimonio heterosexual.
En estas tres últimas décadas se han dado importantes avances en la visibilidad de las mujeres lesbianas. Este hecho se deja notar especialmente en las lesbianas jóvenes más dispuestas a manifestar públicamente su condición. La coyuntura social y legal en la que viven desde que descubren su deseo lésbico posibilita que el proceso de asunción del lesbianismo sea más rápido y fácil y que cuenten con recursos más numerosos y diversos para que este proceso no les marque ni la adolescencia ni la juventud de manera tan profunda como a las lesbianas de décadas pasadas.
Pero el análisis de la situación de la juventud lesbiana no puede hacerse sólo en base a la percepción de estos avances, y partiendo de los logros conseguidos habrá que analizar por qué en la actualidad todavía es corriente para muchas mujeres que el despertar de su sexualidad no coincida con la aceptación positiva de su lesbianismo y que tras su descubrimiento a muchas de ellas les siga quedando un largo camino lleno de soledades, falta de referencias positivas y silencios. Hay cuestiones fundamentales, como son estas últimas, que todavía no han cambiado, con lo que la sociedad y sus diversas instancias socializadoras siguen teniendo grandes retos de cara a lograr la igualdad real con independencia de la opción sexual.
La sociedad sigue siendo un ámbito limitador y en ocasiones negativo para el desenvolvimiento del lesbianismo en términos de igualdad, libertad y dignidad. La invisibilidad o la “visibilidad sugerida de manera negativa”, sigue siendo un mecanismo fundamental que fomenta el alejamiento de las lesbianas de los espacios públicos. La evolución de la visibilidad social de las mujeres lesbianas parece tener su “techo de cristal” que impide avanzar en correspondencia a lo que socialmente y legalmente se ha logrado en los derechos tanto de las mujeres como de gays y lesbianas. Alcanzar mayores cuotas de visibilidad y aceptación de la sexualidad entre mujeres no puede ser únicamente responsabilidad de éstas, en este sentido es la misma sociedad quien, desde todos sus ámbitos legislativo y jurídico, laboral, sanitario, educativo y formativo, cultural y de ocio, comunicativo, participativo y solidario, tiene que articular y dotarse de mecanismos para avanzar en la comprensión del lesbianismo.
Resulta imprescindible entender que el logro de una sociedad cada día más cohesionada y respetuosa con la diversidad afectiva, sentimental y sexual de las personas se tiene que corresponder con la igualdad entre las mujeres y los hombres y que si esta no se da, toda aceptación, respeto y niveles de visibilidad que se logre para el colectivo de gays y lesbianas será más deficiente para éstas que para los primeros.
Conseguir una sexualidad que para las mujeres sea cada día más grata, placentera, libre de coerciones y reconocida pública y socialmente, es fundamental para facilitar la visibilidad de las lesbianas. Este logro no será posible si en las agendas de trabajo de las diferentes entidades públicas y privadas no se incluye, como una parte más de los derechos humanos de las mujeres, el debate sobre los derechos sexuales y de orientación sexual.
© Inmaculada Mujika Flores, ALDARTE
Fuente: http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/visibilidad%20castellano.pdf
ALDARTE
Fuente: http://www.aldarte.org
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