Necesito un coche pero ya
Creo recordar que en la película Crash a dos de los personajes los deja tirados el coche. Uno de ellos no quiere subirse a un autobús y explica a su compañero que el autobús es un invento del hombre blanco para humillar al hombre afroamericano que se ve obligado a cogerlo. Ese momento de la película cruzo mi mente el otro día cuando iba en un autobús camino de Jamaica (Queens), sentada en mi asiento cómodamente y una señora mayor paso junto a mí. En cuestión de segundos me acordé de la película, pensé en dejarle mi sitio porque soy por lo menos treinta años más joven mientras dos hombres hispanos que estaban sentados en frente se hacían los locos y me dio también tiempo a acordarme de la semana pasada cuando una adolescente embarazada se subió en el bus que me llevaba a Hempstead, que iba abarrotaito, y nadie se levantó para dejar que se sentase. Mientras yo miraba a los dos hispanos preguntándome: “¿donde están los buenos modales? ¿de qué os sirve hablar de mujeres a todas horas si luego os pasáis por el forrillo cosas básicas como dejar que una mujer mayor se siente o que una embarazada por muy joven o muy afroamericana que sea vaya de pie?”, un muchacho hindú se levantó y le cedió su asiento a la chica.
En cualquier momento dado en el autobús vamos hispanos, afroamericanos, hindúes, caribeños, americanos, asiáticos y lo que nos echen. Muchos son de los países mas machistas que te puedas imaginar, han mamado la cultura del odio y la cosificación de la mujer para justificar su odio. Por ironías de la vida, en muchos de estos países los hombres también son muy galantes y muy donjuanes, porque ser machos y demostrar lo hombres que son con una larga lista de conquistas es lo más importante para ellos. Estos últimos días en el autobús me preguntó qué está pasando, si la galantería se les pasa al llegar a este país o es sólo una vez dentro del transporte público. Porque, otra cosa no, pero en la calle bien que te sueltan exabruptos como el día que íbamos mi madre y yo por Queens camino del MOMA (hace la tira de años, cuando todavía estaban reformando el edificio en Manhattan) y un grupo de hispanos nos vieron pasar, a mí me silbaron y a mi madre le dijeron: “cuídemela bien, suegra”. Nosotras seguimos nuestro camino y después los despellejamos durante la comida en un McDonald’s. Si no se les ha olvidado como piropear a una mujer, tampoco debería olvidárseles que si hay una señora mayor o una embarazada que necesitan sentarse tienen que dejarles su sitio.
Lo mismo la rara soy yo. No voy por ahí piropeando a mujeres, ni metiéndome en si leen o no leen, ni les digo que leer es malo, ni les pregunto a dónde van o dejan de ir, si van o no solas, si están casadas o no… dime tú a mí si es normal que haya tíos que se sientan en pleno derecho de hacerte el tercer grado en el autobús, que esperen impacientes una respuesta, que te exijan una respuesta y te monten un pollo si no te molestas en mirarlos a la cara. Que a mí me han dicho de todo: desde lesbiana a fea o gorda. Y no sabes cómo he tenido que morderme la lengua para no liarla porque lesbiana sí, pero tan fea y tan gorda no seré cuando me estaban haciendo tantas preguntas desde el principio ¿no crees?
Lo mismo la rara soy yo. Me enseñaron a dejarles el asiento a las personas mayores, independientemente de si esa persona es un hombre o una mujer, como también me enseñaron a dejarle el asiento a las embarazadas o a las mujeres con niños. Por muy dormida que vaya camino del trabajo o muy cansada que esté camino de casa por la tarde/noche, me levanto y les dejo el asiento aunque por dentro me este cagando en los muertos del fulanito de turno que va sentado al lado con las piernas abiertas de par en par (porque se ve que necesitan ventilación en los huevos o es que los tienen enoooormes). Y por supuesto, es que no hablo con nadie. No recuerdo que me hayan enseñando a ser tan Fernando Fernán Gómez pero no hablo con nadie. A no ser que coincida con compañeras de trabajo o alguna amiga, yo paso de la gente: me coloco mis gafas de sol a lo Pantoja, cojo un libro si voy en el metro o miro por la ventana si voy en el autobús y no digo ni mu hasta mi parada. Si voy en el autobús, le doy los buenos días cuando me subo y las gracias al bajarme al/la conductor/a de turno y pare usted de contar.
Cosas como estas son las que me joden el día o por lo menos un par de horas. La prepotencia, el sentimiento de superioridad, el aquí estoy yo con mis santos cojones y vamos a ocupar sitio y medio porque los tengo enormes, el no levantarse para ceder un asiento… o me compro un coche o el día menos pensado acabo en las noticias de las 11:00 pm.
En cualquier momento dado en el autobús vamos hispanos, afroamericanos, hindúes, caribeños, americanos, asiáticos y lo que nos echen. Muchos son de los países mas machistas que te puedas imaginar, han mamado la cultura del odio y la cosificación de la mujer para justificar su odio. Por ironías de la vida, en muchos de estos países los hombres también son muy galantes y muy donjuanes, porque ser machos y demostrar lo hombres que son con una larga lista de conquistas es lo más importante para ellos. Estos últimos días en el autobús me preguntó qué está pasando, si la galantería se les pasa al llegar a este país o es sólo una vez dentro del transporte público. Porque, otra cosa no, pero en la calle bien que te sueltan exabruptos como el día que íbamos mi madre y yo por Queens camino del MOMA (hace la tira de años, cuando todavía estaban reformando el edificio en Manhattan) y un grupo de hispanos nos vieron pasar, a mí me silbaron y a mi madre le dijeron: “cuídemela bien, suegra”. Nosotras seguimos nuestro camino y después los despellejamos durante la comida en un McDonald’s. Si no se les ha olvidado como piropear a una mujer, tampoco debería olvidárseles que si hay una señora mayor o una embarazada que necesitan sentarse tienen que dejarles su sitio.
Lo mismo la rara soy yo. No voy por ahí piropeando a mujeres, ni metiéndome en si leen o no leen, ni les digo que leer es malo, ni les pregunto a dónde van o dejan de ir, si van o no solas, si están casadas o no… dime tú a mí si es normal que haya tíos que se sientan en pleno derecho de hacerte el tercer grado en el autobús, que esperen impacientes una respuesta, que te exijan una respuesta y te monten un pollo si no te molestas en mirarlos a la cara. Que a mí me han dicho de todo: desde lesbiana a fea o gorda. Y no sabes cómo he tenido que morderme la lengua para no liarla porque lesbiana sí, pero tan fea y tan gorda no seré cuando me estaban haciendo tantas preguntas desde el principio ¿no crees?
Lo mismo la rara soy yo. Me enseñaron a dejarles el asiento a las personas mayores, independientemente de si esa persona es un hombre o una mujer, como también me enseñaron a dejarle el asiento a las embarazadas o a las mujeres con niños. Por muy dormida que vaya camino del trabajo o muy cansada que esté camino de casa por la tarde/noche, me levanto y les dejo el asiento aunque por dentro me este cagando en los muertos del fulanito de turno que va sentado al lado con las piernas abiertas de par en par (porque se ve que necesitan ventilación en los huevos o es que los tienen enoooormes). Y por supuesto, es que no hablo con nadie. No recuerdo que me hayan enseñando a ser tan Fernando Fernán Gómez pero no hablo con nadie. A no ser que coincida con compañeras de trabajo o alguna amiga, yo paso de la gente: me coloco mis gafas de sol a lo Pantoja, cojo un libro si voy en el metro o miro por la ventana si voy en el autobús y no digo ni mu hasta mi parada. Si voy en el autobús, le doy los buenos días cuando me subo y las gracias al bajarme al/la conductor/a de turno y pare usted de contar.
Cosas como estas son las que me joden el día o por lo menos un par de horas. La prepotencia, el sentimiento de superioridad, el aquí estoy yo con mis santos cojones y vamos a ocupar sitio y medio porque los tengo enormes, el no levantarse para ceder un asiento… o me compro un coche o el día menos pensado acabo en las noticias de las 11:00 pm.
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