Sólo en América

Desde que llegué a EEUU me he reído con advertencias innecesarias como: “al abrir esta botella asegúrese de que el tapón no apunta a su cara” o “cuidado, este café está CALIENTE”. Por supuesto, detrás de cada advertencia hay una historia de denuncias y procesos legales que o bien las empresas han sufrido o intentan evitarse – ya se sabe que los norteamericanos son famosos por llevar cualquier tontería a los tribunales.

La última parida judicial es la de un hombre que está llevando a juicio al novio de su ex mujer por haberse liado con ella cuando ellos estaban separados. El ex marido es el dueño de un concesionario de coches. El novio es un cirujano plástico. El dueño del concesionario le pide al cirujano la irrisoria suma de $50,000 por haber seducido a su todavía mujer con regalos caros haciendo que ello no estuviese emocionalmente disponible ni abierta a una reconciliación marital. La verdad es que no se si reírme o llorar pero que tu ex pareja te tase como si fueses un coche o una casa que otra persona haya estado usando sin su permiso es triste, es patético y no deja de ser tremendo.

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