Misterios sin resolver

Anoche fue la cita mensual con un grupo de butches y femmes en Manhattan. Una de tantas, lo de ayer era simplemente tomar unas copas con un número de amigas, conocidas y extrañas que cambia de mes a mes. De vuelta a casa me chupé casi una hora de espera en Penn Station y los últimos 20 minutos de pie. Yo estaba sentada en mi área de espera del LIRR esperando a que se me bajase un poco el vodka y haciendo cuenta mental de cuánto me había pasado con los nachos (estoy a dieta baja en carbohidratos desde hace unas semanas). Vi llegar a un empleado del LIRR con una mujer en silla de ruedas. Al principio pensé que estaba buscando a alguien, después me di cuenta de que quería un asiento y nadie se levantaba así que me levanté, le aseguré que no me importaba esperar de pie y me fui a la zona donde están los horarios de los trenes que llegan y salen. 20 minutos que estuve esperando cargada como una mula porque me había pasado el día haciendo recados y por la tarde me dio lugar a pasar por Whole Foods a comprar comida y el LGBT Community Center (208 W 13th Street) a coger revistas, condones y dental dams.

Total que mi tren llega, busco un asiento, coloco las bolsas, me pongo a mirar las fotos que hice en Cubbyhole y de repente caigo en que soy gilipollas: ¿para qué quería esa mujer un asiento si ya estaba sentada en su silla de ruedas? De bien educada nada, lo que soy es gilipollas. Anoche levanté el pandero y me chupé una espera de cojones de pie para nada. Espacio había más que de sobra en la sala de espera para que colocase su silla al lado de alguna butaca y esperase a su tren. Anda que vaya tela. Vaya, vaya tela.

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