¿Por qué lo llaman Objeción cuando quieren decir Discriminación?
En España hay unas 2,100 farmacias que no están distribuyendo la píldora del día después con la excusa del derecho de ejercer la objeción de conciencia que tienen los farmacéuticos (mujeres y hombres) y el personal de la farmacia. De las 21,000 farmacias que hay en España, 2,100 pueden parecer pocas. La que viva en una ciudad y tenga varias farmacias en su barrio, no tendrá problema – sólo el inconveniente de tener que buscar otra farmacia. La que viva en un pueblo donde haya sólo una farmacia ¿qué? ¿tiene que apechugar si se queda embarazada porque al farmacéutico o farmacéutica de turno se le antoje no venderle la píldora del día después?
No entiendo que el gobierno permita que farmacéuticos, médicos (mujeres y hombres) o enfermeros (mujeres y hombres) se declaren objetores. Porque, ojo, lo mismo que pasa en las farmacias también pasa en los hospitales donde hay médicos de la seguridad social que se niegan a realizar abortos y donde sigue habiendo enfermeros que se dedican a ponerle mal cuerpo a las que tienen que abortar.
Esto no es objeción de conciencia. Esto es discriminación pura y dura. Por supuesto, las que pagamos el pato somos las mismas de siempre: las mujeres. ¿Qué pasaría si estos farmacéuticos se negasen a venderle una aspirina a una persona de Latinoamérica, África o Asia? Como minimo saldría en todos los periódicos y se montaría una protesta delante de la farmacia ¿no? ¿Qué pasaría si un médico se negase a atender a una persona de otra raza? Lo lógico es que lo despidieran, lo echasen del colegio de médicos y le impidiesen ejercer para los restos. Visto lo visto – médico que se cargó a una paciente en una liposucción y sólo lo han inhabilitado durante tres años – no me extraña que estos farmacéuticos y médicos se sientan en libertad de declararse moralmente superiores a mujeres que legalmente tienen derecho a recibir asistencia médico-sanitaria. Habrá quien diga: “no mujer, es que eso ya es ser racista” como si una cosa fuese más grave que otra, como si los derechos de las personas de otra raza estuvieran por encima de los derechos de una mujer (ojo, deberían estar al mismo nivel, todos deberíamos ser iguales ante la ley y en la práctica).
Si un farmacéutico, médico o enfermero tiene escrúpulos, que se hubiera dedicado a otra cosa o que se dedique a otra cosa. Nunca es tarde. Si una persona no está a gusto consigo misma siempre hay tiempo para cambiar de profesión – precisamente, por lo que ganan, farmacéuticos y médicos son los que mejor lo tienen para seguir los dictados de su conciencia, dejarlo todo de un día para otro y ponerse a estudiar otra carrera. ¿Así que donde está el problema? Que estos 2,100 farmacéuticos traspasen la farmacia y se metan a otra cosa.
No me he leído un juramento hipocrático pero se sobreentiende que no pueden discriminar por sexo, orientación sexual, raza, origen o afiliaciones políticas. ¿A qué espera el gobierno para legislar sobre el tema? Verás, que la píldora se lleva vendiendo desde el 2001 y estos casos no son nada nuevo.
Desde un punto de vista feminista, miedo me dan estos objetores. Hoy no nos quieren vender la píldora y mañana le pueden decir a nuestras hijas que no pueden comprar tampones para preservar su virginidad ya que nosotras, sus madres, que las mandamos solas a comprar tampones dejándole saber a media farmacia y parte del extranjero que la niña ya es mujer poniéndosela en bandeja a pederastas y asesinos (no olvidéis que la culpa es siempre de las madres por vestirlas como putas), no tenemos vergüenza ninguna y no podemos velar por sus intereses. Por poner que no quede: en el futuro si nos duele la cabeza y queremos algo más fuerte que una aspirina, aun yendo con receta, se pueden obcecar y soltarnos un “no, tú lo que necesitas es esto” y vendernos otra cosa – y si no la queremos nos toca irnos a otra farmacia que las tontas somos nosotras por no fiarnos del farmacéutico que, ¿cómo se nos puede haber olvidado?, está mucho mejor preparado, sabe y tiene más derechos sobre nuestro propio cuerpo que nosotras.
No entiendo que el gobierno permita que farmacéuticos, médicos (mujeres y hombres) o enfermeros (mujeres y hombres) se declaren objetores. Porque, ojo, lo mismo que pasa en las farmacias también pasa en los hospitales donde hay médicos de la seguridad social que se niegan a realizar abortos y donde sigue habiendo enfermeros que se dedican a ponerle mal cuerpo a las que tienen que abortar.
Esto no es objeción de conciencia. Esto es discriminación pura y dura. Por supuesto, las que pagamos el pato somos las mismas de siempre: las mujeres. ¿Qué pasaría si estos farmacéuticos se negasen a venderle una aspirina a una persona de Latinoamérica, África o Asia? Como minimo saldría en todos los periódicos y se montaría una protesta delante de la farmacia ¿no? ¿Qué pasaría si un médico se negase a atender a una persona de otra raza? Lo lógico es que lo despidieran, lo echasen del colegio de médicos y le impidiesen ejercer para los restos. Visto lo visto – médico que se cargó a una paciente en una liposucción y sólo lo han inhabilitado durante tres años – no me extraña que estos farmacéuticos y médicos se sientan en libertad de declararse moralmente superiores a mujeres que legalmente tienen derecho a recibir asistencia médico-sanitaria. Habrá quien diga: “no mujer, es que eso ya es ser racista” como si una cosa fuese más grave que otra, como si los derechos de las personas de otra raza estuvieran por encima de los derechos de una mujer (ojo, deberían estar al mismo nivel, todos deberíamos ser iguales ante la ley y en la práctica).
Si un farmacéutico, médico o enfermero tiene escrúpulos, que se hubiera dedicado a otra cosa o que se dedique a otra cosa. Nunca es tarde. Si una persona no está a gusto consigo misma siempre hay tiempo para cambiar de profesión – precisamente, por lo que ganan, farmacéuticos y médicos son los que mejor lo tienen para seguir los dictados de su conciencia, dejarlo todo de un día para otro y ponerse a estudiar otra carrera. ¿Así que donde está el problema? Que estos 2,100 farmacéuticos traspasen la farmacia y se metan a otra cosa.
No me he leído un juramento hipocrático pero se sobreentiende que no pueden discriminar por sexo, orientación sexual, raza, origen o afiliaciones políticas. ¿A qué espera el gobierno para legislar sobre el tema? Verás, que la píldora se lleva vendiendo desde el 2001 y estos casos no son nada nuevo.
Desde un punto de vista feminista, miedo me dan estos objetores. Hoy no nos quieren vender la píldora y mañana le pueden decir a nuestras hijas que no pueden comprar tampones para preservar su virginidad ya que nosotras, sus madres, que las mandamos solas a comprar tampones dejándole saber a media farmacia y parte del extranjero que la niña ya es mujer poniéndosela en bandeja a pederastas y asesinos (no olvidéis que la culpa es siempre de las madres por vestirlas como putas), no tenemos vergüenza ninguna y no podemos velar por sus intereses. Por poner que no quede: en el futuro si nos duele la cabeza y queremos algo más fuerte que una aspirina, aun yendo con receta, se pueden obcecar y soltarnos un “no, tú lo que necesitas es esto” y vendernos otra cosa – y si no la queremos nos toca irnos a otra farmacia que las tontas somos nosotras por no fiarnos del farmacéutico que, ¿cómo se nos puede haber olvidado?, está mucho mejor preparado, sabe y tiene más derechos sobre nuestro propio cuerpo que nosotras.
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