El baúl de los recuerdos
* * editado el 5 de mayo del 2010 para admitir que al final me he rendido; me he dicho: “si no puedes con tu enemigo únete a él” y al final no sólo tengo perfil público en Facebook sino también una página de fans.
Llevo una temporadita alucinando con la memoria selectiva de alguna gente. Facebook es mucho menos privado que MySpace, V de Visibles u otros perfiles/redes sociales. De por sí el sistema da más información sobre lo que hace el otro usuario y yo paso de tenerlo sólo para hacer propaganda de mis libros como hacen otros escritores. Yo tengo Facebook pa’estar en contacto con mis amig@s dando pelos, señales y demasiada información sobre mi vida y milagros porque soy Maraquilla Terremoto y casi to’lo cuento (sea cómo tengo el cutis después de una noche de pasión loca sea que lleve todo el día con unos pantalones de terciopelo rojos ajustados cantándome todo el repertorio de Britney Spears mientras limpio la cocina). En la categoría de amig@s meto a gente de veinte países a l@s que conozco en la vida real y de l@s que tengo un buen recuerdo, compañer@s de trabajo, gente con la que colaboro últimamente (ONGs, escritores, voluntarios, etc) o con la que tengo cosas en común (feminismos, lesbianismos, politiquismos variados) y a través de esa colaboración y/o ese factor en común ya vemos cogió amistá.
Dejando al margen a las de gente a la que no conozco de nada, me han llegado invitaciones para conectar de lo más variopintas. Desde compañeras de clase de las que nos reíamos en el colegio por su acento o por la ropa estrambótica que llevaban (si no recuerdo mal, en su cara ie sabían perfectamente que nos reíamos de ellas y aquello fue un drama) pasando por anormales que se pasaron los 3 o 4 años de BUP y COU o ignorándome o llamándome “muerto” o que intentaron meterme mano en el cuarto de baño durante el recreo (porque no hay término medio {por lo visto lo de o Juan o Juanillo es algo cordobés, no sólo mío}), personas con l@s que llevaba sin hablar veinte siglos o alguna que otra ex (como una a la que a veces tardo en devolverle las llamadas semanas {se-ma-nas} y la tía no lo coge: no entiende que no es una prioridad en mi vida, que no la tengo en mi círculo de amigas y que no la voy a añadir a Facebook ni hoy, ni mañana ni en el 2015).
No me da la gana de aceptar invitaciones a conectar de cualquiera porque el mundo está lleno de loc@s. No sé si (como dice una amiga) será que Nueva York es muy goloso y por eso a mucha gente se le olvida que llevamos siglos sin hablar por X razones y que tengo todo el derecho del mundo a no reabrir puertas que cerramos mutua o unilateralmente. Para mí el pasado está en el pasado – vamos, que no dedico mi tiempo a pensar en si este o aquella fueron unos hijos de puta ni a desearles lo peor – pero eso no significa que no recuerde perfectamente ciertas cosas o que, a la vejez viruelas, tenga el más mínimo interés en dejar que una persona tóxica entre de nuevo en mi vida. ¿Qué gano yo con retomar el contacto con cualquiera de los que me están mandando invitaciones...? absolutamente nada. La vida es muy corta para perder tiempo con hipócritas, vampiros emocionales, narcisistas, mentirosos compulsivos, sanguijuelas, machistas, bocazas, manipuladores y demás fauna con memoria selectiva.
La cosa es que te llega una invitación a conectar de esas, te partes de risa con el morro que tienen algún@s, le das a ignorar la invitación y te dejan mensajes en el móvil o te mandan mensajes privados en plan: “oye perra ¿por qué no me añades en el Facebook? Sólo era pa’ver cómo estás ¿quién te crees que eres?” que dan ganas de contestar con un “si quieres saber cómo me va la vida góogleame bonita” pero al final pasas de hacerlo para no darles cuerda. ¿Borde yo? Más que Fernando Fernán Gómez y también más chula que un ocho; pero no de ahora sino de siempre, luego no entiendo que la gente se extrañe. Verás, que yo no soy una santa pero no voy por ahí buscando en el baúl de los recuerdos a ver a quién más puedo añadir a mi Facebook para que parezca que tengo más amigos que el niño del anuncio de Donetes sin caer en la cuenta de que aquella me caía fatal o la última vez que vi a tal persona nos llamamos de todo menos bonitos y demás movidas que todos hemos tenido en algún momento.
Llevo una temporadita alucinando con la memoria selectiva de alguna gente. Facebook es mucho menos privado que MySpace, V de Visibles u otros perfiles/redes sociales. De por sí el sistema da más información sobre lo que hace el otro usuario y yo paso de tenerlo sólo para hacer propaganda de mis libros como hacen otros escritores. Yo tengo Facebook pa’estar en contacto con mis amig@s dando pelos, señales y demasiada información sobre mi vida y milagros porque soy Maraquilla Terremoto y casi to’lo cuento (sea cómo tengo el cutis después de una noche de pasión loca sea que lleve todo el día con unos pantalones de terciopelo rojos ajustados cantándome todo el repertorio de Britney Spears mientras limpio la cocina). En la categoría de amig@s meto a gente de veinte países a l@s que conozco en la vida real y de l@s que tengo un buen recuerdo, compañer@s de trabajo, gente con la que colaboro últimamente (ONGs, escritores, voluntarios, etc) o con la que tengo cosas en común (feminismos, lesbianismos, politiquismos variados) y a través de esa colaboración y/o ese factor en común ya vemos cogió amistá.
Dejando al margen a las de gente a la que no conozco de nada, me han llegado invitaciones para conectar de lo más variopintas. Desde compañeras de clase de las que nos reíamos en el colegio por su acento o por la ropa estrambótica que llevaban (si no recuerdo mal, en su cara ie sabían perfectamente que nos reíamos de ellas y aquello fue un drama) pasando por anormales que se pasaron los 3 o 4 años de BUP y COU o ignorándome o llamándome “muerto” o que intentaron meterme mano en el cuarto de baño durante el recreo (porque no hay término medio {por lo visto lo de o Juan o Juanillo es algo cordobés, no sólo mío}), personas con l@s que llevaba sin hablar veinte siglos o alguna que otra ex (como una a la que a veces tardo en devolverle las llamadas semanas {se-ma-nas} y la tía no lo coge: no entiende que no es una prioridad en mi vida, que no la tengo en mi círculo de amigas y que no la voy a añadir a Facebook ni hoy, ni mañana ni en el 2015).
No me da la gana de aceptar invitaciones a conectar de cualquiera porque el mundo está lleno de loc@s. No sé si (como dice una amiga) será que Nueva York es muy goloso y por eso a mucha gente se le olvida que llevamos siglos sin hablar por X razones y que tengo todo el derecho del mundo a no reabrir puertas que cerramos mutua o unilateralmente. Para mí el pasado está en el pasado – vamos, que no dedico mi tiempo a pensar en si este o aquella fueron unos hijos de puta ni a desearles lo peor – pero eso no significa que no recuerde perfectamente ciertas cosas o que, a la vejez viruelas, tenga el más mínimo interés en dejar que una persona tóxica entre de nuevo en mi vida. ¿Qué gano yo con retomar el contacto con cualquiera de los que me están mandando invitaciones...? absolutamente nada. La vida es muy corta para perder tiempo con hipócritas, vampiros emocionales, narcisistas, mentirosos compulsivos, sanguijuelas, machistas, bocazas, manipuladores y demás fauna con memoria selectiva.
La cosa es que te llega una invitación a conectar de esas, te partes de risa con el morro que tienen algún@s, le das a ignorar la invitación y te dejan mensajes en el móvil o te mandan mensajes privados en plan: “oye perra ¿por qué no me añades en el Facebook? Sólo era pa’ver cómo estás ¿quién te crees que eres?” que dan ganas de contestar con un “si quieres saber cómo me va la vida góogleame bonita” pero al final pasas de hacerlo para no darles cuerda. ¿Borde yo? Más que Fernando Fernán Gómez y también más chula que un ocho; pero no de ahora sino de siempre, luego no entiendo que la gente se extrañe. Verás, que yo no soy una santa pero no voy por ahí buscando en el baúl de los recuerdos a ver a quién más puedo añadir a mi Facebook para que parezca que tengo más amigos que el niño del anuncio de Donetes sin caer en la cuenta de que aquella me caía fatal o la última vez que vi a tal persona nos llamamos de todo menos bonitos y demás movidas que todos hemos tenido en algún momento.
Comments
Post a Comment