Me traiciona el subconsciente

El fin de semana pasado tuve un sueño que parecía sacado de cualquier película de las de amor y lujo que ponían hace la tira de tiempo en la sobremesa en Antena 3 y/o de cualquier novela romántica de esas que creciendo jamás entraron en mi casa (salvo regalo puntual de alguna despistada) y a las que a la vejez viruelas me he aficionado porque me las dan gratis por rellenar encuestas chorra sobre mis hábitos de lectura. En el sueño yo estaba casada con una butch catalana, pero vivíamos en un pueblo pequeñito de Asturias o Galicia. No sé si teníamos el bar del pueblo en propiedad, si lo regentábamos o si simplemente nos pasábamos allí todo el día. La cosa es que al pueblo llegaba una mujer hetero maltratada que necesitaba ayuda para esconderse de su ex. Le ayudamos a encontrar trabajo y ella como agradecimiento nos cocinó un par de veces. Poco a poco la tía empezó a metamorfosearse en una versión de mí: usando mi ropa, mi perfume, mi forma de hablar… no se peinó igual porque ahora mismo tengo el pelo largo (entre el sujetador y el culo) y ella lo tenía corto. La gota que colmó el vaso fue que le cocinase a mi mujer una de las pocas cosas que yo cocino y oírle decir a mi mujer: “ojala mi María fuese más como tú”. A mi mujer le monté un pollo en el bar delante de todo el pueblo diciéndole que como me soltase algo así le pedía el divorcio. A la otra le pegué tres guantazos y le dije que iba a averiguar quién era de verdad y de qué se escondía. No me dio lugar a contar nada porque en la ida o la venida de averiguar quién era la otra me maté en un accidente de tráfico porque me había cortado los frenos del coche.

Un sueño o una pesadilla tremenda que me dejó tocada parte del día pensando “toma ya la feminista que no entiende que haya mujeres hetero que no ayuden a mujeres maltratadas pa’que no les levanten a los maridos. Mira tú por dónde has salido”. Amén de que mientras miraba bolsos y zapatos en Chinatown me comía la olla pensando a ver por qué había soñado con esa butch si en la vida real no nos conocemos nada más que de internet y estoy intentando que corra el aire para que no se obsesione conmigo. En definitiva, menester es que deje las galletas de chocolate y la Pepsi y las películas de amor y lujo y las novelas rosas y los programas de crímenes truculentos. “La otra” es una mujer de la que se ha hecho una película porque en la vida real se cargó a la esposa de su amante y se libró de ir a la cárcel después de darle cuarenta y tantos hachazos en defensa propia porque en el juicio demostraron que había estado reprimida toda la vida (madre autoritaria, padre que la violaba, presión de sus padres, familia y sociedad en general para entrar dentro del molde o categoría de “buena chica”, etc), al atacarla la otra con un hacha no pudo más y soltó toda la frustración acumulada.

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