Lo que los hombres te dicen de las mujeres cuando piensan que nunca has sido una
* * traducción libre de un artículo de Levi Pine publicado en la web de Bilerico. El enlace directo es este: http://www.bilerico.com/2012/04/what_men_say_about_women_when_they_think_youve_nev.php
Soy un hombre trans que lleva hormonándose unos 5 meses. Mi voz es más grave y, aunque suave, tengo barba. Como resultado de estos cambios, he empezado a ser visto como un hombre casi todo el tiempo. Es algo nuevo y es mucho que digerir.
A menudo me preguntan si soy tratado de una forma diferente por verme como a un hombre a la forma en la que me trataban cuando me veían como a una mujer. Mmmm quizá. La verdad es que hay demasiadas formas de interacción humana para saber cuales están directamente relacionadas con cómo reaccione la gente a mi género.
Dentro de la forma en la que el mundo reacciona ante mí, hay una diferencia muy dura y tangible: el tipo de cosas de la que me hablan los hombres (en especial los hombres heterosexuales cis).
Los hombres dicen cosas horribles y vomitivas sobre las mujeres cuando piensan que nunca has sido una.
Algunos ejemplos:
1. “¿QUÉ HACE ESA GUARRA MENDIGANDO? ¿NO SABE QUE PUEDE VENDER SU COÑO?”
Eso me lo dijo un taxista mientras me llevaba al aeropuerto de New Orleans a las 4 de la mañana. En aquella media hora aprendí muchas cosas sobre él. Era un afroamericano y republicano cuya vida cambió para siempre con Katrina en el 2005. Hizo un montón de comentarios sobre l@s turistas blanc@s que estaban visitando la ciudad por Mardi Gras (uno de l@s cuales era yo y él lo sabia) y las cosas que a l@s blanc@s les está permitido pero que a él y a muchas personas que él conoce les costaría la cárcel. Cuando me soltó la perla que pongo arriba, ya había dicho que desconfiaba de mí casi categóricamente. No le culpé. Y, tropezándome con mi sentimiento de culpa por mi raza y clase y medio dormido por la hora, no dije nada sobre esa perla.
2. “¿QUÉ ES BLANCO Y AZUL Y NO LE GUSTA EL SEXO? LA NIÑA DE 8 AÑOS QUE TENGO EN EL MALETERO”.
Eso es un chiste que alguien me contó hace unos fines de semana cuando nos fuimos de escalada. De píe, preparado para cogerme asegurándose de que no me cayera y me abriera la cabeza mientras yo escalaba, él me dijo que no pasaba nada porque el chiste no era suyo. También me estaba dando muchos consejos útiles sobre escalada. En lugar de arriesgarme a quedar como un desagradecido por sus consejos, no le dije nada sobre el chiste.
3. “ESA ZORRA____________”.
Esta frase puede ser acabada o reorganizada de muchas formas: “esa zorra es estúpida”, “la boca de esa zorra se vería mucho mejor con mi polla dentro”, “no le hagas caso, sólo es una zorra”. La gente me ha dicho todas y cada una de estas frases.
“Zorra” es una palabra opresiva. Presenta a las mujeres como imbéciles, incapaces y sumisas. Las mujeres se convierten en “zorras” cuando desafían el privilegio masculino, cuando son asertivas o autónomas o no lo suficientemente deferenciales. Las “zorras” son también objetos manipulables por los hombres para gratificación sexual del hombre.
Otra cosa igualmente – si no más – perturbadora es que no sólo los hombres hablan entre ellos de las mujeres como zorras. Las mujeres también lo hacen. Y no quiero decir en un “qué puta eres” entre amigas, sino en plan “debería dejar de ser tan zorra y acostarse con él de una vez”. Las mujeres participan en esto por algún tipo de mierda internalizada – como si quisieran demostrarme su servilismo o enseñarme que no son una amenaza para mi privilegio masculino.
Dentro de nuestras comunidades radicales y queer, este tipo de comentarios llaman la atención y no la llaman. Lo que me parece digno de destacar es el hecho de que es sólo ahora cuando las oigo de personas reales en tiempo real en lugar de sólo en canciones o en la cultura pop. Esto quiere decir que las personas que han empezado a utilizar este lenguaje lo hacen porque han empezado a verme como a uno más del grupo y antes no me decían este tipo de cosa porque me veían como a una mujer y entendían hasta cierto punto lo jodido de este lenguaje así que se contenían para no ofenderme.
Una vez me peleé con un amigo mío (blanco) que había tomado la costumbre de decir “n*gger” a todas horas. Él insistía en que nunca lo diría en frente de una persona afroamericana. Yo le pregunté por qué no. Él me dijo que hacerlo sería totalmente inapropiado. Le pregunté por qué sería totalmente inapropiado y me dijo que porque es una palabra verdaderamente degradante y ofensiva. Lo es. Y cuando intentas utilizar un lenguaje degradante en privado conmigo estás asumiendo que decir cosas racialmente opresivas es menos opresivo si lo haces en privado y al mismo tiempo asumes que son algo guay. Ninguna de las dos cosas está bien.
Mi impresión es que los hombres cis me hacen este tipo de comentarios con la intención de establecer una camaradería, hacer que me sienta parte del grupo. Creo que es un impulso hacia cierta versión rara de intimidad – estableciendo nuestra realidad común como “hombres”. Desafortunadamente, la realidad descrita y producida por los comentarios que cito arriba no es la realidad en la que vivo. Digo “producida” porque, de la misma forma que decir “n*gger” en privado entre personas de raza blanca promueve el racismo, hacer este tipo de comentarios sobre las mujeres entre “sólo hombres” (que, como categoría es menos coherente cuando me incluyo) crea sexismo. Nuestras palabras se convierten en nuestros pensamientos y éstos se convierten en nuestras costumbres.
Fui demasiado cobarde para poner en su sitio a los machistas en casi todos los ejemplos de los que he hablado. Tenía miedo a revelarme como hombre trans. Tenía miedo a cómo pudieran reaccionar esos hombres si rechazaba lo que creo que era una forma de hospitalidad – una invitación al club masculino – un tanto extraña.
Esto no está bien y me comprometo a cambiar mi comportamiento. Hombres cis o trans, mujeres, etc… tod@s debemos comprometernos a no permitir tácitamente estos rituales de opresión masculina privados. Sí, tengo raíces como persona con cuerpo de mujer que se identificaba como mujer, pero no necesitas tener una historia como mujer para respetar a las mujeres.
Soy un hombre trans que lleva hormonándose unos 5 meses. Mi voz es más grave y, aunque suave, tengo barba. Como resultado de estos cambios, he empezado a ser visto como un hombre casi todo el tiempo. Es algo nuevo y es mucho que digerir.
A menudo me preguntan si soy tratado de una forma diferente por verme como a un hombre a la forma en la que me trataban cuando me veían como a una mujer. Mmmm quizá. La verdad es que hay demasiadas formas de interacción humana para saber cuales están directamente relacionadas con cómo reaccione la gente a mi género.
Dentro de la forma en la que el mundo reacciona ante mí, hay una diferencia muy dura y tangible: el tipo de cosas de la que me hablan los hombres (en especial los hombres heterosexuales cis).
Los hombres dicen cosas horribles y vomitivas sobre las mujeres cuando piensan que nunca has sido una.
Algunos ejemplos:
1. “¿QUÉ HACE ESA GUARRA MENDIGANDO? ¿NO SABE QUE PUEDE VENDER SU COÑO?”
Eso me lo dijo un taxista mientras me llevaba al aeropuerto de New Orleans a las 4 de la mañana. En aquella media hora aprendí muchas cosas sobre él. Era un afroamericano y republicano cuya vida cambió para siempre con Katrina en el 2005. Hizo un montón de comentarios sobre l@s turistas blanc@s que estaban visitando la ciudad por Mardi Gras (uno de l@s cuales era yo y él lo sabia) y las cosas que a l@s blanc@s les está permitido pero que a él y a muchas personas que él conoce les costaría la cárcel. Cuando me soltó la perla que pongo arriba, ya había dicho que desconfiaba de mí casi categóricamente. No le culpé. Y, tropezándome con mi sentimiento de culpa por mi raza y clase y medio dormido por la hora, no dije nada sobre esa perla.
2. “¿QUÉ ES BLANCO Y AZUL Y NO LE GUSTA EL SEXO? LA NIÑA DE 8 AÑOS QUE TENGO EN EL MALETERO”.
Eso es un chiste que alguien me contó hace unos fines de semana cuando nos fuimos de escalada. De píe, preparado para cogerme asegurándose de que no me cayera y me abriera la cabeza mientras yo escalaba, él me dijo que no pasaba nada porque el chiste no era suyo. También me estaba dando muchos consejos útiles sobre escalada. En lugar de arriesgarme a quedar como un desagradecido por sus consejos, no le dije nada sobre el chiste.
3. “ESA ZORRA____________”.
Esta frase puede ser acabada o reorganizada de muchas formas: “esa zorra es estúpida”, “la boca de esa zorra se vería mucho mejor con mi polla dentro”, “no le hagas caso, sólo es una zorra”. La gente me ha dicho todas y cada una de estas frases.
“Zorra” es una palabra opresiva. Presenta a las mujeres como imbéciles, incapaces y sumisas. Las mujeres se convierten en “zorras” cuando desafían el privilegio masculino, cuando son asertivas o autónomas o no lo suficientemente deferenciales. Las “zorras” son también objetos manipulables por los hombres para gratificación sexual del hombre.
Otra cosa igualmente – si no más – perturbadora es que no sólo los hombres hablan entre ellos de las mujeres como zorras. Las mujeres también lo hacen. Y no quiero decir en un “qué puta eres” entre amigas, sino en plan “debería dejar de ser tan zorra y acostarse con él de una vez”. Las mujeres participan en esto por algún tipo de mierda internalizada – como si quisieran demostrarme su servilismo o enseñarme que no son una amenaza para mi privilegio masculino.
Dentro de nuestras comunidades radicales y queer, este tipo de comentarios llaman la atención y no la llaman. Lo que me parece digno de destacar es el hecho de que es sólo ahora cuando las oigo de personas reales en tiempo real en lugar de sólo en canciones o en la cultura pop. Esto quiere decir que las personas que han empezado a utilizar este lenguaje lo hacen porque han empezado a verme como a uno más del grupo y antes no me decían este tipo de cosa porque me veían como a una mujer y entendían hasta cierto punto lo jodido de este lenguaje así que se contenían para no ofenderme.
Una vez me peleé con un amigo mío (blanco) que había tomado la costumbre de decir “n*gger” a todas horas. Él insistía en que nunca lo diría en frente de una persona afroamericana. Yo le pregunté por qué no. Él me dijo que hacerlo sería totalmente inapropiado. Le pregunté por qué sería totalmente inapropiado y me dijo que porque es una palabra verdaderamente degradante y ofensiva. Lo es. Y cuando intentas utilizar un lenguaje degradante en privado conmigo estás asumiendo que decir cosas racialmente opresivas es menos opresivo si lo haces en privado y al mismo tiempo asumes que son algo guay. Ninguna de las dos cosas está bien.
Mi impresión es que los hombres cis me hacen este tipo de comentarios con la intención de establecer una camaradería, hacer que me sienta parte del grupo. Creo que es un impulso hacia cierta versión rara de intimidad – estableciendo nuestra realidad común como “hombres”. Desafortunadamente, la realidad descrita y producida por los comentarios que cito arriba no es la realidad en la que vivo. Digo “producida” porque, de la misma forma que decir “n*gger” en privado entre personas de raza blanca promueve el racismo, hacer este tipo de comentarios sobre las mujeres entre “sólo hombres” (que, como categoría es menos coherente cuando me incluyo) crea sexismo. Nuestras palabras se convierten en nuestros pensamientos y éstos se convierten en nuestras costumbres.
Fui demasiado cobarde para poner en su sitio a los machistas en casi todos los ejemplos de los que he hablado. Tenía miedo a revelarme como hombre trans. Tenía miedo a cómo pudieran reaccionar esos hombres si rechazaba lo que creo que era una forma de hospitalidad – una invitación al club masculino – un tanto extraña.
Esto no está bien y me comprometo a cambiar mi comportamiento. Hombres cis o trans, mujeres, etc… tod@s debemos comprometernos a no permitir tácitamente estos rituales de opresión masculina privados. Sí, tengo raíces como persona con cuerpo de mujer que se identificaba como mujer, pero no necesitas tener una historia como mujer para respetar a las mujeres.
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