La mediación familiar forzada, arma de control sobre la mujer
* * Fuente: Invisibilización y desprotección de las víctimas de la violencia de género en los puntos de encuentro familiar: desmontando el SAP de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. Puedes descargártelo aquí: http://www.observatorioviolencia.org/upload_images/File/DOC1267615378_PEF_SAP.pdf
LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA MEDIACIÓN FAMILIAR POR PARTE DEL/DE LAPRETENDIDO SAP: ARMA DE CONTROL SOBRE LA MUJER.
Relacionado de forma directa con el concepto gardneriano del progenitor amistoso, como hemos visto la ideología del postmachismo ha hecho de su versión de la Mediación Familiar otra de sus armas para conseguir minar las medidas de protección a la mujer víctima de violencia y a sus hij@s con el fin de que el agresor siga manteniendo su supremacía sobre la mujer. Ello, naturalmente, en franca contradicción de los consabidos y solventes pronunciamientos de especialistas que señalan la mediación como enteramente contraproducente o por lo menos inadecuada ante los casos donde media la violencia.
Algun@s magistrad@s y psicólog@s afines o pertenecientes al Contramovimiento, siguiendo los dictámenes de Gardner consciente o inconscientemente, presentan la MF bajo la trampa disfrazada de ser un instrumento que “facilita el diálogo” y “reduce el conflicto de pareja” y la defienden con fervor frente a las leyes como la Ley Integral que según ellos criminaliza: “Hoy se está haciendo primar la resolución de los conflictos sociales por la vía de la exacerbación del enfrentamiento emocional, llegando incluso a criminalizarlo”.
Pero estos adalides del SAP provocan que la susodicha Mediación Familiar se convierta en realidad en “coacción familiar”, ya que se traduce en un instrumento intimidatorio contra la mujer que ha sufrido maltrato y que se encuentra en una posición de inferioridad de poder respecto al agresor. Los prosap difunden la idea falaz de que existe una violencia de baja intensidad fruto de la separación que puede ser solventada mediante la Mediación Familiar con el fin de llegar a acuerdos. Nada más lejos de la realidad, ya que en muchos casos lo que aparentemente parece ser un caso de un hecho aislado “leve” de violencia debido a la separación conflictiva es en realidad una señal de un maltrato habitual muy grave o incipientemente grave. Es muy frecuente que quien evalúe estas situaciones carezca de formación de calidad en la dinámica de este tipo de violencia y al mismo tiempo adolezca de prejuicios machistas asimilados inconscientemente, con lo que muy a menudo estas situaciones reales de violencia pasan desapercibidas para el sistema judicial, incluidos los PEFs.
El sociólogo Michael Flood especialista en género y masculinidad explica el trasfondo del uso perverso que de la mediación hace el Contramovimiento a nivel internacional: “Estas asociaciones critican la “ideología sexista” de los programas para maltratadores y piden un mayor uso de la mediación y la orientación familiar. Esta última recomendación es sintomática de la visión que sostienen algunos grupos de derechos de padres según la cual la violencia doméstica se entiende mejor como “disputas conyugales” donde ambas partes deben asumir su responsabilidad (Kaye & Tolmie, 1998, pp. 55 -56) más que un ejercicio sistemático de poder y control”.
La instrumentalización de la MF por parte de los grupos prosap, está teniendo como consecuencia que muchas madres se vean forzadas o coaccionadas a aceptar la MF intrajudicial o en el PEF para no ser culpabilizadas etiquetadas de “obstruccionistas”, de vengativas o que se niegan al diálogo. Sin embargo, si mientras tanto la actitud de rechazo del/de la hij@ frente al padre persiste, el o la mediador/a está informando al juzgado de este hecho interpretándolo como consecuencia del comportamiento manipulador o poco colaborador de la madre. Y así, la interpretación bajo el foco de SAP de estas situaciones en la MF se suma a la misma interpretación del informe del PEF, lo que está llevando en muchos casos a la retirada de la custodia de l@s hij@s a estas madres.
Los trabajadores y trabajadoras del PEF, si es que cuentan con alguna formación específica, algo poco frecuente, es con algún curso corto de mediación familiar, como el de la UCM, donde participa Mª Luisa Sacristán, Presidenta de APROME, gestora de un PEF, defensora a ultranza del SAP y pionera en su aplicación en los PEFs. Los organizadores de las Jornadas y cursos sobre MF hablan abiertamente de los PEF como una rama más de mediación, y el haber recibido formación en MF se valora positivamente a la hora de buscar candidatos para trabajar en el PEF.
En las Jornadas sobre PEFs, Aguilar, entre otros, habla del/de lapersonal del PEF como “mediadores”, “que hacen mucha falta”, porque según él hay cada vez más manipulaciones. En la práctica, en casos de violencia de género en los PEFs estos mediadores se convierten en ejecutores de los deseos del agresor ya que fuerzan al menor y a la mujer a tener contacto con él.
Tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento de Madrid niegan rotundamente que en las instalaciones del PEF se lleve a cabo la Mediación Familiar: “No se realizan intervenciones estructuradas, ya sean diagnósticas, psicoterapéuticas o de mediación familiar. Para realizar estas funciones existen otros centros (…)”. Sin embargo, a finales de 2006 el Ayuntamiento de Madrid organizó las “II Jornadas Municipales de Familia sobre Mediación Familiar” que incluyeron en su programa una mesa redonda sobre “La Mediación Familiar - Un espacio para la Generación de acuerdos: posibilidades y limitaciones”. Y la coordinadora de APROME-MADRID, Rosalía Hernández, defendió la ponencia rotulada “Los Puntos de Encuentro Familiar, espacios de encuentro y mediación”.
La negativa de la Comunidad y el Ayuntamiento a reconocer que en sus instalaciones del PEF se lleva cabo la mediación familiar, obedece a ocultar que con ello se están violando los tres principios fundamentales de la mediación familiar:
- La Voluntariedad de las partes para acudir a la mediación (en el PEF los progenitores son obligados mediante sentencia o medidas provisionales a acudir)
- La Confidencialidad (los informes rompen con esta premisa al igual que la transmisión de información de un progenitor a otro sin consentimiento)
- La Neutralidad del/de la mediador/a, profesional cualificado, imparcial y sin capacidad para tomar decisiones por las partes con la finalidad de facilitar el diálogo (no sólo falta formación entre los técnicos sino que, como hemos visto, su comportamiento es tendencioso y llegan incluso a sugerir su posición sobre las medidas a tomar “indicando” su diagnóstico.)
Las Asociaciones de Padres Separados, siguiendo a Gardner, han hecho de la Mediación Familiar (forzada) una de sus ideas estrella, que camuflan como supuesta alternativa a la denuncia judicial que genera o exacerba la conflictividad en la pareja. Y así han conseguido convencer a much@s profesionales relacionados con este tema, como mediadores/as. En la práctica la mediación supone una medida disuasoria para la mujer que ha sufrido maltrato a la que a menudo se le niega su condición de víctima real. A la mujer se la disuade de la denuncia como “innecesaria” y “provocadora” de mayores conflictos, por lo que su agresor y el de sus hij@s, víctimas de la violencia, queda impune; mientras que a ella y a sus descendientes se les deja en una situación de total desprotección. En realidad este es un artero ardid de los maltratadores, que el sistema lleva a cabo.
LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA MEDIACIÓN FAMILIAR POR PARTE DEL/DE LAPRETENDIDO SAP: ARMA DE CONTROL SOBRE LA MUJER.
Relacionado de forma directa con el concepto gardneriano del progenitor amistoso, como hemos visto la ideología del postmachismo ha hecho de su versión de la Mediación Familiar otra de sus armas para conseguir minar las medidas de protección a la mujer víctima de violencia y a sus hij@s con el fin de que el agresor siga manteniendo su supremacía sobre la mujer. Ello, naturalmente, en franca contradicción de los consabidos y solventes pronunciamientos de especialistas que señalan la mediación como enteramente contraproducente o por lo menos inadecuada ante los casos donde media la violencia.
Algun@s magistrad@s y psicólog@s afines o pertenecientes al Contramovimiento, siguiendo los dictámenes de Gardner consciente o inconscientemente, presentan la MF bajo la trampa disfrazada de ser un instrumento que “facilita el diálogo” y “reduce el conflicto de pareja” y la defienden con fervor frente a las leyes como la Ley Integral que según ellos criminaliza: “Hoy se está haciendo primar la resolución de los conflictos sociales por la vía de la exacerbación del enfrentamiento emocional, llegando incluso a criminalizarlo”.
Pero estos adalides del SAP provocan que la susodicha Mediación Familiar se convierta en realidad en “coacción familiar”, ya que se traduce en un instrumento intimidatorio contra la mujer que ha sufrido maltrato y que se encuentra en una posición de inferioridad de poder respecto al agresor. Los prosap difunden la idea falaz de que existe una violencia de baja intensidad fruto de la separación que puede ser solventada mediante la Mediación Familiar con el fin de llegar a acuerdos. Nada más lejos de la realidad, ya que en muchos casos lo que aparentemente parece ser un caso de un hecho aislado “leve” de violencia debido a la separación conflictiva es en realidad una señal de un maltrato habitual muy grave o incipientemente grave. Es muy frecuente que quien evalúe estas situaciones carezca de formación de calidad en la dinámica de este tipo de violencia y al mismo tiempo adolezca de prejuicios machistas asimilados inconscientemente, con lo que muy a menudo estas situaciones reales de violencia pasan desapercibidas para el sistema judicial, incluidos los PEFs.
El sociólogo Michael Flood especialista en género y masculinidad explica el trasfondo del uso perverso que de la mediación hace el Contramovimiento a nivel internacional: “Estas asociaciones critican la “ideología sexista” de los programas para maltratadores y piden un mayor uso de la mediación y la orientación familiar. Esta última recomendación es sintomática de la visión que sostienen algunos grupos de derechos de padres según la cual la violencia doméstica se entiende mejor como “disputas conyugales” donde ambas partes deben asumir su responsabilidad (Kaye & Tolmie, 1998, pp. 55 -56) más que un ejercicio sistemático de poder y control”.
La instrumentalización de la MF por parte de los grupos prosap, está teniendo como consecuencia que muchas madres se vean forzadas o coaccionadas a aceptar la MF intrajudicial o en el PEF para no ser culpabilizadas etiquetadas de “obstruccionistas”, de vengativas o que se niegan al diálogo. Sin embargo, si mientras tanto la actitud de rechazo del/de la hij@ frente al padre persiste, el o la mediador/a está informando al juzgado de este hecho interpretándolo como consecuencia del comportamiento manipulador o poco colaborador de la madre. Y así, la interpretación bajo el foco de SAP de estas situaciones en la MF se suma a la misma interpretación del informe del PEF, lo que está llevando en muchos casos a la retirada de la custodia de l@s hij@s a estas madres.
Los trabajadores y trabajadoras del PEF, si es que cuentan con alguna formación específica, algo poco frecuente, es con algún curso corto de mediación familiar, como el de la UCM, donde participa Mª Luisa Sacristán, Presidenta de APROME, gestora de un PEF, defensora a ultranza del SAP y pionera en su aplicación en los PEFs. Los organizadores de las Jornadas y cursos sobre MF hablan abiertamente de los PEF como una rama más de mediación, y el haber recibido formación en MF se valora positivamente a la hora de buscar candidatos para trabajar en el PEF.
En las Jornadas sobre PEFs, Aguilar, entre otros, habla del/de lapersonal del PEF como “mediadores”, “que hacen mucha falta”, porque según él hay cada vez más manipulaciones. En la práctica, en casos de violencia de género en los PEFs estos mediadores se convierten en ejecutores de los deseos del agresor ya que fuerzan al menor y a la mujer a tener contacto con él.
Tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento de Madrid niegan rotundamente que en las instalaciones del PEF se lleve a cabo la Mediación Familiar: “No se realizan intervenciones estructuradas, ya sean diagnósticas, psicoterapéuticas o de mediación familiar. Para realizar estas funciones existen otros centros (…)”. Sin embargo, a finales de 2006 el Ayuntamiento de Madrid organizó las “II Jornadas Municipales de Familia sobre Mediación Familiar” que incluyeron en su programa una mesa redonda sobre “La Mediación Familiar - Un espacio para la Generación de acuerdos: posibilidades y limitaciones”. Y la coordinadora de APROME-MADRID, Rosalía Hernández, defendió la ponencia rotulada “Los Puntos de Encuentro Familiar, espacios de encuentro y mediación”.
La negativa de la Comunidad y el Ayuntamiento a reconocer que en sus instalaciones del PEF se lleva cabo la mediación familiar, obedece a ocultar que con ello se están violando los tres principios fundamentales de la mediación familiar:
- La Voluntariedad de las partes para acudir a la mediación (en el PEF los progenitores son obligados mediante sentencia o medidas provisionales a acudir)
- La Confidencialidad (los informes rompen con esta premisa al igual que la transmisión de información de un progenitor a otro sin consentimiento)
- La Neutralidad del/de la mediador/a, profesional cualificado, imparcial y sin capacidad para tomar decisiones por las partes con la finalidad de facilitar el diálogo (no sólo falta formación entre los técnicos sino que, como hemos visto, su comportamiento es tendencioso y llegan incluso a sugerir su posición sobre las medidas a tomar “indicando” su diagnóstico.)
Las Asociaciones de Padres Separados, siguiendo a Gardner, han hecho de la Mediación Familiar (forzada) una de sus ideas estrella, que camuflan como supuesta alternativa a la denuncia judicial que genera o exacerba la conflictividad en la pareja. Y así han conseguido convencer a much@s profesionales relacionados con este tema, como mediadores/as. En la práctica la mediación supone una medida disuasoria para la mujer que ha sufrido maltrato a la que a menudo se le niega su condición de víctima real. A la mujer se la disuade de la denuncia como “innecesaria” y “provocadora” de mayores conflictos, por lo que su agresor y el de sus hij@s, víctimas de la violencia, queda impune; mientras que a ella y a sus descendientes se les deja en una situación de total desprotección. En realidad este es un artero ardid de los maltratadores, que el sistema lleva a cabo.
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