Incesto: de la disociación a la reconexión
© Gioconda
Batres Méndez
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De la disociación a la reconexión. La terapia
trifásica género sensitiva: un camino seguro para sobrevivientes de abuso
sexual.
La
terapia género sensitiva
La base
para la terapia género sensitiva se encuentra en el reconocimiento de los
efectos dañinos de la sociedad sexista en la que vivimos. La verdadera opresión
de las mujeres está basada en el género, así como en la clase y la raza y estas
son las bases para muchos conflictos, como la baja autoestima y la falta de
poder reportados por varias mujeres que buscan terapia.
Esta
afirmación parece ser compartida por la mayoría de las terapeutas género
sensitivas, por encima de otras diferencias filosóficas. De hecho, el desarrollo
de la terapia género sensitiva se ha desarrollado en parte en la búsqueda de
una alternativa a la terapia tradicional, la cual funciona como un mecanismo de
control social, preservando el status quo y protegiendo la estructura
patriarcal de la sociedad al perpetuar los estereotipos de roles sexuales tanto
en su postura teórica como en su aplicación práctica (Sturdivant, 1980).
La
terapia género sensitiva explora con sus pacientes las contradicciones
inherentes en los roles sociales prescritos para las mujeres. El modelo médico
en psiquiatría es cuestionado porque este coloca la fuente de conflicto humano
dentro de los individuos, esto es, en el vacío, sin relación con el sistema
socio-económico dentro del cual vivimos. Por el contrario, desde esta perspctiva
el modelo socioeconómico en el cual las mujeres crecemos es fuente fundamental
de sus aflicciones. (Batres, 1997).
El foco
en los conflictos intrapsíquicos como la fuente de preocupaciones psicológicas,
el uso de etiquetas de diagnóstico que connotan enfermedad como mirada única y
el autoritarismo de la tradicional relación terapéutica, son opuestos a la
terapia género sensitiva. En lugar de esto, las pacientes son ayudadas a
entender las fuentes de opresión por medio de un cuidadoso análisis de los roles
sexuales y a acercarse a la filosofía de las teorías de género, para ayudarlas
a conceptualizar alternativas.
Las
terapeutas apoyan a las mujeres en una exploración de sus recursos internos y
la capacidad de cuidado y autocuración. Incentivan el proceso de proponerse
metas individuales y apoyan aquellas metas que trascienden el estereotipo de
los roles sexuales. Motivan la exploración de varios estilos de vida y
orientaciones sexuales y apoyan la adquisición de destrezas para una vida
autodirigida e interdependiente.
Este
modelo que es también psicoeducador se centra en las pacientes como aprendices
en vez de enfermas y apunta al papel del terapeuta como una facilitadora en el
proceso de cambio de la paciente, en lugar de ser alguien que la cura. El
proceso de identificar áreas problema, plantear metas, evaluar el desarrollo
del tratamiento debe de ser de cooperación entre la terapeuta y la paciente, y
ocurre a través de todo el proceso terapéutico.
La
terapia género sensitiva se distingue de las terapias tradicionales por su
marco de referencia no sexista. Las terapeutas utilizan adecuadas modalidades
terapéuticas existentes y desarrollan nuevas técnicas, siempre compatibles con
la filosofía subyacente de la terapia género sensitiva.
Esta
terapia en tanto no sexista tiene como política el análisis de las diferencias
de poder y el uso de herramientas cognitivas entre otras, para apoyar a las
mujeres a diferenciar entre fuentes externas e internas de angustia. Se emplean
estas técnicas para ayudar a las mujeres a reestructurar sus creencias sobre sí
mismas, de las mujeres como grupo, y sus situaciones. Por ejemplo, la depresión
y la falta de asertividad pueden ser vistas como un resultado de la falta de
poder del rol sexual femenino, en lugar solamente de un déficit personal
inherente; la violación es vista como una herramienta de la dominación del
hombre sobre la mujer, en lugar de un resultado de la seducción femenina.
Las
dificultades en el trabajo pueden ser analizadas como una función del acoso
sexual y la discriminación, en lugar de como una inadecuación personal. El
lesbianismo es visto como una opción para hacer un compromiso para amar a otra
mujer, en lugar de como una expresión de disgusto irresuelto con los hombres.
Esta clase de reestructuración cognitiva permite a las mujeres no culparse a sí
mismas por ser victimas (Ryan, 1971).
Las
terapeutas género sensitivas trabajan en desmitificar la relación de poder
inherente en cualquier situación terapéutica. Hacer esto requiere que la
terapeuta sea abierta también sobre sus propios valores y actitudes.
La
necesidad de igualdad en la relación terapeuta-paciente generalmente debe ser
acordada por las terapeutas por medio de esta verbalización terapéutica, como
contestar preguntas, hablar de su postura política frente a asuntos
concernientes a las mujeres (Batres, 1997).
Los
siguientes pasos pueden ayudar también a establecer relaciones de mayor
igualdad:
- Renunciar
a la posición de que las terapeutas son expertas de sus pacientes.
- Informar
a las pacientes de sus derechos y privilegios y estimularlas a que hagan
preguntas relativas a las actitudes y valores de la terapeuta, cuotas y
horarios y la naturaleza de la terapia.
Modelaje
por la terapeuta, incluyendo una autodivulgación apropiada.
La idea
de la autodivulgación de la terapeuta tiene un significado y es el ayudar a
fomentar un sentido de comunidad de la experiencia compartida entre las mujeres
en lugar de hacer valer la superioridad de la terapeuta o de satifacer las
propias necesidades de quien conduce la terapia.
Trabajando
en terapia género sensitiva con mujeres, estamos incidiendo en la vida de todas
las mujeres y contribuyendo con los cambios sociales por la igualdad.
No
olvidemos que las terapeutas género sensitivas tienen la responsabilidad de
buscar su propia terapia o supervisión profesional cuando esto les ayude a
evitar interferir con el proceso de cambio de sus pacientes.
La
terapia género sensitiva propone que conjugar pacientes mujeres con terapeutas
mujeres es casi siempre la mejor opción terapéutica para las mujeres. Las
terapeutas usan tanto las aproximaciones individuales y grupales para hacer
esta terapia. En particular, se apoya el valor de un modelo terapéutico grupal.
Esto
porque el modelo de grupo permite a la mujer:
- Validar
las fortalezas de las demás
- Desarrollar
sistemas de apoyo mutuos
-Romper
su aislamiento la una de la otra
- Ayudarse
las unas a las otras a percibir diversas posibilidades de crecimiento.
Un
número de razones subraya la posición de que la terapia más efectiva es llevada
a cabo por terapeutas mujeres. Aunque los terapeutas hombres, se adhieran a
actitudes y valores igualitarios, estos pueden no ser transmitidos con claridad
al trabajar con sus pacientes. Las terapeutas género sensitivas tienen el
potencial de modelar roles para sus pacientes, de sentir mayor empatía con las
mujeres, por su experiencia compartida de ser mujer, y de evitar la diferencia
de poder usual entre el hombre experto y la mujer paciente. Estos factores,
aunados al fenómeno de la pasividad femenina en la presencia de hombres,
indican que las terapeutas que son género sensitivas pueden hacer más para
facilitar el crecimiento de sus pacientes que los terapeutas hombres. Sin
embargo, no es excluyente la participación de un hombre cuando él ha trabajado
exhaustivamente sus estereotipos sexistas. (Batres, 1997).
La
terapia género sensitiva requiere además que una terapeuta:
- Realice
una actividad evaluativa de su práctica.
- Haga
previsiones en su práctica para atender las pacientes de bajos recursos.
- Examine
su estilo de vida y valores en relación con su aproximación terapéutica.
- Se
identifique con las metas y filosofía de las teorías de género.
- Examine
las implicaciones de su raza, clase y orientación sexual en tanto esto pueda
llevar a un desliz terapéutico con sus pacientes. (Rosewater, Walker, 1975).
En su
vida privada una terapeuta género sensitiva debería:
- Trabajar
formas de funcionamiento óptimas, con igualdad, mutuo entendimiento y respeto
como las bases para sus relaciones personales.
- Estar
envuelta en un creciente proceso de toma de conciencia para continuar brindando
un desarrollo de la conciencia de género al proceso terapéutico.
- Ser
una experta en la psicología de la mujer y en la salud mental de las mujeres,
participando en la continuación de la educación y en las actividades de
supervisión que se centran en el conocimiento del desarrollo femenino y sus
necesidades en la salud mental.
Por
último, una terapeuta género sensitiva debería de comprometerse con los
esfuerzos para el cambio social que promueven la igualdad femenina.
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