Shangay Lily: Sara, ni icono gay ni rebelde, ni Margarita Nelken
© Shangay Lily, Público
Fuente:
http://blogs.publico.es/shangaylily/2013/04/09/sara-ni-icono-gay-ni-rebelde-ni-margarita-nelken/
Ayer me llamaron
de un periódico nacional para entrevistarme sobre el fallecimiento de Sara
Montiel, porque se supone que para la comunidad gay es una gran pérdida. La que
estaba perdida era yo. Pero perdidita. ¿Qué tiene que ver Sara Montiel con la
comunidad gay?, pregunté desconcertado. Que los transformistas la interpretaban
mucho, estaba en el top 3 según un amigo mío, me contestó ufano el encantador
periodista. Los transformistas también han interpretado a Nefertiti o a Eva
Braun intentando tener un hijo de Hitler si quedaba gracioso, por la sencilla
razón de que son caricaturas andantes, pensé. Pero la buena intención del
periodista me pudo y me callé. La entrevista sale hoy y en ese “enfrentamiento”
afortunadamente soy “la mala” frente al laudatorio de Javier Rioyo que se
inventa todo tipo de revoluciones en las que Sara al final resulta ser hasta
trotskista… íntima de Franco y clasista hasta la médula, pero muy trotskista.
Un absurdo.
Como el periodista
era un encanto que parecía estar tan harto de tanta leyenda incongruente (¿Cómo
se puede ser tan antifranquista y ser la embajadora de Franco? parecía
preguntarse al igual que yo), le hablé de los estereotipos de diva e icono gay
sobre el que se había construido el mito de Sara, en una versión cañí, cateta y
bastante casposa de esas inconmensurables, perseguidas, rebeldes e iconos gays
(esas si) Marlene Dietrich, Josephine Baker, Mae West o Judy Garland. Incluso
le mencioné a Ocaña y mi entrada sobre su museo como paradoja de lo
reaccionario vendido como moderno.
Con eso di por
finiquitado mi asfixiante relación forzada con Sara Montiel que se remonta
—esto no se lo conté— a cuando en “Corazón de…” una redactora me llegó a decir
(como piropo) que yo estaba en el grupo de Sara Montiel para el gran público. A
causa de ello dejé de maquillarme y ponerme el turbante. “Yo no me maquillo y
visto para pasar por una ‘gran dama’ como muchos me llaman, sino para
cuestionar los géneros, la política y la presunción de heterosexualidad. Sara
se pone como una puerta para encajar en el patrón machista y estar mona” le
contesté. Ahora el fantasma de la diva folclórica me volvía a perseguir. Me
había propuesto ignorar el empeño en relacionarme a mí, en particular, y a la
comunidad gay, en general, con semejante
oda a la heterosexualidad patriarcal hegemónica, pero el colmo llegó cuando en
twitter me encontré este comentario de mi amigo Leo Bassi: "Muere Sara
Montiel.. Shangay Lily se queda huérfana".
Entonces estallé.
“Amado Leo Bassi, siempre he detestado a Sara Montiel, sin talento, machista y franquista
yendo del PSOE cuando le venía bien y del PP luego”, le contesté indignado. Y
luego supe que debería escribir este artículo.
Yo a Sara la
conocí a través de un notorio gestor cultural, reprimidamente homosexual, adicto
a los chaperos, y que lleva un llavero de Franco y un carnet de Fuerza Nueva en
el bolsillo. El conocido gestor paseaba a Sara por todas partes exhibiéndola
como un trofeo. Supongo que será icono de ese tipo de homosexual, pensé yo
cuando el periodista me habló de lo que representaba Sara a los homosexuales. A
mí nunca me ha interesado ese tipo de muñequita machista sin talento. Ni sabía
cantar, ni actuar, ni bailar. Y, sobre todo, siendo feminista, como lo soy, me
revienta que se le intente otorgar valores transgresores a ese tipo de
oportunista mientras se invisibiliza a las verdaderas luchadoras feministas.
Sara sustentó toda su carrera sobre su apariencia física y su habilidad para
encajar en el modelo machista de mujer hasta la caricatura. Lo que muchos han
llamado sensualidad no era más que ramplona provocación pacata de la España
provinciana y lo que otros han llamado transgresión era ajuste a la mirada
machista para reproducir el estereotipo de lo que el macho decidió que hacía la
“mujer rebelde” (algo muy parecido a ese “lesbianismo” que los machistas
construyen en el porno para confirmar su dominio sobre la hembra hasta hacerla
cometer actos contra su voluntad).
Que figuras
pretendidamente progresistas como Umbral, machista (y homófobo) de izquierdas
la hayan celebrado como perfecto ejemplo de hembra dedicada a calentar a este
macho corto de imaginación o muy corto de erotismo, sólo confirma su talla como
figura patriarcal que el sistema modeló, recompensó y promocionó.
Me revienta cuando
estas figuras machistas, patriarcales, conservadoras y perfectamente encajadas
en el sistema, se venden como rebeldes, rompedoras y transgresoras que se
enfrentaron a su tiempo. Sara jamás se enfrentó a nada ni nadie, se limitó,
como muchas otras esclavas agradecidas o mujeres objetos consentidas, a cumplir
su papel en el patriarcado y repetir fórmulas ya probadas (las mencionadas
Marlene, Mae West o incluso María Felix) en la industria clasista, machista y
homofoba del glamour.
Si ha habido una
mujer florero por excelencia esa ha sido Sara Montiel. Lo único que Sara ha
manejado con autoridad ha sido la reinvención de su biografía para
autoretratarse como una intelectual rebelde de izquierdas cuando era una
franquista conservadora de pro. Así su desesperada excursión a México a buscar
una carrera que en España le eludía la quiso disfrazar de exilio rebelde porque
se pegó a los verdaderos exiliados republicanos (la élite cultural de España,
desesperados ellos por cualquier cosa que oliese a España) cuidándose de que nada
de eso llegase a oídos de Franco. Se inventó mil mentiras sobre su afinidad de
izquierdas e intelectual que no resisten la más mínima comprobación documental
seria. En cuanto le vino bien olvidó su supuesta disidencia e incomodidad
antifranquista y se convirtió en España en la gran diva de Franco. Eso parece
haberlo olvidado todo el mundo ahora.
Hasta tal punto
estaba orgullosa de su figura como diva franquista que Juan el Golosina, que
las conoció íntimamente a todas ellas, la destacó en su blog como Sara Montiel,
la estrella del cine español en tiempos de Franco. No habló nada de rebeldía,
disidencia o antifranquismo, la recordaba como lo que era.
Me mata de la risa
que presenten a Sara Montiel, una verdadera mujer florero, como transgresora o
rebelde. Si quieren saber lo que es una mujer rompedora, transgresora, rebelde,
que investiguen a Margarita Nelken. Esa sí que fue una belleza española por
antonomasia, pintada por Julio Romero de Torres como se ve en la foto, pero
feminista, intelectual y de izquierdas hasta la médula. Nelken fue una prolija
escritora feminista, una destacada política y una rebelde que desafió todos los
estereotipos y prejuicios machistas de su tiempo. Hablaba fluidamente francés y
alemán y se le debe la primera traducción de Kafka al español. Poseía una
cultura excepcional entre las mujeres españolas de su época y era conocida de
don Santiago Ramón y Cajal, don Benito Pérez Galdós y la generalidad de los
círculos intelectuales de su época. Fue de una inteligencia precoz. Viene al
caso mencionar que su primer artículo crítico, sobre los frescos de Goya en San
Antonio de la Florida, lo escribió a los 15 años para la prestigiosa revista de
arte londinense The Studio. Era hermana mayor de la también escritora y
destacada actriz Carmen Eva Nelken (Magda Donato), también exiliada en México
al fin de la Guerra Civil española. En los primeros meses de 1931, ingresó en
el PSOE y participó, como candidata de la Agrupación Socialista de Badajoz, en
las elecciones parciales de octubre de1931. Resultó elegida entonces y también
en noviembre de 1933 y febrero de 1936. De hecho, es la única mujer que
consiguió las tres actas parlamentarias durante la Segunda República.
En noviembre de
1936, participó en la defensa de Madrid y se distinguió asimismo en la
organización de la Unión de Mujeres Antifascistas. Se incorporó al PCE en
noviembre de 1936, poco después de la formación del Gobierno de Largo
Caballero. Pasó la última etapa de la guerra en Barcelona y fue la única mujer
diputado presente en la última reunión de las Cortes republicanas en suelo
español, en los subterráneos del castillo de Figueras, el 1 de febrero de 1939.
Cruzada la frontera junto a su hija Magda de Paul Nelken durante la retirada de
Cataluña, ambas trabajaron intensamente desde Perpiñán en la asistencia a los
refugiados republicanos y los internados en los campos franceses en los
primeros meses del exilio.
En Badajoz una
calle ha llevado su nombre hasta mayo de 2009, fecha en la que el pleno del
ayuntamiento gobernado por el Partido Popular aprobó el cambio por el de
Antonio Ayuso Casco. Este cambio fue promovido por el equipo de gobierno de
Miguel Celdrán Matute, con el argumento, según la concejal de cultura en ese
momento, Consuelo Rodríguez Píriz, de que «Nelken era defensora de la pena de
muerte y escribió diferentes artículos apoyando la pena capital».
Tres años más
tarde, IU solicitó que se restituyese la calle a Margarita Nelken denunciando
que su retirada fue “ilegal y antirreglamentaria”. Pero el PP ha mantenido su
censura. A las verdaderas transgresoras el sistema no les da reconocimiento
alguno.
Al final estos son
los efectos secundarios de esa penosa Transición que nos vendieron como
ejemplar: travistió de demócratas a todos los franquistas y nos los dejó en sus
privilegiados puestos ganados a base de colaborar con una dictadura asesina: un
rey a dedo, una estrella del machismo, jueces, empresarios, medios de
comunicación… iconos de modernidad, transgresión y cambio, vamos.
Que se lo
pregunten a Garzón.
Comments
Post a Comment