Los preservativos como prueba de prostitución en EEUU
© Human Rights
Watch
Fuente: “Trabajadores
sexuales en riesgo. Los preservativos
como prueba de prostitución en cuatro ciudades de Estados Unidos” (ISBN: 1-56432-930-5). Descárgatelo aquí: http://www.hrw.org/sites/default/files/reports/us0712spforUpload_0.pdf.
- Si llevaba muchos preservativos, me arrestaban. Si llevaba pocos, o
sólo uno, se me acababan y no podía protegerme. ¿Cuántas veces tuve sexo sin protección
por el temor a llevar preservativos? Muchas. – Anastasia L., trabajadora
sexual, Ciudad de Nueva York, 22 de marzo de 2012
Felicia C. es una
trabajadora sexual del vecindario de Columbia Heights de Washington, DC. El
encuentro entre Human Rights Watch y Felicia tuvo lugar a las dos de la
madrugada de un día frío y con viento. Felicia corrió hasta la camioneta de
servicios de contacto con la comunidad a buscar una taza de café caliente de
las que brindan los voluntarios. Tomó la hoja de “citas que se deben evitar”,
que advierte sobre ataques recientes a trabajadores sexuales, y le ofrecieron
algunos preservativos. Se negó a llevarse más de dos. Cuando le preguntaron por
qué, Felicia dijo que temía ser acosada por la policía. Relató que, un mes antes,
la policía la había interceptado e interrogado, y le dijeron que arrojara a la
basura los preservativos que llevaba. Según explicó, se había negado y
defendido, pero no quería que volvieran a acosarla.
La historia de
Felicia no es una excepción. En cuatro de las principales ciudades del país — Nueva
York, Washington, DC, Los Ángeles y San Francisco— la policía intercepta,
revisa y arresta a trabajadores sexuales y utiliza los preservativos como
prueba para sustanciar acusaciones de prostitución. Para muchos trabajadores
sexuales, particularmente las mujeres transgénero, el arresto implica enfrentar
tratos degradantes y abusos por parte de policías. Para los inmigrantes, el
arresto por delitos de prostitución puede significar ser detenidos y expulsados
de Estados Unidos. Algunas mujeres manifestaron a Human Rights Watch que
seguían llevando preservativos pese a las consecuencias negativas que esto podía
causar. Para otras, el temor a ser arrestadas era más fuerte que la necesidad
de protegerse del VIH, otras enfermedades de transmisión sexual y el embarazo.
Alexa L., una
trabajadora sexual de la Ciudad de Nueva York, expresó: “Yo uso preservativos. Me
cuido muchísimo. Pero antes no los utilizaba porque tenía miedo de llevarlos.
Estoy muy preocupada por mi salud”. Carol F., una trabajadora sexual de Los
Ángeles que había sido arrestada, entre otros motivos, por llevar
preservativos, relató una historia similar: “Después del arresto, siempre tuve
miedo… Hubo momentos en que no tenía un preservativo cuando lo necesitaba, y
entonces utilizaba una bolsa de plástico”.
La prostitución
—el intercambio de sexo por dinero u otra contraprestación— es ilegal en 49 estados y en todas las ciudades a las que se
hace referencia en este informe. En estas jurisdicciones, los organismos de
aplicación de la ley tienen la responsabilidad de hacer cumplir las leyes,
incluidas las vinculadas con la prostitución. La aplicación de las leyes, no obstante,
debe ser compatible con las normas internacionales de derechos humanos, y los gobiernos
deberían garantizar que las políticas y prácticas de la policía no se
contradigan con aspectos clave de las políticas de salud pública que son
igualmente importantes, incluso aquellas diseñadas para combatir la epidemia
del VIH.
A menudo, cuando
la policía intercepta y revisa a personas para saber si tienen preservativos,
lo hace después de haberlas escogido utilizando criterios selectivos. Esta es una
práctica que consiste en considerar a personas como presuntos delincuentes en
función de quiénes son, cuál es su vestimenta y dónde se encuentran, en lugar
de tener en cuenta la actividad ilegal que se pueda haber observado. En Nueva
York, Washington, DC y Los Ángeles, muchas personas, particularmente miembros
de la comunidad transgénero, relataron a Human Rights Watch que habían sido
interceptadas y registradas en busca de preservativos cuando regresaban
caminando a su casa desde la escuela, se dirigían a la tienda de comestibles o
cuando esperaban el autobús. La imprecisión de las leyes sobre el merodeo
redunda en un menoscabo del derecho a la libertad y la seguridad personal, y permite
que la policía considere sospechosa una amplia variedad de conductas y otras cuestiones,
como por ejemplo, poseer preservativos y ser “conocido/a” como trabajador/a sexual.
Las leyes sobre el merodeo contra la prostitución de Nueva York, California y Washington,
DC son incompatibles con los principios de derechos humanos que prohíben la detención
o el castigo basados en la identidad o la condición de las personas, y deben
ser reformadas o derogadas.
Los trabajadores
sexuales de Nueva York, Washington, DC y Los Ángeles describieron conductas
abusivas e ilícitas por parte de policías, que iban desde el acoso verbal y la humillación
pública hasta la extorsión para conseguir relaciones sexuales, tanto dentro
como fuera de los centros de detención. Numerosas mujeres transgénero relataron
haber sido “desfiguradas” por policías que les quitaron sus pelucas, las
arrojaron al suelo y las pisotearon. Era común que algunos policías sometieran
a las mujeres transgénero a insultos vulgares, burlas y ofensas. En Nueva York
y Los Ángeles se realizaron denuncias sumamente alarmantes que señalaban que,
regularmente, algunos policías les exigían mantener relaciones sexuales con
ellos a cambio de retirar las acusaciones en su contra, u obligaban a las
mujeres a tener sexo con ellos mientras se encontraban detenidas. Entre estas
mujeres, fueron pocas las que realizaron denuncias, por temor a sufrir nuevos
abusos y por haber perdido la fe en que la policía respondiera de manera justa
y con integridad. Los policías de cada una de estas ciudades deben adoptar
medidas para establecer una mayor rendición de cuentas, recuperar la confianza
de la comunidad y poner fin a un ciclo de impunidad inaceptable de violaciones
de derechos humanos contra trabajadores sexuales y personas transgénero. Para este informe —que analiza el uso de la
policía de los preservativos como prueba para aplicar las leyes sobre prostitución
y tráfico de sexo—, Human Rights Watch entrevistó a más de 300 personas como
parte de una investigación sobre los obstáculos que afectan la prevención
efectiva del VIH entre los trabajadores sexuales de las cuatro ciudades analizadas.
Entre los entrevistados hubo aproximadamente 200 trabajadores y ex trabajadores
sexuales, como así también trabajadores de contacto con la comunidad, defensores
de derechos, abogados, policías, fiscales de distrito y funcionarios de salud pública.
En Nueva York, Washington, DC y Los Ángeles, nuestra investigación se centró en
denuncias que señalaban que la policía utilizaba los preservativos como prueba
al interceptar a trabajadores sexuales en las calles. En San Francisco, los
preservativos se utilizaron, en cierta medida, como prueba durante operativos
de orden público en la calle, y la policía fotografió los preservativos en
lugar de confiscarlos, en una actitud que parece reñida con cuestiones de salud
pública. En San Francisco, gran parte de las acciones contra la prostitución en
las cuales se utilizaron preservativos como prueba estuvieron dirigidas a mujeres
que trabajaban en establecimientos tales como clubes de baile erótico, salas de
masajes y un centro nocturno con clientela transgénero.
El uso por parte
de la policía de preservativos como prueba de prostitución tiene el mismo efecto
en todas partes: pese a los millones de dólares que se destinan a distribuir y promover
el uso de los preservativos como un método efectivo de prevención del VIH, los grupos
expuestos a un mayor riesgo de infección —trabajadores sexuales, mujeres transgénero
y la población joven de lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT)— tienen
temor de llevarlos consigo y, como consecuencia, mantienen relaciones sexuales
sin protección a raíz del acoso policial. Los trabajadores de contacto con la
comunidad y los establecimientos comerciales tampoco pueden distribuir
preservativos libremente y sin temor a ser perseguidos.
Los trabajadores
sexuales y las mujeres transgénero están sumamente expuestos a la infección con
VIH como resultado de muchos factores; por ejemplo, la estigmatización, el aislamiento
social y físico y las carencias económicas. En San Francisco, una de cada tres mujeres
transgénero tiene VIH; en Los Ángeles, el Departamento de Salud ha determinado que
la prevención del VIH para las mujeres transgénero es una prioridad “urgente”.
No resulta sorprendente que quienes lidian con estos temas a diario se sientan
confundidos con el mensaje que las autoridades de algunas ciudades están
transmitiendo respecto del uso de preservativos. María, una trabajadora sexual
de Los Ángeles, preguntó: “¿Por qué el gobierno de la ciudad me da
preservativos si llevarlos implica ir a la cárcel?”.
Paradójicamente,
si María fuera a prisión en Los Ángeles o en cualquiera de las ciudades mencionadas
en este informe, podría tener acceso a un preservativo, ya que en los centros de
detención hay preservativos disponibles para la prevención del VIH y otras
enfermedades de transmisión sexual.
Numerosos policías
y fiscales defendieron el uso de preservativos como pruebas necesarias para
hacer cumplir las leyes sobre prostitución y tráfico de sexo. No obstante, el
uso de cualquier tipo de prueba debe determinarse evaluando el daño que podría
ocasionar su utilización y los beneficios que trae aparejados. En los diversos
sistemas jurídicos de todo el mundo, se excluyen ciertas categorías de pruebas
que podrían ser relevantes, por razones de política pública. Entre los
numerosos ejemplos que existen de esta situación, se pueden mencionar las leyes
que, en casos de violación sexual, excluyen los testimonios vinculados con la
actividad sexual previa de las víctimas. Los esfuerzos por hacer que se cumplan
las normas no deben interferir en el derecho de toda persona a proteger su
salud, y esto incluye a los trabajadores sexuales. El valor de los
preservativos para la prevención del VIH y otras enfermedades supera
ampliamente la utilidad que estos puedan tener en la aplicación de las leyes contra
la prostitución.
En el verano de
2012, en Washington, DC tendrá lugar la 19.ª Conferencia Internacional sobre el
Sida. Más de 30.000 representantes de todas partes del mundo se darán cita en
la capital de Estados Unidos, y la atención internacional se enfocará en la respuesta
de este país ante la epidemia. Se trata de una oportunidad extraordinaria para
que la ciudad de Washington, DC —como también las ciudades de Nueva York, Los
Ángeles y San Francisco— establezcan políticas que protejan a quienes se
encuentran en riesgo de contraer VIH y eliminen aquellas que obstaculizan los
esfuerzos de prevención de este virus, como el uso de los preservativos como
prueba de prostitución.
También se
necesita un liderazgo fuerte a nivel federal. El gobierno estadounidense otorga
financiamiento por millones de dólares a cada una de las ciudades mencionadas
en este informe para prevenir el VIH entre los grupos que tienen un alto riesgo
de infección. Las autoridades deben entender que considerar los preservativos
como prueba de prostitución es un obstáculo que afecta la implementación de la
Estrategia Nacional para el VIH/sida, y que los organismos federales, estatales
y municipales deben trabajar en forma conjunta para su eliminación. Asimismo,
es importante destacar que Estados Unidos se comprometió recientemente, ante el
Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a proteger los derechos
humanos de los trabajadores sexuales. Este compromiso debería ponerse en práctica
sin demora. Un paso fundamental para el cumplimiento de esta obligación sería exigir
que se ponga fin al uso de preservativos como prueba de prostitución, dado que
es una política que pone en riesgo la salud y la vida de trabajadores sexuales,
personas transgénero, jóvenes LGBT y de todos los miembros de la comunidad.
Contexto
El VIH sigue
representando una grave amenaza para la salud pública en Estados Unidos, donde
1.2 millones de personas viven con VIH y una de cada cinco no sabe que está infectada.
Cada año, aproximadamente 50,000 personas contraen VIH, y esta enfermedad afecta
especialmente —en forma desproporcionada— a las minorías raciales y étnicas. A treinta
años del comienzo de esta epidemia, se ha establecido claramente que las intervenciones
dirigidas al comportamiento individual no resultan suficientes si no se tienen en
cuenta aspectos sociales, económicos, legales y otros factores estructurales
que influyen en la vulnerabilidad al VIH2. Para abordar la epidemia entre las
poblaciones vulnerables, es necesario comprender el entorno de riesgo en el
cual estas se manifiestan, y diseñar intervenciones estructurales como
respuesta. Como escribió Kevin Fenton, director del Centro Nacional para la Prevención
del VIH/sida, Hepatitis Viral, Enfermedades de Transmisión Sexual y
Tuberculosis (National Center for HIV/AIDS, Viral Hepatitis, STD and TB Prevention)
de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease
Control and Prevention, CDC) de Estados Unidos: Aunque las intervenciones
dirigidas a personas específicas han tenido resultados relativamente
satisfactorios, es evidente que su éxito mejora sustancialmente cuando la
prevención del VIH aborda factores estructurales más amplios, tales como la
condición de pobreza o riqueza, el género, la edad, las políticas públicas y el
poder.
Los trabajadores
sexuales y las personas transgénero comparten muchos elementos de un entorno
que define su nivel de riesgo de contraer VIH; por ejemplo, el aislamiento
físico, social y cultural, la estigmatización y un entorno legal y de políticas
públicas que criminalizan su conducta y, muchas veces, también su condición.
Las personas transgénero, por ejemplo, sufren discriminación en casi todos los
ámbitos, el rechazo de familiares, estigmatización y pobreza, factores que
explican en cierto modo la escasez de datos que existe respecto de la
prevalencia del VIH entre este grupo. Hace poco tiempo, un grupo de defensores
de personas transgénero publicaron la encuesta “Injustice at Every Turn”
(Injusticias en todas partes), que entrevistó a casi 6,500 personas transgénero
en Estados Unidos. El informe indicó que la discriminación es generalizada, que
existe un nivel de pobreza cuatro veces más alto que entre la población general
y que se registra una tasa de desempleo que duplica la observada entre las
personas no transgénero, lo cual hace que, muchas veces, el trabajo sexual sea
la única alternativa para poder sobrevivir. Todos estos factores fueron aún más
marcados entre las personas transgénero de color, al igual que la vulnerabilidad
frente al VIH y el sida. Entre las personas entrevistadas, la tasa de prevalencia
del VIH informada por los propios entrevistados era cuatro veces más alta que la
de la población general de Estados Unidos, y la tasa entre las personas que en
algún momento se dedicaron al trabajo sexual era superior al 15 por ciento.
Las consecuencias
de las detenciones son graves para los trabajadores sexuales, las mujeres transgénero
y otras personas LGBT, dado que, mientras se encuentran bajo custodia policial
y en la cárcel, suelen ser sometidas a altos niveles de abuso, acoso y violencia.
Numerosos trabajadores sexuales inmigrantes señalan, además, otras razones para
temer ser detenidos, ya que el Gobierno de Estados Unidos tiene en la mira
específicamente a los “extranjeros que participan en delitos” para
expulsarlos8. Tanto para los inmigrantes documentados como para los
indocumentados, la prostitución y el ofrecimiento de sexo pueden ser motivos de
expulsión y declaración de inadmisibilidad conforme a las leyes federales de
inmigración9. Por tratarse de un “delito de inmoralidad”, una condena por prostitución, merodeo con la intención de
ejercer la prostitución u ofrecimiento de sexo puede constituir un motivo de
expulsión del territorio de Estados Unidos. Existe además otra disposición
específica que establece que la prostitución es un delito que puede dar lugar a
la deportación. En virtud de esta disposición, no es necesario que se haya
dictado una condena penal por prostitución para que se declare la
inadmisibilidad, si las autoridades inmigratorias determinan, por otras
razones, que alguien ha “participado en actos de prostitución”. Una condena por
prostitución o la determinación de que una persona ha participado en actos de
prostitución puede hacer que se la declare inadmisible, lo cual significa que
quienes se encuentran en Estados Unidos y salen del país no pueden volver a
ingresar y, además, pueden tener dificultades para regularizar su situación
legal. Estos motivos también pueden dar lugar a la aplicación de los requisitos
de detención obligatoria de las leyes de inmigración, tanto para los
inmigrantes documentados como para los indocumentados.
Los preservativos
constituyen un método comprobado para prevenir la transmisión del VIH y otras
enfermedades de transmisión sexual, han demostrado reducir sustancialmente el riesgo
de transmisión de VIH y son avalados por autoridades de salud de Estados Unidos
e internacionales como un componente esencial de los programas de prevención
del VIH. En muchas jurisdicciones, incluso en Estados Unidos, se brindan
preservativos como un método esencial para la prevención del VIH entre
poblaciones que practican actos que están penalizados, o a personas que tienen
prohibido mantener relaciones sexuales, como los reclusos. De hecho, en las
cuatro ciudades analizadas en el presente informe, el departamento de salud
pública distribuye millones de preservativos cada año como parte de campañas de
prevención del VIH de alta visibilidad, y en cada una de ellas se ofrecen preservativos
a los internos de las cárceles.
La prostitución
—definida como el intercambio de sexo por dinero u otra contraprestación— es
ilegal en 49 estados de Estados Unidos, y está prohibida en todas las ciudades consideradas
en este informe. La policía tiene la responsabilidad de hacer cumplir las leyes,
y esto incluye las normas contra la prostitución. No obstante, la aplicación de
las normas debe ser coherente con las obligaciones en materia de derechos
humanos, incluido el derecho a la salud, la libertad y la seguridad de las
personas y a no ser objeto de tratos crueles, inhumanos y degradantes. Los
gobiernos pueden adoptar medidas —y de hecho lo hacen— para garantizar que las
leyes penales no obstaculicen la protección de los derechos humanos ni la salud
pública, principalmente promoviendo programas de reducción de daños para
usuarios de drogas, que incluyen la provisión de jeringas de sustitución y centros
de consumo seguro de drogas inyectables. Cada una de las ciudades analizadas en
este informe cuenta con programas de sustitución de jeringas que operan en el
marco de excepciones a las leyes estatales sobre materiales vinculados con el
consumo de drogas. Estos programas tienen por objeto promover el tratamiento de
la drogodependencia y evitar que se compartan agujas —un modo de transmisión
del VIH—, protegiendo a las personas que usan drogas de la intervención
policial en situaciones específicas. Tales programas reflejan la colaboración
entre las comunidades afectadas, las autoridades de aplicación de la ley y los
funcionarios de salud pública, un enfoque que debería aplicarse también al problema
del uso de preservativos como prueba de prostitución.
Recomendaciones
clave
A los
Departamentos de Policía y Fiscales de Distrito de la Ciudad de Nueva York,
Washington, DC,
Los Ángeles y San Francisco
-
Dejar de utilizar, en forma inmediata, la posesión de preservativos
como prueba para arrestar, interrogar o detener a personas que, presuntamente,
sean trabajadores sexuales, o para sustanciar acusaciones por prostitución y
delitos relacionados.
-
Emitir una directiva para todos los policías en la cual se destaque la
importancia de los preservativos, en términos de salud pública, para la
prevención del VIH y para la salud sexual y reproductiva. Asegurar que los
policías reciban capacitación periódica sobre este protocolo, y que deban
rendir cuentas en caso de que no lo cumplan.
A las Legislaturas
del estado de Nueva York y California y al Consejo del Distrito de Columbia
-
Promulgar leyes que prohíban considerar que la posesión de
preservativos constituye una prueba de prostitución y delitos relacionados.
-
Modificar o derogar las leyes excesivamente amplias que prohíben el
merodeo con fines de prostitución por ser incompatibles con las normas de
derechos humanos y las normas constitucionales de Estados Unidos.
Al gobierno
estadounidense
La Oficina de
Política Nacional de Sida (Office of National AIDS Policy) y los organismos
federales responsables de implementar la estrategia nacional sobre VIH/sida
deberían:
-
Reconocer que las violaciones de derechos humanos, como las medidas
que frustran un medio de prevención del VIH, constituyen importantes obstáculos
para reducir la prevalencia del VIH entre los trabajadores sexuales, las personas
transgénero, la población joven de LGBT y otros grupos vulnerables, y dar
prioridad a las intervenciones estructurales para abordar esos abusos;
-
Asegurar la inclusión de los trabajadores sexuales y las mujeres
transgénero en las iniciativas del Grupo de Trabajo sobre la Intersección del
VIH/sida (Working Group on the Intersection of HIV/AIDS), Violencia contra
Mujeres y Niñas (Violence against Women and Girls), y Disparidades entre los
Géneros en Cuestiones de Salud (Gender-related Health Disparities);
-
Asegurar que los datos sobre investigación y vigilancia del VIH
reflejen adecuadamente el impacto del VIH sobre los trabajadores sexuales y las
personas transgénero;
-
Instar a los estados a que prohíban utilizar los preservativos como
prueba de prostitución y delitos relacionados, y desarrollar un plan para
brindar orientación, asistencia técnica y modelos de leyes para alcanzar este
objetivo.
-
El Departamento de Justicia debería investigar el trato que reciben
los trabajadores sexuales y las personas transgénero por parte de la policía en
la Ciudad de Nueva York, Washington, DC y Los Ángeles, y ocuparse, en forma
constante, de revisar, hacer cumplir y supervisar las políticas y prácticas
para garantizar que respeten las normas de derechos humanos y las normas
constitucionales de Estados Unidos.
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