Cecilia Soto González: “La lucha de las mujeres, vital para la democracia”
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Cecilia Soto González, AmecoPress
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- Hace
19 años escribió una página de la historia al convertirse en una de las pocas
mujeres en contender por la Presidencia de la República
- Del
desdén por el género, ahora la ex candidata busca la paridad
Hace 19
años, Cecilia Soto González escribió una página de la historia al convertirse
en una de las pocas mujeres en contender por la Presidencia de la República,
sin embargo para esta candidata lo que menos importaban eran los derechos de
las mexicanas y prueba de ello –afirma– es que evitó usar el tema de género
para ganar votos.
“Simplemente
era una activista política que rechazaba el tema de las mujeres porque en los
movimientos en los que yo participaba a las mujeres se les encargaba ir por el
agua, servir el café y yo rechazaba eso, mi interés era ocuparme de los temas
que yo consideraba trascendentales”, dice en entrevista con Cimacnoticias.
Como
candidata, en1994 se enfrentó a Ernesto Zedillo Ponce de León (PRI), Cuauhtémoc
Cárdenas Solórzano (PRD), Diego Fernández de Cevallos Ramos (PAN), y a cinco
contendientes más, entre ellos Marcela Lombardo Otero, otra de las mujeres que
bajo la bandera del Partido Popular Socialista también contendió por la
Presidencia.
Pero el
caso de Soto González fue singular porque no sólo era ajena a los “temas” de
las mujeres sino que además les tenía cierta “repulsión”.
Paradójicamente
hoy se coloca como una de las promotoras más fehacientes de la participación
política femenina, defensora de la cuota de género y hasta partidaria de la
paridad (igualdad) en la política.
Para
entender esta transición ideológica y a propósito del 60 aniversario de la
conquista del derecho al voto para las mexicanas –que se conmemoró el pasado 17
de octubre–, Soto comparte un fragmento de su trayectoria política y los
momentos claves que la hicieron inclinarse por defender los derechos femeninos.
“Comencé
de estudiante, sin tener una idea clara –en ese entonces– de que había una
lucha especifica por las mujeres. Yo simplemente quería un país más
democrático”, rememora.
En los
años 60, la joven sonorense que venía de una escuela particular entró a la UNAM
y tuvo su primer choque con la realidad. Se dio cuenta de que en el país había
clases sociales y desigualdad, pero fue hasta 1971, tras la matanza de
estudiantes en los hechos conocidos como “El halconazo”, que optó por dedicarse
a cambiar esta realidad.
“A mí
no me interesaba, era profundamente ignorante en el tema de las mujeres; había
leído ‘El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir. Me había impresionado la tesis
de que las mujeres no nacen sino que se hacen, pero todavía ‘no me caía el
veinte’, en parte por rechazar ese papel secundario que se les daba a las
mujeres en los partidos políticos”, recuerda.
Lo que
sucedió – explica – fue que las mujeres la cambiaron. Entró en la política y ya
como diputada local en Sonora apoyó a un movimiento de cooperativistas de
camarón en el puerto de Guaymas. Los pescadores vivían atemorizados por un
cacique que era alcalde y a la vez líder de la Federación de Cooperativas.
“Estaban
los pescadores temblando. ¿Qué pasó? Que las mujeres se levantaron e iniciaron
la rebeldía. Allí encontré una fuerza social, una aportación de ideas,
iniciativas, independencia y capacidad de dominar el miedo, porque a todos les
daba miedo un cacique que te recibe con un ejército particular, con armas”,
relata.
“Para mí
fue un movimiento definitorio de la importancia de las mujeres. Después fui
diputada federal y ahí fue importante porque en mi Legislatura me tocó convivir
con un grupo de mujeres, ahí firmamos y aprobamos la primera iniciativa para
plantear el tema de género en la Cámara de Diputados”.
Aunque
Cecilia Soto considera que estaba consciente de la desigualdad de género en su
campaña presidencial en 1994, los temas que le interesaban eran la economía, la
política energética, el desarrollo industrial, y evitaba hacer alusiones a los
temas de género en parte porque sentía que ella no era del agrado del
movimiento feminista.
“Yo no
les gustaba porque no era feminista. En ese entonces había más prejuicio de
ambos lados”, comenta al aceptar que tampoco simpatizaba con el movimiento de
mujeres.
El
cambio radical fue cuando formó parte de la delegación mexicana que viajó a
Beijing en 1995 para participar en la Cuarta Conferencia Internacional sobre la
Mujer. “Gloria Careaga se apiadó de mí y me explicó la teoría de género y me
explicó por qué era importante la herramienta de las cuotas que a mí me causaba
tanto rechazo”.
Careaga,
quien es una reconocida académica y feminista mexicana, instruyó a la ex
candidata presidencial que hasta entonces creía que obligar a los partidos a
postular un porcentaje mínimo de mujeres era ridículo. “Yo en particular no
había necesitado las cuotas porque estaba en movimientos donde había pocas
mujeres, en ese sentido tenía oportunidad”, recalca.
Al escuchar
a las expertas, Cecilia Soto se dio cuenta de que tuvo una formación académica
y una serie de puertas abiertas que no todas las mexicanas tienen, y desde
entonces cree que las cuotas de género son una herramienta indispensable para
emparejar las condiciones en que compiten mujeres y hombres.
“Muy
seguido me encuentro a mujeres que tienen la misma reacción inicial que yo. Son
reacciones de mujeres de clase media alta, pero basta sentarse un ratito y
platicar, ver un poco más el tema a fondo, las estadísticas, para darse cuenta
que es un pequeño mundo privilegiado”.
Al
analizar el pasado dice: “Creo que en mi campaña lo interesante fue el valor
simbólico – quizás no explícito – de ver a una mujer hablar sobre todos los
temas trascendentes de este país; eso fue lo que tuvo un efecto importante en
muchas jóvenes adolescentes que se me acercaban, y se me acercan, porque el
mensaje era muy sencillo: ‘tú puedes aspirar a dirigir este país’”.
Agrega
que no hay un desprecio de los políticos por las mujeres y destaca que las
decisiones que las ignoran provienen de una experiencia cotidiana y de las
redes de poder. Explica que los varones se niegan a trabajar con las mujeres
porque siempre se han rodeado de compañeros y desconfían de ellas porque no
conocen sus capacidades.
Lo que
hizo hace 19 años pasó a la historia porque como abanderada del Partido del
Trabajo obtuvo el 2.75 por ciento de los sufragios de la elección, logrando la
cuarta posición de las votaciones y un resultado que otorgó al PT el registro definitivo
como instituto político.
Cabe
decir que como mujer política, Soto González siempre fue de izquierda y hasta
colaboró con Cuauhtémoc Cárdenas, pero en el año 2000 se acercó al entonces
presidente Vicente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN), quien la designó
como embajadora en Brasil, cargo que desempeñó hasta 2006.
Ahora
ya no milita en la política, pero actualmente es ejecutiva de la Fundación
Carlos Slim y se ha convertido en analista, articulista, promotora de las
cuotas de género y de la participación de las mujeres en los consejos
directivos de las empresas.
Añade
que se retiró de la política por convicción y, no obstante, desde lejos analiza
la realidad política. Hoy concuerda con la plataforma creada por la también ex
candidata presidencial Patricia Mercado y en 2012 simpatizó con la candidatura
presidencial de la panista Josefina Vázquez Mota.
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