Los derechos de las niñas embarazadas en Sierra Leona
* * copiado tal cual del
informe "Avergonzadas y culpabilizadas: los derechos de as niñas
embarazadas en peligro en Sierra Leona "de Amnistía Internacional.
En Sierra Leona, las niñas
cuyo embarazo resulta evidente tienen prohibido asistir a las escuelas
regulares y presentarse a las pruebas académicas. Esta prohibición fue
declarada política oficial del gobierno por el Ministerio de Educación, Ciencia
y Tecnología en abril de 2015, en vísperas de la reapertura de los centros
escolares tras la crisis del ébola. La exclusión de las niñas embarazadas de la
educación regular y de las pruebas académicas es anterior al brote de ébola;
sin embargo, la declaración oficial de la prohibición, hecha al reabrirse las
escuelas, ha suscitado de nuevo debates y preocupación sobre esta cuestión en
Sierra Leona. La Comisión de Derechos Humanos de Sierra Leona calificó la
prohibición de discriminatoria, estigmatizadora y susceptible de marginar aún
más a las niñas y mujeres embarazadas.
No se sabe con certeza a
cuántas niñas afecta la prohibición. Las cifras oficiales hablan de 3.000, pero
expertos que hacen el seguimiento de la situación indican que la verdadera
cifra es muy superior.
En junio de 2015, Amnistía
Internacional visitó el país y entrevistó a 52 niñas, 13 de las cuales estaban
embarazadas o habían dado a luz en fechas recientes. Amnistía Internacional
entrevistó también a docentes, funcionarios, organizaciones de la sociedad
civil y donantes en relación con este asunto. Este informe presenta las
conclusiones de esa investigación y formula algunas recomendaciones al gobierno
de Sierra Leona y sus socios internacionales.
La prohibición de que las
niñas embarazadas asistan a las escuelas regulares se aplica, en algunos casos,
dispensando un trato humillante y degradante a las niñas. Amnistía
Internacional entrevistó a 52 niñas a las que el profesorado u otras personas
en puestos de autoridad, como enfermeras, habían sometido a procedimientos
degradantes, o que habían sido testigos de estas prácticas. Por ejemplo,
personas adultas habían palpado, en público, los pechos y el vientre de las
niñas para comprobar si estaban embarazadas.
Algunas niñas han sido
obligadas por sus escuelas a someterse a análisis de orina. Las niñas hablaron
de una vergüenza profunda y de miedo a ser sometidas a este trato si intentaban
asistir a la escuela o presentarse a las pruebas académicas. El miedo a
someterse a “pruebas” para detectar el embarazo y/o a ser apartadas de la
escuela ha impulsado a algunas niñas a dejar de asistir a los centros. La
magnitud de este problema es difícil de evaluar. Someter a las niñas a este
tipo de “pruebas” constituye una violación grave de su derecho a la integridad
física.
La manera en que se somete a
las niñas a “pruebas” para detectar el embarazo no forma parte de la política
del gobierno, pero la manera en que algunas escuelas tratan a las niñas a las
que creen embarazadas es bien conocida. Pese a ello, el gobierno no ha cursado
directiva alguna ni ha tomado otras medidas proactivas para impedir que el
profesorado y otras personas que ocupan puestos de autoridad dispensen este
trato discriminatorio y degradante a las niñas.
La prohibición de que las
niñas cuyo embarazo resulta evidente asistan a las escuelas regulares tiene
consecuencias a largo plazo en un país donde sólo el 52 por ciento de las
mujeres de 15 a 24 años están alfabetizadas. Las niñas embarazadas se pierden
una parte considerable de su educación, incluidas pruebas académicas clave
necesarias para acceder a otras etapas de la educación o para conseguir empleo.
Cuando el bebé nace, muchas niñas no pueden pagar su cuidado ni pueden contar
con el apoyo de sus familias para reincorporarse a la escuela.
La prohibición de
presentarse a las pruebas académicas también tiene repercusiones a largo plazo
para las niñas embarazadas. Hay al menos dos pruebas académicas decisivas a las
que actualmente no se les permite presentarse: el Examen para el Certificado de
Enseñanza Básica (BECE), que es necesario para garantizar el acceso al segundo
ciclo de enseñanza secundaria o a cualquier otro centro de enseñanza superior;
y el Examen para el Certificado de Enseñanza Secundaria de África Occidental
(WASSCE), necesario para acceder a la universidad y que también tiene
importancia para potenciales empleadores. Dado que los próximos exámenes para
obtener el BECE tendrán lugar a finales de noviembre de 2015, la necesidad de
levantar la prohibición es más urgente si cabe.
Muchas niñas desean
presentarse a estas pruebas académicas y no dejar pasar la oportunidad de
obtener una titulación para la que han estudiado. El deseo de presentarse a las
pruebas académicas y el miedo a que no se les permita hacerlo ha impulsado a
algunas niñas a asumir riesgos para su salud con tal de poder presentarse a los
exámenes, como vendarse el vientre para poder pasar por niñas no embarazadas.
Una niña contó a Amnistía Internacional que, para poder presentarse a una
prueba académica [el examen para obtener el BECE en marzo de 2015], una amiga
había ocultado su embarazo ciñéndose el vientre.
En mayo de 2015, ante la
presión nacional e internacional, el presidente anunció el establecimiento de
un sistema educativo “puente” alternativo que permitiría a las niñas
embarazadas seguir acudiendo a la escuela, pero en locales y horarios
diferentes de los de sus iguales. El sistema alternativo acaba de ponerse en
marcha y cuenta con el apoyo de algunos países donantes de ayuda, como Irlanda
y Reino Unido. Mientras algunas de las niñas con las que habló Amnistía
Internacional acogían favorablemente la idea, otras deseaban asistir a las
clases regulares con sus iguales y dijeron que así lo harían si se les brindaba
la oportunidad. Algunos expertos han expresado preocupación por la ausencia de
opciones y por el efecto estigmatizador de la exclusión permanente de la
enseñanza regular.
La exclusión de las niñas
cuyo embarazo resulta evidente de la escuela regular y de las pruebas
académicas viola su derecho a la educación. La educación se considera un
privilegio que puede retirarse como castigo, y no un derecho de todos los niños
y niñas, sin importar la condición de embarazadas de las niñas.
Esta política es también
manifiestamente discriminatoria. Se basa en estereotipos negativos sobre las
niñas y los refuerza. Además, no tiene en cuenta los elevados niveles de
violencia sexual en Sierra Leona. Durante el brote de ébola, los actos de
violencia sexual, incluidas relaciones abusivas y de explotación, aumentaron en
Sierra Leona. El acceso de las niñas a información, artículos y servicios
relacionados con la salud sexual y reproductiva, incluida atención de la salud
después de una violación, es un problema permanente y anterior a la crisis del
ébola. Sin embargo, durante el periodo álgido de la epidemia las dificultades
que ya existían para las niñas que deseaban acceder a tales servicios se
agravaron notablemente.
Hace ya varios años que la
exclusión de las niñas embarazadas del sistema educativo es reconocida como
problema. Hace más de 10 años, en 2004, la Comisión de la Verdad y la
Reconciliación calificó de “discriminatoria y arcaica” la exclusión de las
niñas embarazadas de la escuela. La Comisión afirmó que cambiar esta situación
era “imperativo”. En 2013, en un anuncio que pareció un avance, el presidente
se comprometió a que el gobierno pondría un “énfasis especial en garantizar que
se permite a las niñas embarazadas presentarse a las pruebas académicas y se
las apoya con este fin, para que puedan forjarse una vida para ellas y para sus
hijos”. Sin embargo, la implementación del programa se vio dificultada por el
comienzo del brote de ébola, y ahora se ha visto obstaculizada aún más por la
confirmación de que las niñas cuyo embarazo resulta evidente son excluidas de
las escuelas y los exámenes regulares.
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