Virginie Despentes: "Un hombre visualiza una violación con una chica cubierta de sangre, muerta y con todos sus familiares llorando"
© Mónica Zas
Marcos, El Diario, Virginie Despentes
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"Si estoy rodeada de amigas violadas, lógicamente también tengo
amigos violadores"
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Nos reunimos con la autora francesa para hablar de Teoría King Kong
diez años después y aplicar su filtro feminista a la actualidad, desde
Blablacar y el 8M hasta el me too o las violaciones en las ONG
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"Los hombres no se dan cuenta de que agredir a una mujer requiere
una violencia extrema. No es un juego de seducción"
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"El 8M deberían unirse los hombres a la huelga. No en la casa o
los cuidados, pero que ellos también pierdan dinero en el trabajo"
Virginie Despentes
(Nancy, 1969) fue violada a los diecisiete, disfrutó del sexo con muchos
hombres a los veinte y un poco más tarde se hizo prostituta. Pero, desde hace
tiempo, prefiere acostarse con mujeres y hablar de feminismo solo con ellas,
porque "los tíos no se han planteado nada".
Su manifiesto
Teoría King Kong salió a la luz hace más de una década y se convirtió en un
vademécum para la teoría de género. Entonces, a muchos hombres les explotó la
cabeza, pero ella cree que en diez años no ha habido suficientes cambios.
Para la autora
francesa, es el momento de que ellos tomen el testigo en el feminismo, de que
hagan autocrítica, que estudien su papel en las violaciones y que arrimen el
hombro.
Es una apuesta
arriesgada respecto a otras teorías feministas, pero ella ha venido a
revolucionar. Lo hace a través de sus novelas, de sus películas y de las
entrevistas que ofrece. Por eso en esta no encontramos las respuestas que
esperamos oír, sino las que nos hacen pensar.
Cuenta en Teoría King Kong que empezó a ser feminista cuando violaron
a una amiga, a pesar de que a usted le había ocurrido tres años antes. ¿Se
puede decir que recibió el "golpe" a través de la sororidad?
Realmente nací en
un ambiente feminista. Mi madre era muy feminista y me crié con ese tipo de
textos. Pero por aquel entonces no me interesaba en absoluto. Quizá porque
precisamente formaba parte de la cultura de mi casa y, cuando eres joven y
rebelde, quieres ir en contra de todo eso.
Después de que me
violasen, solo supe que era algo que había pasado. Me prometí a mí misma que no
lo pensaría, que no le daría importancia, y así no existiría. Solo fui
consciente a través de mi reacción, de mi rabia, hacia la violación de una
amiga. Me di cuenta de que era igual de grave en su caso que en el mío. Fue por
sororidad, pero también por un proceso natural. Un sistema de protección del
cerebro humano.
No existe si no le
prestas atención, ¿no? Todo eso cambia cuando ocurre a tu lado y lo ves desde
fuera. Cuando le pasa a una colega.
Hay una frase muy potente en el libro sobre la mentalidad del
violador: "Si ellas sobreviven, es que la cosa no les disgustó
tanto". Solemos identificar la agresión sexual como un nivel distinto al
del asesinato, no como una posible vía hacia él. ¿Lo hacemos mal?
Necesitamos más
análisis. Por ejemplo, de vocabulario. No puede existir una sola palabra para
referirse a la violación en español, inglés o francés. Y que sea la misma en el
caso de las violaciones en conflictos armados, las agresiones domésticas dentro
de la pareja o la violación bajo amenaza de muerte.
Ya que hemos
comprendido lo comunes que son, deberíamos crear por lo menos 30 palabras
distintas para diferenciar cada tipo de violación.
Lo primero que
pensé cuando me violaron tres desconocidos fuera de mi zona de confort, fue que
iba a morir. Lo relacioné de manera directa. De hecho, sería casi la decisión
"más inteligente" por parte del agresor, de esa forma no se arriesgan
a ser delatados a la policía. En mi caso, la proximidad de mi propia muerte o
la facilidad con la que pudo ocurrir fue incluso más traumática que la propia
violación.
Pero desde luego,
tanto este caso como el de la chica violada y asesinada mientras hace running,
forma parte del mismo hilo de violencia de los hombres hacia las mujeres. Y de
cómo nosotras nos sentimos intimidadas constantemente.
Ese miedo es puesto a veces en tela de juicio. ¿Cómo explicárselo a
alguien que nunca ha tenido que caminar por la calle con temor o mirando por
encima del hombro?
Los hombres no son
conscientes de que ellos pueden sentirse fuertes por la calle, en parte, debido
a los agresores. Los violadores y los maltratadores son quienes facilitan a los
hombres esa sensación de "esta ciudad es mía" que nos quitan a las
mujeres.
Hace 25 años que
escribí Fóllame y durante todos esos años he escuchado historias de mujeres que
han sido violadas. Curiosamente, no tengo ningún amigo que haya confesado haber
violado a una chica. Entonces, si estoy rodeada de amigas violadas, lógicamente
tengo que estarlo también de amigos violadores. El hecho de que ellos mismos no
se reconozcan como violadores me fascina, y pienso que aquí tenemos que hacer
algo. No podemos ser tantas víctimas y tan pocos agresores.
Chicos, por favor,
empezad a pensar en lo que hacéis y en lo que repercute sobre vuestra
contraparte.
Escuchamos testimonios de hombres sobre el sexo o la pasión. ¿Pero
hacen falta otros que analicen aspectos más oscuros de la sexualidad masculina?
Justo. No tengo
ningún amigo que haya contado o pedido perdón por haber violado. Es necesario
que los hombres pongan en palabras su sexualidad y reflexionen sobre sus actos,
sus prácticas y sus pensamientos. Que salgan de esa oscuridad que rodea a su
vida sexual.
Los chicos se
adentran en una noche oscura en la que experimentan un deseo que parecen no
controlar. Para ellos es solo un subidón de testosterona. Han tenido su propia
revolución sexual para la que utilizan el cuerpo de las chicas, pero sin las chicas.
Sería importante saber: ¿en qué momento se identifican como violadores? ¿Qué es
para ellos una violación? Creo que de verdad no lo saben.
Con la ola del me
too vemos que hay muchísimos hombres sorprendidos porque han hecho algo mal. Y
lo peor es que son sinceros. Pero si has tenido sexo con chicas que no querían,
has hecho algo mal. Es hora de que los hombres despierten un poco.
Incluso cuando identificamos al violador o al asesino, como en el caso
de Diana Quer o La Manada, la sociedad sigue culpando a la víctima: por no
haber huido a tiempo, por someterse o por rehacer su vida después (si acaso
pueden).
En realidad, como
sociedad sabemos que cuando te violan no puedes reaccionar de manera demasiado
agresiva. La violación es un castigo, y ese castigo puede ir hasta la muerte.
En el caso de la chica contra cinco agresores, ¿qué se piensan que puedes
hacer? He seguido este juicio por la prensa española y me alucina que nadie
dedique un momento a preguntarle a esta joven si tuvo miedo de ser asesinada.
Yo también estaba
en minoría y, antes de reconocerme como violada, me vi muerta. Todas nos vemos
muertas. Los hombres no se dan cuenta de que agredir a una mujer requiere una
violencia extrema. No es un juego de seducción, y creo que lo sabemos diferenciar.
En Francia, hace
poco desapareció una mujer haciendo jogging y más tarde se descubrió que había
sido asesinada por su marido. Lo primero que hizo la prensa fue sacar a la luz
sus trapos sucios y publicar que tomaba pastillas y que tenía mal carácter. De
manera instintiva, disculparon al hombre y lo convirtieron en víctima.
¡Pobrecito!
Eso jamás
ocurriría en caso contrario. Es muy fuerte la diferencia de trato. Siempre lo
ha sido, pero ahora que entramos en una época mucho más feminista, es aún peor.
Lo piensas y dices, 'mierda'.
Habla mucho de la virilidad como arma de guerra, como castigo contra
el bando contrario; de ahí las violaciones en el campo de combate. Pero el escándalo de las ONGs demuestra que no se
salva ningún ámbito, ni siquiera el más "solidario".
Si piensas en lo
que significa una violación, es lo mismo que dicta el liberalismo: ¿no me
quieres dar algo? Lo voy a tomar. ¿Es tu bien más preciado? Lo voy a tomar
igual. En el mercado de trabajo se da este discurso constantemente:
"quiero este placer y lo voy a tomar a través de tu cuerpo".
La mayoría de la
gente hace el trabajo que no le gusta en unas condiciones que no se merecen y
no quieren dedicar sus vidas a esa producción, pero lo van a hacer igual.
Es lo mismo que
ocurre con lo de las ONG. En este caso, se mezcla además con una discriminación
de raza brutal. Ellos seguro que no creían que estuvieran haciéndolo tan mal.
Pensarían que a esa chica de 15 años le gustaba lo que le proponían, que
respondía al deseo normal entre hombres y mujeres, y que en esos países se
folla mucho más joven. También lo creen así los que hacen turismo sexual en
Tailandia. 'Es una cultura distinta, están contentas'.
¿Cree que es un acto tan inconsciente?
Un hombre
visualiza una violación con una chica cubierta de sangre, muerta y con todos
sus familiares llorando. ¿Pero esto? Dirán que era una manera de entrar en
contacto con la cultura del país.
En Francia, el año
pasado, acusaron a los cascos azules de pedofilia. ¿Has pedido sexo con niños
de nueve años y te ha parecido algo normal? ¿No ves que algo falla? Pues no,
porque están dentro de esa oscuridad, les chupa la polla un crío a cambio de un
bocadillo y creen que los dos se lo pasaron en grande.
Necesitan poner
luz sobre esto porque nosotras no podemos hacer mucho más. Me refiero a que
hablamos, estudiamos, nos apoyamos, y los hombres entretanto nada. Yo, si fuese
hombre, me sentiría muy interpelado.
Contó que lo que más le sorprendió a la gente es que siguiese
haciendo autostop después de su
violación. Ahora ha surgido un debate por la opción de Blablacar solo para
mujeres. ¿Está bien que se creen espacios de seguridad o deberíamos
empoderarnos en los mixtos ?
No tengo una
posición clara. Primero, ¿por qué asumir un riesgo que no quieres? Pero, por el
otro, es el momento de que los hombres cambien su comportamiento y que nosotras
podamos compartir un coche sin problemas. Que sepas que te puedes sentar al
lado de un chico y que él no va a empezar con sus tonterías.
El problema de lo
de Blablacar es que, cuando ocurra una violación, la pregunta será: ¿por qué no
cogiste solo el coche de mujeres? Tenemos que lograr compartir un espacio
público, conjunto y seguro. La segregación me alivia por una parte y a la vez
me parece un fracaso.
Yo tengo 48 años y
he disfrutado de una vida entera. Si pienso en coger un metro solo de chicas,
me molesta. Estoy acostumbrada a los ambientes mixtos. Además, fui heterosexual
mucho tiempo y me gustaba mucho la presencia de los hombres. Si nos empezamos a
segregar, será muy difícil volver atrás. Y será aún más difícil para las
mujeres que quieren seguir teniendo contacto con los hombres. A mí como
lesbiana me da igual, pero las calentonas tienen derecho a conseguir el sexo
que quieren y a disfrutar de la seducción. Si separamos, van a sentirse muy
solas.
En unas semanas se celebra el Día de la Mujer Trabajadora y muchos
hombres se están preguntando cómo ayudan más a la causa feminista. ¿Uniéndose a
la huelga o echándose a un lado para no invisibilizar?
Pienso que, si hay
opción de huelga, los hombres también deben hacerla. Tenemos que emprender
luchas en común de vez en cuando. Soy la primera que desconfío de los hombres
feministas, pero si queremos convivir y queremos una cultura heterosexual sana,
tienen que compartir esta lucha porque son ellos el problema. Son ellos los que
cobran más y los que acosan, y tienen que solucionarlo.
Si es una huelga
simbólica, deberían parar de trabajar los hombres también. No en los cuidados o
en la casa, pero que ellos también pierdan dinero en el trabajo.
Por último, una vez reposado el me too, ¿lo recordaremos como un
movimiento liberador o como una época que empoderó a las mujeres como víctimas?
En el me too no
veo víctimas, veo a mujeres diciendo basta y cambiando lo que no les gusta.
Nunca he visto un movimiento así de internacional, que pasa en EEUU y se
traslada a Suecia, Italia o Francia. Leí un artículo de la filósofa francesa
Elsa Dorlin que identificaba el me too como el fin de la solidaridad masculina.
Una dinámica por la que, incluso el hombre que no hacía nada, defendía a su
colega abusador o acosador.
Ahora, han
entendido que les puede traer problemas esa actitud. Históricamente esto es muy
relevante. Y, en cuanto a las mujeres, ha sido clave porque hay muchísimas
jóvenes identificándose como feministas sin complejos. Eso no ocurría entre las
heterosexuales de mi generación. Decían: "soy feminista, pero...adoro a
los hombres, me gusta la seducción, me encantan los vestidos o me
maquillo". Ahora es ser feminista y punto. Se acabó.
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