La demonización de las feministas que defienden la biología

* * traducción libre de partes del discurso que Brendan O’Neill ha dado en el Queen’s College, Oxford esta semana y que se puede leer integro aquí.

Es mi creencia sincera que un hombre nunca puede convertirse en mujer. Que no importa cuántas hormonas tome, las operaciones que se haga o los trajes fabulosos que se compre, una persona que nació hombre nunca podrá volverse mujer.

Acepto que un hombre puede ser una mujer trans. Acepto el derecho de cada hombre a reclamar ser una mujer y a cambiar su nombre por el de una mujer, si así lo desea. Y estas mujeres trans deben, por supuesto, disfrutar de los mismos derechos que cualquier otro ciudadano: el derecho al voto, el derecho a la libertad de expresión, el derecho al trabajo. Pero, en mi opinión, no son mujeres. El lema "las mujeres trans son mujeres" es una mentira. Esta es mi creencia sincera.

Recientemente, sin embargo, esta creencia se ha vuelto prácticamente impronunciable en una sociedad respetable. Se ha convertido en herejía. Negar que los hombres puedan volverse mujeres es el equivalente moderno de negar que una oblea y una copa de vino se convierta en la carne y sangre de Cristo durante la eucaristía. Si niegas la magia trans, serás sometido a un acoso similar a los que negaron la transubstanciación en la Edad Media.

Hay un celo religioso por la protección de la transgénesis de la crítica, la negación o la blasfemia. La palabra "transfobia" se utiliza para demonizar la creencia de que los hombres no pueden convertirse en mujeres. La lucha contra la transfobia no se trata de terminar con la discriminación hacia las personas trans sino de silenciar puntos de vista morales que ahora se consideran inaceptables. Se trata de convertir ciertas creencias en herejías. "Transfobia" es realmente una nueva palabra para blasfemia. Acusar a alguien de "transfobia" es acusarlo de haber pecado o difamado contra la nueva ortodoxia que dice que el género es fluido, algunos hombres tienen cerebros femeninos, los binarios son un mito, y así sucesivamente. No se equivoquen: "transfóbico" significa hereje.

Las feministas que cuestionan la magia trans son expulsadas de los campus universitarios, puestas en listas negras por uniones de estudiantes llamadas de todo: perras, putas o TERFs. Feminista radical trans-exclusionaria o TERF por sus siglas en inglés, se ha convertido en el insulto más común lanzado contra estas mujeres blasfemas. Las TERFs están en la listas negras de uniones estudiantiles. L@s activistas trans les han impedido físicamente celebrar reuniones públicas como se ha visto recientemente en la Universidad de Bristol. Las feministas han sido atacadas violentamente: el año pasado activistas trans le dieron un puñetazo en la cara a una mujer de 60 años llamándola TERF.

Un TERF es una bruja. Eso es realmente lo que significa TERF: mujer problemática, mujer altanera, mujer desafiante, hereje. Así como el miedo y la furia medievales con las brujas fueron impulsadas por el deseo de la Iglesia de erradicar la herejía, descubrir y castigar el pensamiento poco ortodoxo, la inclusión en la lista negra y asalto de TERFs está motivada por la intolerancia de los que promueven la religiosidad de la fluidez de género. Especialmente entre mujeres. Las guerras de estilo religioso sobre la herejía siempre odiaron a las mujeres disidentes más que a los hombres. Que los buscadores de TERF, como los cazadores de brujas de antaño, odien a las feministas (herejes) más que a los hombres pone de manifiesto tanto la intolerancia del movimiento trans con cualquier visión de la feminidad que difiera de su propia elástica y excéntrica visión de la feminidad, como los puntos en común con movimientos anteriores que oprimieron a las mujeres que fuesen contra dictados socio-religiosos.

Recientemente asistimos al espectáculo de que 300 mujeres del Partido Laborista renunciasen en protesta por la decisión del partido de incluir a las personas que nacieron como hombres en las listas de candidatas. Otros miembros del partido, incluidos los hombres, aplaudieron cuando las mujeres se marcharon. "Saquen a las TERFs", tuitearon. Es decir, expulsen a las brujas. Expulsarlas. Las herejes no son bienvenidas. Que muchos hombres de izquierda se rían de las preocupaciones de estas mujeres, o aprueben la censura de sus ideas, o conspiran en su demonización como TERFs, sugiere que la ideología trans tiene una fuerte veta de misoginia. De hecho, el activismo trans parece cada vez más misoginia disfrazada.

También estamos viendo como la crítica de la ideología trans se desestima tachándola no sólo como incorrecta, sino también como peligrosa, moralmente corrupta y moralmente corruptora. Aparentemente, las creencias de las feministas son una especie de veneno que puede contaminar las almas y las mentes e incluso causar que jóvenes trans se suiciden. El punto de vista que dice que no se puede cambiar mágicamente el sexo está impregnado de un poder asombroso y devastador: el poder de matar sin tocar a nadie.

Esto también está en consonancia con cruzadas anteriores contra la herejía. Entonces, como ahora, el pensamiento poco ortodoxo que iba en contra de la ley del Vaticano o planteaba preguntas sobre las escrituras bíblicas fue tratado no sólo como mal informado sino también como corruptor, como una enfermedad y una enfermedad que podría extenderse. Históricamente se consideraba que las personas y, a veces, comunidades enteras estaban "infectadas con herejía". Hoy esa idea profundamente censuradora encuentra expresión en la guerra sobre la blasfemia de la transfobia. Como lo expresó recientemente un titular, "la transfobia es la enfermedad mental, no la transexualidad". O como dijo un escritor de Los Angeles Times, son los críticos de lo trans quienes están "realmente enfermos". Es decir, sus ideas son una enfermedad que causa daño y a veces la muerte. Están infectados de herejía e infectan a otros con su herejía.

Lo que estamos presenciando es un acto clásico de demonología: la transformación de un grupo completo de personas, personas críticas de lo trans, en demonios. A través de la demonología, la censura y, ocasionalmente, la violencia, la creencia de que no se puede cambiar el sexo de forma mágica, una creencia que sostengo, se ha convertido desde un punto de vista aceptable en una herejía que se pronuncia bajo riesgo. Encuentro esta transformación rápida e implacable de una visión moral en el pecado mortal fascinante, porque es un estudio de caso moderno en la fabricación de brujas, y en la imposición de la ortodoxia. Merece estudio, este asalto moral y físico a una idea, porque representa una versión del siglo XXI de la enfermedad del pensamiento crítico que era más común en los momentos más oscuros de la historia.

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