Heather Brunskell-Evans: El Ministerio de la Verdad Trans

© Heather Brunskell-Evans, Spiked
* * traducción libre del artículo que puedes leer aqui.

- el lenguaje del transgenderismo está diseñado para silenciar la disidencia.

Estoy fascinada por la forma en que los conceptos aparentemente surgen de la nada, afianzan la imaginación popular y luego se naturalizan y quedan fuera de toda duda.

Uno de estos conceptos es la idea de que las personas pueden "nacer en el cuerpo equivocado" para que los hombres puedan ser mujeres. Dado que no hay evidencia científica, neurocientífica ni de otro tipo de que un hombre biológicamente ambiguo pueda ser de hecho una mujer, ¿cómo puede la sociedad haber llegado a una etapa en la que las personas que cuestionan la afirmación de que "las mujeres trans son mujeres" sean etiquetados como nazis, fanáticas y transbófobas?

Ha surgido una nueva nomenclatura que dvidie a las mujeres en dos grupos: mujeres "cis" (biológicas) y mujeres "trans". Este malabarismo lingüístico apoya la idea de que algunos hombres pueden ser mujeres. Pero, sin importar cuanto se hayan trabajado/operado su exterior y apariencia femenina, las mujeres trans (a diferencia de las mujeres transexuales) tienen penes.

El concepto de que las mujeres trans son mujeres y que debemos creer que esto es así porque lo afirman se traduce en la idea de que las "mujeres trans" son aún más oprimidas por el patriarcado que sus hermanas cis. Los progresistas se vuelven rutinariamente con virulencia contra las mujeres que desafían esta nueva “verdad”, llamándolas feministas radicales transexclusivas (TERF, por sus siglas en inglés) sin importar qué tan moderadas, reflexivas o, de hecho, transaliadas sean.

Esta nueva definición de mujer está teniendo efectos extraños en nuestras instituciones políticas. El partido laborista ahora admite hombres que se identifican como mujeres en las listas de candidatas sin necesidad de un certificado de reconocimiento de género. Varios de estos hombres se han postulado con éxito al programa Mujeres en Liderazgo de Jo Cox.

Luego está la misoginia. El partido laborista continúa apoyando a Lily Madigan como responsable de las mujeres de Rochester y Strood a pesar de su acoso a feministas que critican la noción de género y otras mujeres. Uno de sus últimos tuits dice que las TERFs "pueden irse a la mierda" y se le permite decir esto con impunidad no solo por el partido sino también por el propio twitter.

El partido laborista también (brevemente) nominó a la mujer trans Munroe Bergdorf para un grupo de trabajo LGBT. Bergdorf fue citada recientemente en Grazia diciendo que muchas feministas son esencialistas biológicas, porque aparentemente "resumimos a las mujeres como vaginas ambulantes…   un enfoque similar al de los misóginos".

Ha surgido una especie de Ministerio de la Verdad informal en torno a la cuestión trans, o mejor dicho, un Ministerio de Propaganda, ya que es responsable de la falsificación de eventos históricos y hechos biológicos. De acuerdo con el concepto de doble pensamiento, el ministerio crea y luego difunde "Verdad" a través del nuevo lenguaje de cis y trans.

En un giro escalofriante ahora las feministas son las supuestas misóginas extremistas, simplemente porque no permiten que seres humanos con pene controlen la narrativa política. La afirmación, tanto mundana como tautológica, de que las mujeres no tienen penes ahora se considera inflamatoria. Recientemente la policía de Liverpool abrió una investigación cuando un grupo feminista distribuyó pegatinas donde se leía “las mujeres no tienen pene”.

Un viento frío de autoritarismo sopla a través de nuestra sociedad supuestamente progresista, liberal-democrática. Cuando decir la verdad se convierte en discurso de odio, cuando la opresión se convierte en ética, cuando los no hechos se convierten en verdad, es mejor que nos fijemos en todos.

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