La emergencia humanitaria en Venezuela: impacto en Colombia

* * copiado tal cual del informe "La emergencia humanitaria en Venezuela" de Human Rights Watch que se puede leer aquí: https://www.hrw.org/es/report/2019/04/04/la-emergencia-humanitaria-en-venezuela/se-requiere-una-respuesta-gran-escala-de-la

La falta de disponibilidad de medicamentos, insumos, médicos y profesionales de la salud, así como de proveedores de servicios de salud básicos, se está convirtiendo en el principal motivo de migración desde Venezuela hacia Colombia. En los últimos años, casi 1.200.000 venezolanos han huido hacia Colombia. Durante los últimos dos años, en el departamento colombiano de Norte de Santander, que limita con Venezuela, se ha experimentado un marcado aumento en los “eventos en salud pública” entre venezolanos reportados por medio de los sistemas de vigilancia: de 182 en 2015 a 5.094 en 2018. El Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública de Colombia (Sivigila) informó que entre enero y agosto de 2018 se produjeron 2.398 eventos en salud pública en pacientes extranjeros, casi el triple que durante el mismo período de 2017 (863 casos). Los eventos informados entre personas venezolanas incluyen malaria (36,8%), violencia de género (12,6%), desnutrición aguda en niños y niñas menores de 5 años (6,6%), VIH/sida (6,2%) y tuberculosis (4%). Los departamentos donde se informó la mayor cantidad de pacientes venezolanos fueron Norte de Santander (30,1%), Guainía (17,2%), La Guajira (12,8%), Arauca (4,9%) y Vichada (4,3%).

ENFERMEDADES INFECCIOSAS
En 2018, las enfermedades infecciosas que se informaron con más frecuencia entre venezolanos que residen del lado colombiano de la frontera fueron malaria, dengue, tuberculosis, VIH/sida y hepatitis A, que sin excepción experimentaron aumentos desde 2015. También aumentaron considerablemente las enfermedades que pueden prevenirse con vacunas; se pasó de tener entre 1 y 4 eventos por año en el período 2015-2017 a más de 200 en 2018. La mayoría de los casos de 2018 fueron de tos ferina y sarampión.

El aumento en el número de casos de enfermedades infecciosas se debe probablemente tanto a la creciente cantidad de venezolanos que llega a Colombia, como al deterioro de la salud de quienes viven en Venezuela. Una de las iniciativas implementadas por las autoridades colombianas para contrarrestar la crisis de salud en la frontera ha sido el suministro de vacunas: se proporcionaron 58.580 en 2017 y 789.292 en 2018, en tres cruces de frontera en Norte de Santander (además de cantidades menores en otros puntos) a poblaciones vulnerables, mayormente conformadas por venezolanos. Esto significa que hubo un aumento de 1.274% durante este período.

SALUD DE LAS MUJERES Y VIOLENCIA DE GÉNERO
En Colombia hay, por lo menos, 454.000 mujeres migrantes venezolanas. A muchas les resulta difícil acceder a servicios de atención de la salud y enfrentan amenazas de explotación y abuso sexual, trata de personas y violaciones de los derechos sexuales y reproductivos. Más del 12% de los eventos en salud pública informados en 2018 se clasificaron como casos de violencia de género, y algunas evidencias sugieren que las mujeres de comunidades indígenas están expuestas a riesgos aún mayores.

SALUD MATERNA E INFANTIL
Según un informe elaborado por el Gobierno de Colombia en 2018, habían ingresado en Colombia más de 8.000 venezolanas embarazadas, y se esperaba que estas mujeres dieran a luz en ese país. La mayoría no había recibido ningún tipo de atención prenatal en Venezuela. De todos los embarazos registrados en 2018, 673 se produjeron en niñas de entre 13 y 17 años, y 57 entre miembros de grupos indígenas.

La cantidad de niñas y mujeres embarazadas provenientes de Venezuela a quienes el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar brindó atención trepó de 22.113 en 2017 a casi 55.544 entre enero y septiembre de 2018, en todos sus programas.

Según el sistema de vigilancia de salud en Norte de Santander, la cantidad de eventos en salud materna y perinatal o neonatal entre venezolanas ha ido en aumento (Gráfico 2). Cuarenta y cinco mujeres venezolanas presentaron graves enfermedades asociadas con el embarazo o el parto, y siete murieron en 2018, mientras que antes de la crisis en 2015, sólo se habían reportado dos casos de morbilidad materna extrema y ningún caso de mortalidad materna en Norte de Santander.

De manera similar, el bajo peso al nacer y la mortalidad perinatal y neonatal de bebés venezolanos han aumentado consideradamente. En 2015 murieron cuatro recién nacidos, mientras que en 2018 fueron 211 . La caída en salud materna e infantil probablemente refleja la falta de disponibilidad de atención en Venezuela. Diversos médicos colombianos describen un importante aumento en la demanda de atención prenatal y números más altos de partos de mujeres que informan no haber tenido suficiente atención prenatal. Según el Hospital Universitario Erasmo Meoz en Cúcuta, el único hospital de atención terciaria de Norte de Santander, en 2018 se produjeron 2.944 partos de bebés venezolanos.

CARGA MIGRATORIA SOBRE EL SISTEMA DE SALUD
Según el Instituto Departamental de Salud, en 2017 y 2018, los servicios médicos de urgencia de Norte de Santander trataron a 34.492 venezolanos en establecimientos públicos y otros 12.144 casos en centros de salud móviles. En 2018, se aumentó la cantidad de unidades de salud móviles para reducir la carga en los establecimientos de salud. Si bien el Gobierno tiene capacidad para abordar las necesidades de salud de los venezolanos, preocupa la sostenibilidad de esa atención. En la actualidad, tanto la OMS como ACNUR proporcionan apoyo a los establecimientos públicos, pero el Gobierno colombiano se hace cargo de la mayor parte del costo.

En julio de 2018, funcionarios colombianos dijeron que el Gobierno había proporcionado a inmigrantes venezolanos 2.200 millones de pesos colombianos (aproximadamente USD 730.660) en atención que no era de emergencia, como resultado de fallos judiciales que reconocían a los venezolanos el derecho a recibir esta atención. Ese monto no incluye las vacunas, que se ofrecen gratis a todas las personas que las solicitan. Asimismo, el Gobierno colombiano, por motivos humanitarios y mediante un permiso especial, brinda atención adicional en algunos casos específicos, en la medida en que eso es posible en función de los recursos disponibles; por ejemplo, en algunos casos de cáncer infantil.

El Hospital Universitario Erasmo Meoz trató a 14.953 pacientes venezolanos en 2018. A su vez, la demanda de atención médica ha aumentado tanto entre los venezolanos como entre los colombianos que vivieron en Venezuela durante mucho tiempo y ahora han regresado a Colombia (a quienes se llama “retornados”). Sin embargo, las cifras oficiales no expresan la verdadera magnitud de esa carga, ya que los retornados son registrados como ciudadanos colombianos. Debido al mayor volumen de casos, los tiempos de espera son más prolongados, han surgido inquietudes con respecto a la capacidad de atención y los costos para los establecimientos de salud de Colombia han aumentado. El espacio en unidades de cuidados intensivos es limitado, al igual que las opciones para derivar a los venezolanos, ya que la mayoría carece de seguro colombiano. A menudo es imposible atenderse en hospitales especializados (ubicados, por lo general, en las principales ciudades) debido a su costo o a que quizás los pacientes no pueden acceder a ellos por su condición migratoria.

NUTRICIÓN
Según una encuesta realizada por el Comité Internacional de Rescate (International RescueCommittee, IRC) en abril de 2018, los alimentos eran la necesidad prioritaria para quienes vivían en Venezuela y la segunda necesidad más indicada por los venezolanos en Cúcuta (80%); en abril de 2018, se calculaba que había en Colombia 611.000 venezolanos y retornados en situación de inseguridad alimentaria. De acuerdo con datos oficiales de Colombia, los casos de desnutrición aguda severa (DAS) entre niños y niñas venezolanos menores de 5 años aumentaron desde 2015 (año en el que no se informaron casos) a 2 en 2016, 13 en 2017 y 360 en 2018. En 2017, tres personas venezolanas fallecieron por desnutrición, mientras que en 2018 fueron 11.

La Cruz Roja ha iniciado controles en varios puestos de salud, y hay albergues y comedores comunitarios que también cuentan con personal de enfermería que ofrece controles; sin embargo, los programas no son generalizados y la posibilidad de hacer un seguimiento de las personas es difícil debido al desplazamiento de las poblaciones. Aunque no tuvimos acceso a datos de la Cruz Roja, en un comedor comunitario nos indicaron que habían detectado diez niños y niñas con desnutrición aguda, que recibían alimentos complementarios.

El equipo de Human Rights Watch y la Universidad Johns Hopkins realizó una rápida evaluación de 115 niños y niñas de entre 6 y 59 meses en un comedor comunitario cerca de la frontera, en Cúcuta, y no detectó casos de desnutrición aguda grave o moderada. Sin embargo, sí encontró ocho niños y niñas (7% del total) en riesgo de sufrir desnutrición aguda. En Norte de Santander en general, el Gobierno colombiano, en coordinación con el PMA, proporciona alimentos complementarios a niños y niñas con desnutrición pero es difícil evaluar si la cobertura es suficiente, ya que no existen datos disponibles sobre prevalencia de la desnutrición aguda y resulta difícil calcular el tamaño de la población.

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