Venezuela: Crisis de nutrición
* * copiado tal cual del informe "La emergencia humanitaria en Venezuela" de Human Rights Watch que se puede leer aquí: https://www.hrw.org/es/report/2019/04/04/la-emergencia-humanitaria-en-venezuela/se-requiere-una-respuesta-gran-escala-de-la
El Gobierno venezolano dejó de divulgar datos oficiales sobre nutrición en 2007. No obstante, otras fuentes, incluida la información reunida por profesionales de la salud y organizaciones no gubernamentales en Venezuela, sugieren aumentos alarmantes en los niveles de desnutrición.
En 2018, la FAO indicó que, entre 2015 y 2017, el 11,7% de la población venezolana —3,7 millones de personas— estaba subalimentada, comparado con menos del 5% entre 2008 y 2013. En febrero de 2019, un vocero de la OMS confirmó que “Venezuela había sufrido efectivamente un aumento en la cantidad de personas desnutridas”, basándose en un informe conjunto elaborado por la FAO, la OPS, Unicef y el PMA.
DETERIORO DE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
La mayoría de los hogares venezolanos están ahora en situación de inseguridad alimentaria, lo cual implica que no tienen acceso suficiente a alimentos seguros y nutritivos, conforme surge de los datos más recientes disponibles. La Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida de 2017, realizada por tres prestigiosas universidades venezolanas, determinó que el 80% de los hogares estaban en situación de inseguridad alimentaria y el 87% vivían en la pobreza, respecto del 48% en 2014. La encuesta mostró además que el 89% de los hogares informaron no tener ingresos suficientes para comprar alimentos, y el 61% de los entrevistados indicaron que se acostaban con hambre. Asimismo, los encuestados informaron que sólo podían costear alimentos de menor calidad, y que optaban por alimentos más económicos y menos nutritivos. Posteriormente, en la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida de 2018, los investigadores detectaron un aumento del 48% en la cantidad de hogares en situación de pobreza durante ese año. Diversos factores explican esta situación. En primer lugar, Venezuela importa más del 70% de sus alimentos y ha experimentado una reducción del 67% en las importaciones de alimentos desde el inicio de 2016 y hasta fines de 2017 En segundo lugar, la hiperinflación hace que sea imposible para muchos venezolanos comprar comida en el mercado tradicional. Por consiguiente, dependen de cajas con alimentos sujetos a precios establecidos por el Gobierno; sin embargo, estos alimentos no llegan a todos los venezolanos que los necesitan, la provisión de cajas es intermitente y la posibilidad de recibirlas suele estar asociada con que las personas manifiesten su apoyo político al Gobierno.
PREVALENCIA CRECIENTE DE LA DESNUTRICIÓN AGUDA
Es difícil saber cuál es la verdadera magnitud de la desnutrición aguda en Venezuela, pues el Gobierno no ha difundido datos y la posibilidad de represalias de las autoridades hace que a los trabajadores de la salud les atemorice registrar y compartir datos precisos sobre desnutrición. Sin embargo, dos ONG en el país han dado seguimiento al estado de la desnutrición aguda y la información que producen arroja luz sobre cuál podría ser el alcance del problema de la nutrición.
La organización no gubernamental Cáritas, vinculada con la Iglesia católica, ha recopilado datos sobre desnutrición de niños y niñas menores de cinco años en siete estados del país. En cada estado observado por Cáritas, se relevaron entre cuatro y siete lugares vulnerables, y en cada uno se tomaron entre 725 y 1.445 muestras. La evaluación detectó un aumento en la desnutrición infantil aguda entre 2016 y principios de 2018, seguida por un descenso en algunos estados relevados.
Cáritas informó que la DAM y la DAS entre niños y niñas de menos de cinco aumentó del 10% en febrero de 2017 al 17% en marzo de 2018, un nivel indicativo de una crisis, según los estándares de la OMS. En informes posteriores se determinó que en esos estados la tasa general había disminuido al 13,5% en julio y al 9,6% en septiembre. Sin embargo, en ese mismo período las tasas subieron del 11,6% al 13,4% en el estado Miranda, y del 6% al 11,8% en el estado Sucre.
La Fundación Bengoa, una organización sin fines de lucro, también identificó evidencias de que están empeorando las condiciones nutricionales entre los niños y las niñas. Su estudio observó a niños y niñas en edad preescolar inscritos en programas de alimentación en diez escuelas distintas del país. En tres de las escuelas encuestadas por Bengoa, se observó un aumento de la desnutrición aguda, del 3,3-3,4% en el año escolar 2014/2015 al 15,5% en 2017. Varias escuelas examinadas en el estado Anzoátegui tenían tasas de desnutrición aguda del 16,7%. Como ocurría en las áreas evaluadas por Cáritas, la prevalencia de la desnutrición aguda en los lugares analizados por la Fundación Bengoa superaba los niveles de crisis establecidos por la OMS.
Los estudios realizados por Cáritas y por la Fundación Bengoa se basaron en poblaciones específicas de Venezuela y no pueden considerarse representativos del país en su totalidad. Sin embargo, sus datos sugieren altos niveles de desnutrición aguda en al menos algunas comunidades vulnerables.
Otros datos también muestran desnutrición en adultos, sobre todo en mujeres embarazadas. Una encuesta realizada por Cáritas entre julio y septiembre de 2018 identificó que el 21% de las mujeres embarazadas en comunidades de bajos ingresos presentaba desnutrición aguda. Asimismo, la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (ENCOVI) 2017 informó que el 64,3% de la población evaluada había perdido peso durante el año precedente, y el promedio de pérdida de peso entre adultos era de 11,4 kilos.
AUMENTO DE LOS INGRESOS EN HOSPITALES CON DESNUTRICIÓN AGUDA
Algunos hospitales venezolanos informaron un aumento en la cantidad de niños y niñas que eran ingresados con desnutrición aguda, así como de las consultas por esta condición en 2018. A principios de 2018, fue preocupantemente alta la proporción de niños y niñas ingresados en hospitales con desnutrición aguda (entre el 18% y el 40%, en cinco lugares distintos del país).
A mediados de 2018, la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría informó que el 72% de los niños y niñas que acudían a servicios de urgencia en los hospitales tenían algún nivel de problemas de nutrición, producto de una dieta inadecuada. El grupo informó, asimismo, sobre un rápido aumento en la cantidad de niños y niñas que se presentaban en los hospitales con enfermedades vinculadas con la alimentación, como emaciación y pelagra. La emaciación, o delgadez extrema, es un tipo de desnutrición aguda provocada por una ingesta calórica insuficiente, mientras que la pelagra es causada por la deficiencia de vitaminas. Si no son tratadas, ambas pueden ser letales.
Un hospital pediátrico en Venezuela indicó que, en 2014 y 2015, cerca de 30 niños y niñas fueron ingresados cada año con desnutrición aguda severa. Esta cantidad tuvo un aumento súbito, a más de 95 ingresos por año, tanto en 2016 como en 2017. La proporción de niños y niñas ingresados por desnutrición aguda severa en ese hospital, en comparación con la cantidad total de niños que llegaron al hospital por primera vez, subió del 5,4% en 2014 al 15,8% en 2016, y al 20% en 2017.
En otro estado venezolano, un hospital registró entre 180 y 220 niños y niñas ingresados anualmente con desnutrición aguda entre 2011 y 2013. Estos ingresos crecieron a más de 300 en 2014, y en 2017 llegaron a más de 600 niños y niñas admitidos con desnutrición aguda. Esto implica que el valor se triplicó en tres años.
Los datos sobre ingresos transmitidos a Human Rights Watch y a la Universidad Johns Hopkins por profesionales de la salud de otros hospitales de Venezuela muestran tasas elevadas de desnutrición aguda en niños y niñas, en muchos casos con consecuencias fatales. No obstante, es probable que las cifras comunicadas sean inferiores a las reales, debido al temor de los trabajadores de la salud de informar los diagnósticos de desnutrición, y a que algunos hospitales directamente prohíben efectuar ese diagnóstico.
El Gobierno venezolano dejó de divulgar datos oficiales sobre nutrición en 2007. No obstante, otras fuentes, incluida la información reunida por profesionales de la salud y organizaciones no gubernamentales en Venezuela, sugieren aumentos alarmantes en los niveles de desnutrición.
En 2018, la FAO indicó que, entre 2015 y 2017, el 11,7% de la población venezolana —3,7 millones de personas— estaba subalimentada, comparado con menos del 5% entre 2008 y 2013. En febrero de 2019, un vocero de la OMS confirmó que “Venezuela había sufrido efectivamente un aumento en la cantidad de personas desnutridas”, basándose en un informe conjunto elaborado por la FAO, la OPS, Unicef y el PMA.
DETERIORO DE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
La mayoría de los hogares venezolanos están ahora en situación de inseguridad alimentaria, lo cual implica que no tienen acceso suficiente a alimentos seguros y nutritivos, conforme surge de los datos más recientes disponibles. La Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida de 2017, realizada por tres prestigiosas universidades venezolanas, determinó que el 80% de los hogares estaban en situación de inseguridad alimentaria y el 87% vivían en la pobreza, respecto del 48% en 2014. La encuesta mostró además que el 89% de los hogares informaron no tener ingresos suficientes para comprar alimentos, y el 61% de los entrevistados indicaron que se acostaban con hambre. Asimismo, los encuestados informaron que sólo podían costear alimentos de menor calidad, y que optaban por alimentos más económicos y menos nutritivos. Posteriormente, en la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida de 2018, los investigadores detectaron un aumento del 48% en la cantidad de hogares en situación de pobreza durante ese año. Diversos factores explican esta situación. En primer lugar, Venezuela importa más del 70% de sus alimentos y ha experimentado una reducción del 67% en las importaciones de alimentos desde el inicio de 2016 y hasta fines de 2017 En segundo lugar, la hiperinflación hace que sea imposible para muchos venezolanos comprar comida en el mercado tradicional. Por consiguiente, dependen de cajas con alimentos sujetos a precios establecidos por el Gobierno; sin embargo, estos alimentos no llegan a todos los venezolanos que los necesitan, la provisión de cajas es intermitente y la posibilidad de recibirlas suele estar asociada con que las personas manifiesten su apoyo político al Gobierno.
PREVALENCIA CRECIENTE DE LA DESNUTRICIÓN AGUDA
Es difícil saber cuál es la verdadera magnitud de la desnutrición aguda en Venezuela, pues el Gobierno no ha difundido datos y la posibilidad de represalias de las autoridades hace que a los trabajadores de la salud les atemorice registrar y compartir datos precisos sobre desnutrición. Sin embargo, dos ONG en el país han dado seguimiento al estado de la desnutrición aguda y la información que producen arroja luz sobre cuál podría ser el alcance del problema de la nutrición.
La organización no gubernamental Cáritas, vinculada con la Iglesia católica, ha recopilado datos sobre desnutrición de niños y niñas menores de cinco años en siete estados del país. En cada estado observado por Cáritas, se relevaron entre cuatro y siete lugares vulnerables, y en cada uno se tomaron entre 725 y 1.445 muestras. La evaluación detectó un aumento en la desnutrición infantil aguda entre 2016 y principios de 2018, seguida por un descenso en algunos estados relevados.
Cáritas informó que la DAM y la DAS entre niños y niñas de menos de cinco aumentó del 10% en febrero de 2017 al 17% en marzo de 2018, un nivel indicativo de una crisis, según los estándares de la OMS. En informes posteriores se determinó que en esos estados la tasa general había disminuido al 13,5% en julio y al 9,6% en septiembre. Sin embargo, en ese mismo período las tasas subieron del 11,6% al 13,4% en el estado Miranda, y del 6% al 11,8% en el estado Sucre.
La Fundación Bengoa, una organización sin fines de lucro, también identificó evidencias de que están empeorando las condiciones nutricionales entre los niños y las niñas. Su estudio observó a niños y niñas en edad preescolar inscritos en programas de alimentación en diez escuelas distintas del país. En tres de las escuelas encuestadas por Bengoa, se observó un aumento de la desnutrición aguda, del 3,3-3,4% en el año escolar 2014/2015 al 15,5% en 2017. Varias escuelas examinadas en el estado Anzoátegui tenían tasas de desnutrición aguda del 16,7%. Como ocurría en las áreas evaluadas por Cáritas, la prevalencia de la desnutrición aguda en los lugares analizados por la Fundación Bengoa superaba los niveles de crisis establecidos por la OMS.
Los estudios realizados por Cáritas y por la Fundación Bengoa se basaron en poblaciones específicas de Venezuela y no pueden considerarse representativos del país en su totalidad. Sin embargo, sus datos sugieren altos niveles de desnutrición aguda en al menos algunas comunidades vulnerables.
Otros datos también muestran desnutrición en adultos, sobre todo en mujeres embarazadas. Una encuesta realizada por Cáritas entre julio y septiembre de 2018 identificó que el 21% de las mujeres embarazadas en comunidades de bajos ingresos presentaba desnutrición aguda. Asimismo, la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (ENCOVI) 2017 informó que el 64,3% de la población evaluada había perdido peso durante el año precedente, y el promedio de pérdida de peso entre adultos era de 11,4 kilos.
AUMENTO DE LOS INGRESOS EN HOSPITALES CON DESNUTRICIÓN AGUDA
Algunos hospitales venezolanos informaron un aumento en la cantidad de niños y niñas que eran ingresados con desnutrición aguda, así como de las consultas por esta condición en 2018. A principios de 2018, fue preocupantemente alta la proporción de niños y niñas ingresados en hospitales con desnutrición aguda (entre el 18% y el 40%, en cinco lugares distintos del país).
A mediados de 2018, la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría informó que el 72% de los niños y niñas que acudían a servicios de urgencia en los hospitales tenían algún nivel de problemas de nutrición, producto de una dieta inadecuada. El grupo informó, asimismo, sobre un rápido aumento en la cantidad de niños y niñas que se presentaban en los hospitales con enfermedades vinculadas con la alimentación, como emaciación y pelagra. La emaciación, o delgadez extrema, es un tipo de desnutrición aguda provocada por una ingesta calórica insuficiente, mientras que la pelagra es causada por la deficiencia de vitaminas. Si no son tratadas, ambas pueden ser letales.
Un hospital pediátrico en Venezuela indicó que, en 2014 y 2015, cerca de 30 niños y niñas fueron ingresados cada año con desnutrición aguda severa. Esta cantidad tuvo un aumento súbito, a más de 95 ingresos por año, tanto en 2016 como en 2017. La proporción de niños y niñas ingresados por desnutrición aguda severa en ese hospital, en comparación con la cantidad total de niños que llegaron al hospital por primera vez, subió del 5,4% en 2014 al 15,8% en 2016, y al 20% en 2017.
En otro estado venezolano, un hospital registró entre 180 y 220 niños y niñas ingresados anualmente con desnutrición aguda entre 2011 y 2013. Estos ingresos crecieron a más de 300 en 2014, y en 2017 llegaron a más de 600 niños y niñas admitidos con desnutrición aguda. Esto implica que el valor se triplicó en tres años.
Los datos sobre ingresos transmitidos a Human Rights Watch y a la Universidad Johns Hopkins por profesionales de la salud de otros hospitales de Venezuela muestran tasas elevadas de desnutrición aguda en niños y niñas, en muchos casos con consecuencias fatales. No obstante, es probable que las cifras comunicadas sean inferiores a las reales, debido al temor de los trabajadores de la salud de informar los diagnósticos de desnutrición, y a que algunos hospitales directamente prohíben efectuar ese diagnóstico.
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