Diario de cuarentena 6

En Nueva York no tenemos las restricciones que tenéis en otros países. En teoría no debemos salir a la calle nada más que a hacer la compra, ir al banco o al médico y pare usted de contar. En la práctica, como no hay nadie que lo controle, como no te paran para pedirte un justificante o permiso especial, la gente trabaja desde casa, pero no hace caso al resto de recomendaciones. Llevo un mes largo con cara de gilipollas porque soy la única que estaba encerrada en casa a cal y canto en plan Bernarda Alba e hijas saliendo única y exclusivamente al supermercado mientras mis amistades y compis de trabajo han entrado y salido, han ido a correr, han ido a casas de amigos y parejas, han estado de mudanza, han ido a dejar a los niños en casa de los ex, se han ido de fin de semana romántico con él o la churri, han viajado a otros estados… Todo esto que en otros países os escandaliza, aquí es perfectamente legal.

Ayer era el día 56 de encierro para mí y, repito: cansada de ser la única gilipollas encerrada a cal y canto, a media tarde bajé a Central Park. Me pilla relativamente cerca, a tres paradas de metro de mi apartamento, así que puedo ir y volver andando sin problemas. No había ido antes porque entre semana me viene mal compaginarlo con mi horario de trabajo y los fines de semana llevaba varios diciendo que iba a ir, pero me podía más el miedo a las aglomeraciones. Como soy un poquito hipocondríaca (un “poquito” escribo y desde que empecé la cuarentena he tenido COVID-19 cinco veces y ébola otras tres) los domingos por la noche y los lunes por la mañana viendo fotos de gente sin mascarillas y no respetando la distancia mínima de seis pies (¿dos metros?) en instagram me daba la razón a mí misma.

En Central Park me entró un agobio tremendo viendo a tanto inconsciente suelto. Había gente corriendo, parejas paseando, grupos de adolescentes y “adolescentes de corazón” con sus mantitas y sus cestas de picnic, padres con niños, canguros con niños, gente sentada leyendo o tirada en la hierba tomando el sol, músicos callejeros… el 75% íbamos con mascarilla, el resto no. De respetar la distancia mínima ni hablemos. Me llamó mucho la atención que algunos padres fuesen con su mascarilla, pero los niños no; no sé si lo hacen a cosa hecha para exponerlos al virus e inmunizarlos a lo bestia, pero flipé porque, rizando el rizo, además del COVID-19 ahora hay niños con la enfermedad de Kawasaki y ayer íbamos ya por 103 casos. También vi a mucha gente de la tercera edad haciendo ejercicio  sin mascarilla – como si el COVID-19 y las muertes en residencias de ancianos no fuesen con ellos.

El lunes por la noche en la ciudad de Nueva York (es decir, Manhattan, Staten Island, Queens, Brooklyn y el Bronx) íbamos por 20,056 muertos. Pocos me parecen para el plan que llevamos entre gente pasándose por el forro su responsabilidad individual (que además de todos los de arriba también los hay que llevan la mascarilla mal puesta o le hacen agujeros para respirar mejor) y la policía y el ayuntamiento  pasándose por el forro su responsabilidad social. Desde el 17 de abril es obligatorio en todo el estado de Nueva York el uso de mascarillas, pañuelos, bufandas y cualquier otro tipo de cosa para cubrirte la boca cuando sales a la calle. Los dos primeros fines de semana la policía sí estuvo controlando el tema en parques y zonas donde se esperase más tráfico de gente. A los dos días salieron los grupos modeLnos de turno protestando porque la policía supuestamente paraba a más gente hispana o afroamericana que blanca. El ayuntamiento tuvo a agentes de policía repartiendo mascarillas en parques y zonas estratégicas durante una semana o diez días; pero como eso también ofende, ahora han contratado a 2,500 “embajadores” para que repartan mascarillas y mejoren las relaciones entre policía y comunidad. Ayuntamiento y policía tienen también las manos atadas en cuanto a servicios y fiestas religiosas se refiere. Tú no puedes despedirte de quien se te esté muriendo en el hospital ni enterrar a esa persona en condiciones, pero los judíos ultra ortodoxos pueden seguir celebrando funerales masivos en Brooklyn porque al alcalde le faltan huevos para exigirles que abandonen la costumbre mientras dure la cuarentena. Acabáramos.


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